Los sueños de los alquimistas siempre han regresado en momentos de crisis.😀
La analogía en el pensamiento de Felipe II
No tenemos datos suficientes todavía para explicarnos el sentido que Felipe II, -en su desmesurada desconfianza-, otorgaba a la Ciencia Transmutatoria y a los que la practicaban. Sin embargo, y a la vista de lo que en este escrito recogemos, nos atrevemos a sugerir que entendía de manera diferente la Alquimia y los alquimistas. Amante de las relaciones analógicas entre objetos y conceptos, hombre de una cultura excepcional, escribió al menos un libro (actualmente perdido) que nos enseñaba un poco de la manera de operar de su pensamiento.
Se interesaba, -y no casualmente-, por las artes hasta tal punto de que las practicaba intensamente: pintaba, interpretaba órgano, clave y vihuela, componía, diseñaba obras arquitectónicas. Su opúsculo, conocido por la mención de un lector contemporáneo, trataba de la relación entre el Mundo de Dios y el Mundo de los hombres.
La Alquimia, -pensamos-, debió de atraerle como ciencia analógica. Queremos recordar su desmedida afición a los cuadros del Bosco. Porque sabemos que el Bosco estaba iniciado en la Alquimia y que muchos de sus cuadros -y en especial el "Jardín de las Delicias"- son tratados de transmutación escritos con imágenes (2). Y sabemos también que una gran cantidad de escritos de Alquimia de la Biblioteca Real procede de las colecciones de Felipe II. Pero no creemos que le interesara operativamente, porque no consta que la practicara en algún momento. El Rey contrataba alquimistas y les exigía resultados. Aunque en ocasiones también aceptaba lecciones teóricas.
Otro aspecto poco conocido de Felipe II, dentro de esta concepción basada en relaciones analógicas de semejanza, es su relación con magos. También continuaba una tradición familiar; su propio padre los había protegido (tuvo por compañero asiduo a Enrique Cornelio Agrippa). Felipe inició contactos en su juventud con estos magos. Comenzaron, -que se sepa-, en Inglaterra donde conoció a John Dee y se hizo su carta astrológica (3).
Los alquimistas de Malinas
Por dos embajadores de Venecia se descubren las primeras, hasta ahora conocidas, experiencias de Alquimia auspiciadas por Felipe II. Tienen lugar en 1557 y 1559 (4).
Miguel Soriano cuenta que en Malinas (Flandes) un alquimista llamado Tiberio de Roca trabajó para el Rey, durante cierto tiempo. El confesor de Felipe II, encargado por éste para asistir a los trabajos, detuvo en cierto momento las investigaciones y despidió al alquimista. Sin embargo, en 1559, se encontró a otro iniciado que prosiguiera con la transmutación. Con una onza de pole de su invención y seis de mercurio hacía seis onzas de un tipo de "plata" que pasaba bien unas pruebas pero otras no. El embajador de Venecia informó a su República de que se estaba pagando al ejercito con esta plata y que luego se desistió por razones de economía internacional "Pero esta invención es muy grata al Rey y a Ruy-Gómez (Conde de Eboli)".
Es seguro que en "tiempos de estrechez" se siguió utilizando este mismo sistema, Marcantonio Da Mula, en su relación a Venecia de 1559 prosigue la descripción de los alquimistas de Malinas y explica que encuentra al operador, el alemán Pedro Stenberg, con el que mantiene una conversación. Al parecer, acababa de recibir del Rey dos mil ducados, mil doscientos para si y ochocientos para el secretario del Conde de Eboli, enviado y representate real.
Francisco Rodríguez Martín narra la historia de unos papeles que llegaron a su poder y que nos presentan a Felipe II relacionado con alquimistas en el año de 1567.
Pedro del Hoyo, secretario de Su majestad, tomó siguiendo instrucciones del Rey una casa en la que mando hacer unos hornos secretos. El 30 de enero de 1567, escribió a Felipe: "En mi aposento están ya hechos los horbnillos para auel ensayo, los cuales se han acabado esta noche (...) El que sabe el secreto habla y trata el negocio con gran demostración de estar enterado que es cierto; plega a Dios que sea así; que ya cerca de verlo. Hanse hecho todas las diligencias con tan buena industria y secreto que no se ha sospechado nada, que no ha sido poco" El Rey responde de su propia mano al margen que se ha "holgado dello", pues "vos lo teneis muy bien ordenado; así lo esté lo que a el que sabe el secreto toca"
Comienzan los ensayos y las primeras operaciones. En respuesta a un billete de 1 de febrero (como se puede ver la corrsepondencia era muy seguida) decía el Rey: "En verdad que aunque yo soy incrédulo destas cosas, que désta, no lo estoy tanto, aunque no es malo serlo, porque si no saliese, no se sintiera tanto; pero de lo que hasta agora se ha visto y a vos os parece, así de la obra como de las personas, no estoy tan incrñedulo como lo estuviera si esto no fuera así" (...) "Lo de ayer he hallado bueno y que se hecho obra:: dinero anda al cabo".
En el billete de 9 de febrero se declara que todo el asunto se refiere a Alquimia y que de producir oro era de lo que se trataba. Dice Pedro de Hoyo "los del secreto tienen por sin duda ser puro oro lo que se produjo de la materia que se mezcló, pero dizen que para volverlo a tonalidad perfecto (porque agora todo parece zain) es menester hazer hoy otras diligencias y volverlo al fuego" (...) "Lo que entretanto digo es que siempre me ha dado el ánimo, y agora haze lo mismo, que este negocio es, sin duda, cierto" (...) "Preguntaba yo anoche, a uno de los hermanos, si con buena diligencia se podrían hazer siete o ocho millonres en un año; respondiéndome muy en sana paz que y aun veinte" El Rey se empieza a mosquear, pero confía en Dios "aunqye yo, como he visto algo desto y no salir después en cantidad, todavía estoy sospechoso" (...) "que espero en Dios que será bueno, porque creo que conviene así a su servicio".
Sigue el proceso y siguen las dilaciones. En un billete un poco posterior y sin fecha, el secretario cuenta al Rey anécdotas de casos exitosos en otros lugares y ocasiones. Felipe II, que ya se sabe lo de la Alquimia contesta: "No hay que decir, sino esperar el suceso".
El 18 de febrero estaba casi terminada la operación. El Rey es informado. "Creo que se acabará dentro de tres días". Sin embargo, surgen nuevas dificultades. El 20 de febrero se sigue en el mismo punto: "El mal que ello tiene es de tres días más de dilación". Felipe II ya estaba desesperanzado: "Muy bien ha sido consentirles qe hagan lo que les pareciere, aunque a mi no me contentan estas mudanças; pero tanto más conviene no darles causa a que digan que no se acertó por no hazer lo que les pareció".
Los ocho billetes conservados no contienen la culminación de los experimentos. Pero, y a la luz de los detalles del proceso en los últimos días, parece que no salió lo que se esperaba