San Francisco: el fentanilo convierte a miles en 'zombies' callejeros
Un vídeo que circula por redes muestra decenas de personas en actitud catatónica, dobladas sobre sí mismas, inmóviles en plena calle. No es una performance artística ni un montaje: es la estampa diaria de las zonas más castigadas por la crisis del fentanilo en San Francisco. Los cuerpos, en posiciones imposibles, recuerdan a los muertos vivientes de las películas, pero aquí no hay efectos especiales. La pregunta que flota en el aire es cómo se ha llegado a este punto.
El teatro del fentanilo: de la epidemia a la agonía
El debate coincide en que el fentanilo es el principal responsable de esta transformación. Un opioide sintético hasta 50 veces más potente que la heroína, capaz de sumir a quien lo consume en un estado de trance profundo. Los testimonios de quienes conocen la sustancia desde dentro son escalofriantes: describen una experiencia placentera extrema, tan adictiva que incluso anestesistas caen en sus garras. Pero el precio es la anulación total de la voluntad y la consciencia. El vídeo viral no es un caso aislado: en Vancouver se habla de una avenida de kilómetros de 'zombies', y en Hollywood el paseo de las estrellas también se ha llenado de perfiles similares. La crisis se ha intensificado en los últimos tres años.
La farmacia de la FDA: ¿quién creó el monstruo?
Las posturas se dividen entre quienes señalan a las políticas de la FDA y la industria farmacéutica como origen del problema. La facilidad con la que se recetaban opioides para dolores menores creó una generación de adictos que, al quedarse sin suministro legal, buscaron alternativas más baratas y potentes en el mercado ilegal. Otros apuntan a la descomposición social y la falta de atención sanitaria mental. Pero hay consenso en que la crisis no es solo un problema de 'yonquis' voluntarios: muchas de esas personas llevaban una vida normal antes de caer en el pozo del fentanilo.
¿Un problema solo americano?
Aunque el foco está en EE.UU., varios análisis recuerdan que el fenómeno no es exclusivo. En Europa, los ansiolíticos y antidepresivos generan su propio ejército de zombis silenciosos: personas con la mirada perdida que vagan sin rumbo, bajo los efectos de drogas legales. La diferencia es que el fentanilo provoca un estado más extremo y visible. Mientras tanto, el debate en España sobre 'cuándo llegará aquí' se entremezcla con la certeza de que el sistema sanitario ya financia parches de fentanilo para el dolor crónico, en un contexto de supervisión médica que rara vez deriva en adicción.
Mientras el debate público se centra en la inmigración y la seguridad, los cuerpos doblados en las aceras de San Francisco (y Vancouver) son el síntoma más visible de una crisis silenciosa que crece sin que nadie parezca dispuesto a ponerle freno. La pregunta que queda en el aire: ¿qué se necesita para que una sociedad reaccione antes de que sea demasiado tarde?
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