La CNMV es un chiringuito más del Estado para dar carnaza a los remeros y que crean que alguien los protege. Si de verdad quisieran proteger al inversor, los juzgados estarían hasta arriba de casos de bancos y asesores financieros vendiendo productos tóxicos a abuelos. Pero eso no da titulares ni sirve para la foto.
Cava, Iturralde y demás fauna son solo el síntoma. El problema es la legión de Charos que buscan la pastilla mágica para hacerse ricos sin mover un dedo. Ven un gráfico con velas, escuchan 'to the moon' y se hipotecan. Luego, cuando la realidad les da una leche, van llorando a mamá Estado.
Bitcoin es, efectivamente, pura especulación. No tiene cashflows, no tiene balance, su valor es el que el último simple esté dispuesto a pagar. Pero eso no es nuevo; es el mercado desde los tulipanes. La diferencia ahora es que cualquier mindundi con un móvil puede soltar predicciones a diestro y siniestro y hay millones de oídos ansiosos por escucharlas.
El descargo de responsabilidad es el paraguas de papel de estos youtubers. Les cubre de la lluvia fina, pero no del aguacero si algún pez rellenito decide hacerles un escarmiento. Pero no lo harán. Es más rentable perseguir a cuatro aficionados que enfrentarse a los grandes fondos que mueven el mercado con información privilegiada de verdad.
Mi opinión es la de siempre: el que a estas alturas sigue a un gurú de internet para invertir sus ahorros, es que no los merece. La última interpretación, el sesgo final y el dedo en el botón de compra siempre es tuyo. Y si la defecas, la culpa es solo tuya. Aprende, asume las pérdidas y deja de buscar padres en la pantalla.