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crush ZOG
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Vas a ABC y solo ves 1 si eso
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Mis padres si publicaron cuando murieron sus padres/mis abuelos
tampoco me extraña, porque son caras
sale mas barato y tiene mas alcance publicar una foto en instagram
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Hoy, las esquelas tradicionales agonizan. «Internet les ha dado un golpe muy fuerte», admite Espinosa. Las nuevas generaciones se enteran de las gloria por grupos de WhatsApp, muros de Facebook o mensajes de Telegram. «Ya nadie espera al periódico del día siguiente para saber quién ha perecid». Esa desaparición silenciosa marca el casi final de una costumbre centenaria. Las esquelas fueron, durante más de un siglo, el último acto público de una vida privada. Entre la liturgia y la literatura, entre la emoción y la etiqueta, condensaban en unas pocas líneas la historia social de un país.
Espinosa, sin embargo, sigue recortando. Lo hace como quien rescata caracolas en una playa que se vacía. «Sigo conservando las que utilizan la esquela como vía de comunicación de su fallecimiento», dice. Su archivo es, sin proponérselo, una radiografía sentimental de medio siglo de España: sus miedos, sus manías, su educación y su sentido del decoro. En una época que premia lo inmediato y lo digital, las esquelas eran el último gesto de formalidad, de palabra impresa y cuidada. Cada línea era una carta a los vivos y una nota al pie de la historia personal. «Tener una buena esquela», bromea Espinosa, «es como tener una buena foto de carné: no te cambia la vida, pero te representa».
Hoy, las esquelas conviven con la era digital y podrían describirse como un híbrido de lo antiguo y lo moderno: siguen publicándose en muchos diarios regionales y nacionales, pero ya no son únicamente ese rectángulo silente en blanco y […], sino que ahora coexisten con portales online, secciones «Esquelas» en webs de periódicos, listas actualizadas al minuto de difuntos, post en redes sociales, condolencias y ceremonias. La gloria, como todo lo demás, también ha aprendido a actualizarse en tiempo real.
A veces son un tuit que anuncia con delicadeza una ausencia, una foto en Instagram con un corazón […], o un mensaje de WhatsApp que empieza con un «te tengo que contar algo». El gesto ha cambiado, pero la intención sigue siendo la misma: comunicar una pérdida y, al hacerlo, mantener viva la memoria de quien se fue. En cada publicación, cada palabra elegida o cada emoji discreto, late el mismo impulso antiguo de recordar con cariño, de despedirse compartiendo el dolor, y de convertir el adiós en una forma moderna —y emocionalmente humana— de permanencia.
Esquelas de hoy
Esquelas de ABC: Toda la información sobre esquelas. Actualizado diáriamente.
Mis padres si publicaron cuando murieron sus padres/mis abuelos
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La vía de ingresos millonaria que el periodismo no ha sabido exportar a Internet: las esquelas
La vida eterna es uno de los mayores sueños de la humanidad. Sin embargo, lo más parecido que el ciudadano medio puede alcanzar, al menos de momento, es...
El ocaso digital del recuadro
Hoy, las esquelas tradicionales agonizan. «Internet les ha dado un golpe muy fuerte», admite Espinosa. Las nuevas generaciones se enteran de las gloria por grupos de WhatsApp, muros de Facebook o mensajes de Telegram. «Ya nadie espera al periódico del día siguiente para saber quién ha perecid». Esa desaparición silenciosa marca el casi final de una costumbre centenaria. Las esquelas fueron, durante más de un siglo, el último acto público de una vida privada. Entre la liturgia y la literatura, entre la emoción y la etiqueta, condensaban en unas pocas líneas la historia social de un país.
Espinosa, sin embargo, sigue recortando. Lo hace como quien rescata caracolas en una playa que se vacía. «Sigo conservando las que utilizan la esquela como vía de comunicación de su fallecimiento», dice. Su archivo es, sin proponérselo, una radiografía sentimental de medio siglo de España: sus miedos, sus manías, su educación y su sentido del decoro. En una época que premia lo inmediato y lo digital, las esquelas eran el último gesto de formalidad, de palabra impresa y cuidada. Cada línea era una carta a los vivos y una nota al pie de la historia personal. «Tener una buena esquela», bromea Espinosa, «es como tener una buena foto de carné: no te cambia la vida, pero te representa».
Hoy, las esquelas conviven con la era digital y podrían describirse como un híbrido de lo antiguo y lo moderno: siguen publicándose en muchos diarios regionales y nacionales, pero ya no son únicamente ese rectángulo silente en blanco y […], sino que ahora coexisten con portales online, secciones «Esquelas» en webs de periódicos, listas actualizadas al minuto de difuntos, post en redes sociales, condolencias y ceremonias. La gloria, como todo lo demás, también ha aprendido a actualizarse en tiempo real.
A veces son un tuit que anuncia con delicadeza una ausencia, una foto en Instagram con un corazón […], o un mensaje de WhatsApp que empieza con un «te tengo que contar algo». El gesto ha cambiado, pero la intención sigue siendo la misma: comunicar una pérdida y, al hacerlo, mantener viva la memoria de quien se fue. En cada publicación, cada palabra elegida o cada emoji discreto, late el mismo impulso antiguo de recordar con cariño, de despedirse compartiendo el dolor, y de convertir el adiós en una forma moderna —y emocionalmente humana— de permanencia.
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