Smiling Jack
Madmaxista
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Yo hambre como tal he pasado una vez en la vida que estuve de hippie en Formentera sin un duro comiendo de la caridad y patatas con mayonesa. Una mañana de resaca, sin haber probado bocado en las ultimas 24 horas recuerdo que me desperté hecho pole y eso era comer o comer. Cogí la bici como pude, me fui al super más cercano e hice un robo famélico de helados a punto del desmayo.
Igual 24 horas sin comer uno puede estar, 36 horas para mi sería difícil. No me veo.
Yo creo que no lo hemos olvidado y de hecho el comer de más está asociado a la ansiedad por algo, quizá nuestro cuerpo cuando se siente estresado come para reservar.
Con las tentaciones yo tengo suerte porque las peores son de dulces y de esas no tengo salvo alguna vez en verano, tentación a los hidratos mucha. Y es por el abandono del pan. Haced la prueba, dejad de comprar pan tres meses. Nada de nada.
Hoy he comprado pan sin gluten, carísimo, me he hecho unas hamburguesas, me he bebido una coca-cola y he comprado patatas de paquete. Esa ha sido mi cena. Me he pegado un pequeño festín supercalórico. Y qué rico el pan de la marca Schar dios mio. Vale cada céntimo.
Por lo que cuenta, me queda claro que no ha llegado usted nunca a estar cetoadaptado.
Y en efecto, en esas circunstancias pasar de las 24 horas sin comer es complicado, y el hambre está siempre a la vuelta de la esquina.
Pero no deja de ser un hambre "de pega", que nada tiene que ver con el hambre (por ejemplo) que relataban los sujetos del Experimento de Minnesota, o la que tan floridamente describe el Lazarillo de Tormes.
Sobre el tiempo que se puede estar sin comer, se sorprendería usted gratamente. Una de las cosas que más ha revolucionado mi manera de pensar sobre la comida es descubrir que, de hecho, pasarse DÍAS sin comer no sólo no es un tormento: es bastante fácil, siempre y cuando hayamos recuperado nuestra FLEXIBILIDAD METABÓLICA.
Si lo piensa, no puede ser de otro modo: durante cientos de miles de años, el hombre cazador-recolector pasaba MESES en los que la comida no era ni mucho menos un evento diario (no le digo nada de comer varias veces al día). En invierno, cuando no había qué recolectar, se comía cuando había caza, y cuando no, pues no.
Aún diría más: el resultado NORMAL de no comer NO PUDO HABER SIDO la debilidad que usted describe, porque entonces nos habríamos extinguido. Si el resultado de no encontrar caza un día hubiera sido no tener fuerzas para buscar al día siguiente, la humanidad no habría pasado del primer invierno.
¿Y entonces qué pasa? Pues que en nuestro entorno de abundancia y dieta centrada en los carbohidratos HEMOS PERDIDO BUENA PARTE DE NUESTRA FLEXIBILIDAD METABÓLICA. Nuestro cuerpo NO SABE (apenas) tirar de las reservas de grasa, así que cuando ve que la glucosa en sangre baja, reacciona disparando el mecanismo del hambre.
Sin embargo, tras recuperar la flexibilidad (o lo que también se llama "estar cetoadaptado") el cuento cambia por completo. Ahora el cuerpo ha recuperado la capacidad de sustituír la glucosa por ácidos grasos y cuerpos cetónicos en hasta un 80%, y el 20% que no es sustituíble (porque ciertos tejidos y células sólo pueden funcionar con glucosa) es suplido por la glucosa generada en la beta-oxidación de las grasas, y si se tercia por la gluconeogénesis a partir de proteínas.
Es más, un nivel elevado de cuerpos cetónicos en sangre SUPRIME CASI POR COMPLETO el reflejo del hambre: no hay prisa por comer, el sistema es estable y hay reservas para semanas, meses y en un célebre caso documentado, más de un año.
Usted continúa siendo acechado por las tentaciones de consumir carbohidratos porque su cuerpo aún no ha llegado al punto en el que no los necesita. Pero si persiste (lo normal son de 4 a 6 semanas), llegará un punto en el que le apetecerán si los ve, claro, pero si no, ni los echará de menos.