PrimusHispaniae
Madmaxista
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China desbanca, de facto, a Estados Unidos como primera potencia mundial
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Según cuenta en sus memorias Henry Paulson, el antiguo Secretario del Tesoro de Estados Unidos y ex-presidente ejecutivo de Goldman Sachs, durante la celebración de los Juegos Olímpicos de Pekín en 2008, fue invitado a una cena a la que asistieron diferentes personalidades del Gobierno y de las finanzas chinas. Durante el ágape, uno de los asistentes criticó abiertamente a Paulson la pasividad de la administración Bush Jr. respecto a la crisis de las ‘subprime’ que comenzaba a aflorar con toda su intensidad. Muy inquieto por la situación concreta de Fannie Mae y Freddie Mac, empresas semi-públicas patrocinadas por Washington y en las que los fondos soberanos chinos habían invertido cientos de millones de dólares, el comensal espetó a Paulson que Rusia les había sugerido vender de golpe gran parte de sus participaciones en las citadas compañías con el objetivo de provocar el desplome de los bonos ligados a las hipotecas ‘cochambre’ y provocar el caos en la economía global y, particularmente, en la estadounidense. Sin embargo y para tranquilidad del entonces Secretario del Tesoro, los chinos se habían negado a adoptar tal medida aunque la amenaza velada ya estaba hecha. De ser ciertas las revelaciones del antiguo presidente de Goldman Sachs, Rusia quería desatar una guerra que, a diferencia de aquellas en las que se usan armas y ejércitos, no produce perecid ni heridos pero sí puede hundir económicamente a un país.
Líder mundial en la mayoría de actividades económicas
Con la llegada del nuevo milenio, el poderío industrial, económico y político del que Estados Unidos ha disfrutado durante la segunda mitad del siglo XX se ha resquebrajado ante la aparición de nuevas potencias, especialmente China. Aunque la mayoría de los analistas siguen afirmando que Estados Unidos es la primera economía mundial, existen datos que permiten discutir esta aseveración. China es ya el mayor exportador mundial y el segundo importador más grande de bienes, además de líder global en valor bruto de producción industrial, minería, maquinaria, armamento, textil, productos químicos, fertilizantes y cementos, bienes de consumo, equipamiento de comunicaciones y telecomunicaciones e, incluso, en un campo tan especializado como la construcción de satélites. En la práctica, la hegemonía estadounidense se reduce tan sólo al sector bancario, es decir, en la economía no productiva y en la capacidad militar de su ejército.
¿Por qué China no parece ser la primera potencia mundial?
La respuesta a esta cuestión quizás se encuentre en que el país asiático no es un actor especialmente activo en la política internacional. Si bien es uno de los mayores tenedores de deudas públicas, los sucesivos gobiernos de Pekín no se han caracterizado por su injerencia en los asuntos de terceros países. Esta característica, consecuencia del pensamiento nacionalista del padre de la China comunista, Mao Zedong, sigue estando presente, en mayor o menor medida, en la impronta ideológica de los líderes chinos. Por esta razón y a pesar del descomunal empuje de su economía, China transmite la sensación de ser un país ajeno a muchos de los conflictos políticos existentes a lo largo y ancho del planeta. A diferencia del modelo hegemónico de Estados Unidos, basado en su potencia financiera, fuerza militar y presión política, China ha optado por la compra de las deudas públicas y una subterránea guerra económica como formas de ejercer su primacía global. Dicho en otras palabras, el gobierno de Pekín prefiere la discrección como demostró con la anécdota revelada por Henry Paulson.
Aún queda mucho por hacer
Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. China tiene aún que hacer frente a numerosos retos internos, como es atender al creciente consumo interno, reorganizar su demografía, solucionar los graves problemas medioambientales que sufre y mejorar sus cifras en términos microeconómicos, elevando especialmente su renta en términos familiares disponibles per cápita que, a pesar de los impresionantes números ‘macro’ que cosecha, sigue oscilando en niveles medios-bajos.
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