Asaltar Gibraltar: la última ocurrencia de la reivindicación territorial
Hay que coger una barca, plantar una bandera gigante y asunto resuelto: Gibraltar vuelve a ser español. La idea resurge con fuerza cada vez que la presión marroquí sobre Ceuta y Melilla escala, y el último episodio ha superado todas las cotas de fantasía: un ataque sorpresa por vía marítima desde Canarias mientras el enemigo se ríe de nosotros con su guerra híbrida.
El precedente real: una barca y una bandera gigante
Lo más lejos que ha llegado la reconquista en tiempos recientes fue la incursión de Ortega Smith en aguas del Peñón con una bandera gigante. Fue teatro, pero el teatro se quedó como techo. A partir de ahí, los planes alternativos van de ocupar Tetuán a revertir la independencia del Sáhara Español, pasando por no olvidar Cabo Juby, Tarfaya o Sidi Ifni. Ninguno hace la mínima concesión a la realidad diplomática: las potencias que entonces sonreían al franquismo hoy marcan la agenda.
La jerarquía territorial de un nacionalismo de salón
Hay quien ordena prioridades con lógica aplastante: Gibraltar está en la península, así que debería tener preferencia. Pero incluso entre los partidarios de la gesta, la convocatoria naufraga. El descrédito es tal que los propios entusiastas reconocen que el poder de convocatoria es nulo, y que estas reconquistas van como en el medievo: hay que estar a punto de morir para saltar del cazo.
Los referentes de ese espacio apuntan a movilizaciones callejeras reales de grupos de extrema derecha, pero la distancia entre el vídeo y el asalto a la Roca sigue siendo infinita. Puede que la próxima crisis en la frontera norteafricana vuelva a resucitar la idea. Puede también que se quede, otra vez, en un mensaje de 280 caracteres.