Pharmamar: el tirillo de los 60 euros que se fue a los 40
Los resultados no eran catastróficos. El castigo, sí.
Pharmamar arranca este seguimiento con un desplome que deja la pregunta en el aire: ¿está la acción para meterle un tirillo o para cerrar la puerta y no volver? Lo primero que aparece es la referencia técnica, esa zona de los
50 euros que se repite como imán a la baja, y el aviso de que la compañía cotiza por encima de lo que dicen sus cuentas.
Hay quien apunta que los tirillos de buena mañana nunca salen bien. El diagnóstico más repetido es que al valor le queda recorrido a la baja y que el mercado tiene margen para ponerlo más barato.
De los 60 a los 40 euros: el tirillo que salió mal
El primer tramo se mueve entre el 60 y el 63. Un cierre en
casi 63 euros anima a plantear una entrada corta si al día siguiente sube. En paralelo se dibujan dos escenarios opuestos: una corriente ve potencial en torno a los
80 euros sin especular y hasta los 100 en cuanto llegue el dinero caliente; otra sostiene que la quieren poner baratita y que la caída no ha terminado.
Los hechos dieron la razón a los segundos. La acción se fue a
los 40 euros y completó la salida del
IBEX 35, un movimiento que se había anticipado con meses de antelación. La pérdida desde máximos que se llega a citar ronda los
90 euros por título. Quien entró arriba y aguantó la travesía lo resume sin adornos:
«He bajado la media de 52 a 42, algo bueno me he llevao».
La lectura dominante no es de oportunidad, es de trampa. Quien defendía que estaba para meterle un tirito a 66 euros, tras una subida diaria del
30% y del 100% en un año, descubre que el rebote también fue pasto de la volatilidad.
¿Por qué se habla de trilerismo en Pharmamar?
Porque la empresa se llama Pharmamar, pero su historia reciente carga con el lastre de
Zeltia. Ese es el eje del recelo: la antigua matriz, sus gestores y una sucesión de anuncios que se deshincharon. El episodio del Aplidín contra la covid funciona como ejemplo recurrente, con una particularidad incómoda: aquí el aval no era publicidad corporativa, sino un estudio firmado por virólogos de primer nivel.
El otro frente son las cuentas. En 2021 la compañía ganó
100 millones de euros, un dato que se lanza como prueba de que el castigo es desmedido. La contraoferta llega con los resultados del primer trimestre, calificados sin matices de desastrosos, y con la sospecha de que la compañía se ha venido arriba en gastos. El cálculo propio más citado apunta a un beneficio de
83 millones frente a los 55 que estiman los analistas.
Qué cambia el ensayo Imforte y la lurbinectedina
Aquí está el giro de guion de todo el seguimiento. La noticia no es un comunicado de expectativas: es el ensayo
Imforte, presentado como el más importante de la historia de la compañía, en
cáncer de pulmón microcítico. Sacó sus objetivos primarios con datos de supervivencia global y de supervivencia libre de progresión estadísticamente significativos.
Traducido: se espera la aprobación del combo de
lurbinectedina, de Pharmamar, junto a
atezolizumab, de Roche, como tratamiento de mantenimiento en primera línea. Con eso en la mano se proyectan ventas en todo el planeta y se añade otro frente, el leiomiosarcoma, empezando a comercializarse. La acción responde con un salto hasta los
66 euros y un volumen que, se insiste, no se parece al de rebotes anteriores. El acuerdo para comercializar Zepzelca en Turquía, con un 4% de subida que luego se desinfló, completa el mapa comercial.
Las proyecciones que se manejan en ese momento son de
90 a 100 euros antes de final de año y de un cambio de fundamentales en dos o tres años, cuando la lurbinectedina esté en primera y segunda línea. La respuesta escéptica cabe en cuatro palabras: ya lo oímos antes.
¿Cuánto vale Pharmamar si la caja son 250 millones?
Es el argumento más incómodo para la tesis bajista. Si la acción bajara hasta los
12 euros, la compañía entera valdría menos de los
250 millones que tiene disponibles en caja, algo que roza el absurdo contable. Queda flotando si el mercado descuenta un fracaso clínico o si simplemente castiga años de comunicación exagerada.
El análisis se parte en dos. Para unos, la caja marca el suelo y todo lo que esté por debajo es una oportunidad regalada. Para otros, la caja se quema: la compañía gasta más de lo que ingresa mientras persigue aprobaciones que llegan tarde.
El IBEX 35 y los plazos que no se cumplen
La salida del selectivo se anticipó y se cumplió, y con ella el precio de los 40 euros. Lo que no se cumplen son los calendarios. El propio presidente de la compañía salió a poner fechas: el reclutamiento de la fase III del Aplidín, tres meses. La respuesta es una mezcla de sorna y memoria: en el mejor de los casos, ese fármaco no llegaría hasta finales de 2022.
Ese desfase entre anuncio y realidad recorre todo el seguimiento.
Siempre han subido antes de resultados, y después para abajo, se resume al final, con la sensación de que el valor está atrapado entre un relato que promete y una cotización que desmiente.
Con las cifras sobre la mesa, el mismo activo sostiene dos relatos incompatibles: los 40 euros del que mira las cuentas y los 100 del que mira el pipeline. Los dos caben en el mismo gráfico, y ninguno se ha cerrado todavía.