Consumo en caída libre: tiendas vacías y nostalgia de los 70
Un testigo presencia una macrotienda de electrónica a las seis de la tarde: cinco clientes y una cajera. El ambiente, según su relato, es «madmaxista». La anécdota no es aislada: otros comercios de la zona –incluyendo la cadena Miró– presentan la misma desolación. ¿Es el síntoma de un desplome del consumo interior o simplemente una mala hora para hacer la compra?
Quienes llevan años observando el pulso del consumo sostienen que la caída no es coyuntural: hablan de varios trimestres con niveles anémicos. La explicación no estaría en el ahorro, sino en la dificultad real para adquirir bienes que antes se despachaban sin problema. El recuerdo de finales de los 70 –pan con aceite y azúcar– emerge como advertencia de lo que podría repetirse.
Pero no todo es apocalíptico. Hay quien señala que una tienda de electrónica vacía un miércoles a las seis es normal. Y que los fines de semana, a las ocho, los mismos locales están abarrotados. La tecnología, además, se ha abaratado hasta el punto de que una tele de plasma ya no es símbolo de riqueza, sino de pobreza, según algunos análisis. El debate, en todo caso, divide entre quienes ven un crash inminente y quienes creen que es el mismo ruido de siempre.
Con el consumo interior en niveles discutibles, el patrón que apunta a una fractura generacional –los que conocieron la escasez vs. los que no– añade un factor de tensión social que pocos se atreven a cuantificar. ¿Estamos ante el fin de la fiesta del consumo o solo ante un bache que el mercado corregirá solo?
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