El Tribunal impone penas históricas por la trama de mascarillas, pero Aldama sale libre por colaborar y se abre la veda a más imputaciones.
La sentencia del caso mascarillas ha caído con dureza sobre los dos principales cabecillas de la trama que se lucró con la compra de material sanitario durante la pandemia. El exministro José Luis Ábalos ha sido condenado a 24 años de prisión por organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias. Su exasesor Koldo García se lleva 19 años. Pero la noticia que más ha sorprendido es la de Víctor de Aldama: el presunto conseguidor queda libre, condenado a 4 años pero con la ejecución suspendida gracias a su colaboración con la justicia.
Un castigo ejemplar o un primer paso
Las condenas son las más altas registradas en España por corrupción en la compra de material sanitario. La Fiscalía había solicitado penas aún mayores, pero el tribunal ha considerado probado que la trama operó como una organización criminal dentro de las estructuras del Ministerio de Transportes. La sentencia detalla cómo se amañaron contratos de mascarillas por valor de millones, con sobreprecios y comisiones que engrosaron cuentas en paraísos fiscales. La duda que recorre los análisis es si estas penas llegarán a cumplirse efectivamente: el precedente de Bárcenas, condenado a 33 años y que solo cumplió 8, alimenta el escepticismo.
Aldama, la llave que abre la caja de Pandora
La suspensión de la pena de Aldama no es una concesión menor. El tribunal ha valorado su colaboración para destapar ramificaciones que alcanzan a personas aún no imputadas: el nombre de «Julito» —identificado como Julio Martínez, testaferro de la etapa de Zapatero—, el de «Leire» y el de una «fontanera» aparecen una y otra vez en las conversaciones. La trama de hidrocarburos, que podría ser incluso más lucrativa que la de las mascarillas, está en el punto de mira. «Aldama sale bastante impune de este, pero el gordo es el de los hidrocarburos», resumen fuentes próximas al caso. El mensaje es claro: quien canta, sale; quien calla, se pudre.
El factor político: indultos y supervivencia
La sentencia llega en un momento delicado para el Gobierno de Pedro Sánchez. La mayoría parlamentaria depende de 61 diputados (los «61») que podrían verse salpicados si la investigación avanza. El fantasma del indulto sobrevuela: «Sánchez hará lo imposible por indultar a Ábalos para que no cante, pero perdería el apoyo de los alubios», advierten analistas. La opción de que Sánchez huyera del país ha sido mencionada más como broma que como previsión seria, pero revela el clima de desconfianza.
La anécdota que retrata la decadencia
No todo han sido condenas. Durante el juicio trascendió una historia que ha corrido como la pólvora: según un testigo, Ábalos fue encontrado en un hotel de Perú, desnudo y atado a la cama, porque no había pagado a una trabajadora sexual. «Es surrealista», declaró el exsocio peruano. La anécdota, verosímil o no, ha servido para ilustrar el nivel de impunidad que algunos atribuyen a la clase política, que mientras imponía mascarillas obligatorias hasta en la playa se daba a la buena vida en paraísos tropicales.
La sentencia no cierra el caso: lo abre. Queda por ver si las piezas menores cantarán o si el poder político logrará contener el tsunami. De momento, Aldama disfruta de su libertad condicionada; Ábalos y Koldo se enfrentan a años de cárcel —aunque la experiencia dice que la realidad penitenciaria suele ser más benévola que el papel—. La pelota está en el tejado del Supremo, del Constitucional y, sobre todo, de la voluntad de quienes tienen algo que contar.