La vendedora del ático de Ayuso: Astrid Gil-Casares, ex de Rafael del Pino
El ático en cuestión vuelve a estar en el mercado. Se vende por 6,6 millones de euros, con cine privado incluido, en el barrio donde reside la presidenta madrileña. La Comunidad de Madrid lo compró hace meses, supuestamente como vivienda oficial, y ahora lo pone a la venta. La identidad de la vendedora, sin embargo, ha convertido una operación inmobiliaria en un símbolo del debate sobre las élites: Astrid Gil-Casares, ex esposa de Rafael del Pino, presidente y máximo accionista de Ferrovial.
Una compra opaca que vuelve al mercado
La operación original se cerró con una exigencia de confidencialidad total a la inmobiliaria intermediaria. Esa opacidad es lo que ha disparado las alarmas. En teoría, el inmueble iba a ser un salón institucional para reuniones de la Comunidad. En la práctica, es un ático de lujo con todas las comodidades, y la normativa, según las críticas, impide destinar un piso de esas características a uso oficial.
Ahora, sin previo aviso, se pone a la venta. El precio, 6,6 millones, no es un chollo. Y la pregunta que queda en el aire es por qué una administración necesita comprar primero y vender después un activo así, con el dinero público por medio.
¿Vivienda oficial o residencia particular?
Las explicaciones oficiales no acaban de encajar con los hechos. Mientras unos sostienen que el ático era un espacio de trabajo, otros apuntan a un detalle incómodo: en el mismo barrio y en la misma época, la pareja de la presidenta puso a la venta la vivienda en la que residían. Esa coincidencia alimenta las sospechas de que la compra tenía un destino más personal que institucional. Sobre todo porque Ayuso ya vivía en Madrid antes de llegar a la presidencia, lo que hace difícil justificar la necesidad de una residencia oficial.
La vendedora y el círculo del poder
Astrid Gil-Casares no es una desconocida. Su ex marido, Rafael del Pino, está al frente de Ferrovial, una de las grandes constructoras españolas. Que quien venda el ático a la Comunidad sea una figura tan cercana al poder económico no ha pasado desapercibido. La polémica deja de ser una anécdota inmobiliaria y se convierte en el reflejo de las conexiones entre élites políticas y empresariales, con el dinero de todos por medio.
El dato que descoloca, para cerrar: quienes han visto el vídeo del ático aseguran que «tampoco luce para tanto». Con 6,6 millones, uno esperaría, como mínimo, un espectáculo. Pero no. El lujo, como la transparencia, también tiene límites.