El arte de no morirse del todo en la comunidad online
La escena se repite cada cierto tiempo en los rincones más veteranos de internet. Un usuario desaparece sin previo aviso, el grupo lo da por perdido, y de repente, un hilo con título grandilocuente rompe la rutina: «No estoy muerto, no deberíais haberme enterrado». El mensaje va acompañado de amenazas cómicas —«DE UNO EN UNO, TODOS VAIS A PAGAR»— y de una declaración de intenciones: emular el mítico retorno de Qualicion, otro miembro que hace una década marcó un antes y un después con un vídeo ahora legendario.
El que vuelve no se anduvo con sutilezas. Propuso quedadas en El Perellonet para dirimir diferencias a tortas, y las respuestas oscilaron entre el cachondeo —«volverás en forma de chapa»— y el recuerdo de que ya estábamos al loro de su ausencia. Hay quien le preguntó si había estado ingresado; él respondió que solo descansaba, pero con la obsesión de hacer un retorno épico.
Lo curioso del asunto es que, más allá del ruido, estos retornos dicen algo de la vida social en los foros de larga duración. La identidad digital, por más que se niegue, se echa de menos. Y cuando alguien vuelve, la comunidad activa sus rituales: la ironía para quitar hierro, el recuerdo de viejas glorias y la complicidad de los que todavía están. Al final, nadie se ha muerto de verdad, pero el drama bien merece un hilo.