Un problema que deberá superar el Hispanismo es el nacionalismo porque es desde la óptica nacionalista que se piensa en la Hispanidad principalmente en las repúblicas hispanoamericanas. Desde esa óptica es imposible dar crédito a un movimiento que trata de un reencuentro a partir de los hechos y características comunes porque mueven a desconfianza. El nacionalismo en cualquiera de sus formas está fundado en las diferencias elevadas a categoría suprema y por tanto todo lo que hable de parecidos, similitudes, orígenes compartidos etc.. el nacionalista lo ve como un disparo directo a la línea de flotación de su identidad nacional.
Por el lado contrario al reencuentro están los movimientos indigenistas que son como un nacionalismo más puro en el sentido de asociar nación con étnia primigenia y por tanto legítima. Tenemos entonces un movimiento hipernacionalista en pogre trayectoria de colisión contra el nacionalismo resultante de la emancipación de los virreinatos hispanos.
Son dos movimientos en sentido opuesto, el hispanismo y el indigenismo, que van a hacer daño al nacionalismo impuesto como unidad nacional de cada una de las repúblicas. Si ha tenido y sigue teniendo recorrido el nacionalismo mejicano, por ejemplo, sobre el hecho fundacional de su separación de España, y para ello se van buscando todos los elementos míticos de su identidad precolombina, lo lógico es pensar que se puso en marcha un movimiento que habrá de controlarse como si fuera una quinta columna disgregadora que por otra parte es la evolución indeseada pero natural de su propia idea de nación.
Se podría hablar de dos modos de nacionalismo: el que suma identidades particulares ofreciendo una síntesis que no se puede encontrar en pureza en ninguna de sus partes, y el que busca su identidad en todo aquello que es contrario a la realidad imperial de la que se han emancipado. Uno es el resultado de la integración y el otro lo es de la desintegración.
Hablando en propiedad, me doy cuenta de que un movimiento que busca la integración de realidades distintas no puede ser definido como nacionalismo porque el nacionalismo se basa en destacar la diferencia como seña de identidad. En este sentido no puede hablarse de un nacionalismo español porque es un sinsentido. Tendría sentido hablar de un nacionalismo castellano pero los hechos son tozudos salvo para los que siguen escocidos porque sea el castellano la lengua que ahora conocemos como español.
Deseo para Méjico, como para el resto de las repúblicas hispanas, el mejor de los futuros, pero difícil lo van a tener si no recuperan el espíritu integrador que hace grandes a las naciones que no se ponen techos identitarios y en ese espíritu integrador sean capaces de reencontrarse con su verdadera identidad que no puede ser el descarte por un orgullo mal entendido. Luchar contra su verdadera identidad, originalmente integradora, solo servirá para destruir una nación con tan grandes potencialidades. El reencuentro con la significación profunda de "progenitora patria" es y debe ser el punto de partida de su proyección hacia el futuro.