En cuanto al desconocido culto al Líder
El Líder simboliza la unión del pueblo y la unidad de acción. Existe una relación de amor entre el pueblo y el Líder, y viceversa. Esto convierte a la sociedad en un ente que puede marchar al unísono y que es indestructible. El respeto, la disciplina, el honor, el orden, la lealtad, la honestidad, la humildad están representadas por el Líder, como un espejo donde se mira el pueblo. A la vez el Líder está siempre rodeado de sus familiares (los ciudadanos), aprende de ellos y se preocupa de sus necesidades como un padre.
Religiones como el confucionismo, el budismo o el chendoísmo son indispensables para entender no sólo Corea, sino Asia.
Os pongo un ejemplo. En Japón los trabajadores japoneses lloran cuando su jefe se pone enfermo, en España ese día habría fiesta en la empresa. O en Corea del Sur cuando un grupo de amigos sale de fiesta el más mayor del grupo suele correr con los gastos. Y hasta está considerado de mala educación fumar delante de alguien que tiene más edad que tú.
Como véis son costumbres muy arraigadas en esas sociedades que nosotros no compartimos e incluso nos cuesta comprender. Es otra cultura, otra forma de entender la vida en sociedad.
Es falso eso de que el Líder está por encima de todo y de todos. Y que decir ya eso de que ostenta todo el poder.
La realidad es que el Líder es un servidor del pueblo y está obligado a dar ejemplo. Jamás podría abusar de su posición para conseguir privilegios.
Cuanto mayor es la responsabilidad de un funcionario, mayor debe ser su humildad y su trabajo. Esto en Corea tiene un nombre: el espíritu Chongsanri.
El culto a la personalidad en Corea del Norte
El culto a la personalidad en Corea del Norte es uno de los aspectos en los cuales los medios más han concentrado sus críticas (mediante la ridiculización y la trivialización), como si ésta fuera la prueba irrefutable del carácter demoníaco del régimen. Es interesante que los mismos medios que critican el culto a la personalidad en Corea del Norte lo practican a diario fomentando toda una farándula de celebridades vanas o convirtiendo a Steve Jobs, el multimillonario fundador de Apple, en la encarnación de la bondad (cuando fue sencillamente un empresario motivado por el lucro personal), generando un luto internacional de los medios, precisamente porque él representaba los valores de la sociedad capitalista e individualista en la cual vivimos. Estos mismos medios idiotizan a las masas con ridículas y costosas bodas reales en Inglaterra, o España, con figuras de la realeza que ni siquiera cumplen un rol administrativo en el Estado.
El culto a la personalidad en Corea del Norte es, empero, tratado de manera extraordinariamente superficial en los medios, ocultando así los elementos que permitirían un análisis crítico y una comprensión de la naturaleza real del sistema. Un ejemplo de la manera inadecuada en que se entiende esta política en los medios, es la forma en la que se mencionan todos los supuestos fenómenos naturales ocurridos con la gloria de un Kim (según un comunicado oficial “
hasta las montañas, los ríos, las plantas y los árboles parecían tristes”[21]), sin entender que se trata de un lenguaje hiperbólico y figurativo, que ningún norcoreano entendería de manera literal.
Este lenguaje, como el “Mandato del Cielo” de los Kim, tiene más relación con el lenguaje tradicional de la cultura confucianista coreana que con el de los regímenes marxistas leninistas del siglo XX. Un diplomático soviético una vez dijo que Kim Il Sung tenía bastantes conocimientos de Confucio, y algunas nociones de Marx y Lenin –una anécdota bastante reveladora[22]. Un análisis serio de discurso y del culto a Kim permitiría comprender mejor la compleja formación ideológica y social del Estado norcoreano.
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En realidad,
el culto a la personalidad, como fenómeno político, debe ser analizado comprendiendo las fuerzas sociales que lo alimentan –en el caso coreano no puede entenderse si se ignora la historia de resistencia anti-colonial a los japoneses de la cual emana originalmente la reverencia por Kim Il Sung, debido a su participación destacada en las unidades guerrilleras que en Manchuria enfrentaron duramente al Imperio Japonés, con enormes dosis de heroísmo. Tampoco éste puede comprenderse sin considerar las múltiples influencias ideológicas del régimen, el cual no es un mero régimen marxista leninista, como lo pretenden ciertos críticos: el propio Kim Jong Il afirmó que tanto la idea de
Juche así como la ideología de Kim Il Sung (el kimilsungismo), que están en la base misma del sistema coreano, no pueden ser “
explicados según el marco del marxismo-leninismo” pese a derivarse en parte de ella. Ni tampoco puede explicarse “
la idea de Juche según el marco de la dialéctica materialista”[24] –de hecho,
el kimilsungismo y la idea Juche se basan en un humanismo antropocéntrico y un voluntarismo extremos. El régimen incorporó de manera incluyente y eficaz (desde el punto de vista de su estabilidad), el legado teológico de movimientos como el chendoísmo, el confucianismo y el cristianismo (Kim Il Sung mismo era de familia cristiana), el nacionalismo (propio de la resistencia anti-colonial, de la guerra contra el imperialismo y de la post-guerra marcada por la división de la península), así como elementos socialistas, principalmente en su variante estalinista, pero también se encuentran influencias incluso de pensadores como el anarquista Shin Chae Ho (fundamentalmente en su concepción histórica y nacional[25]) y la influencia práctica de un colectivismo indígena de carácter pragmático que se inició con ocupaciones de tierra y fábricas durante la caída del Imperio Japonés en 1945[26]. En realidad,
la RPDC fue el régimen que llevó la premisa del “socialismo con características nacionales” más lejos que ningún otro, lo cual se reforzó cuando en los ‘60 se establece la ideología
Juche la cual, como hemos visto, marca un pogre abandono del marxismo leninismo como ideología para justificar el ejercicio del poder.
La resonancia de elementos de la cultura tradicional coreana, fuertemente confucianista, con un marcado énfasis por la autoridad y la familia, explican en gran medida el carácter familiar asumido por el Estado (no solamente por el liderazgo de los Kim, sino en el discurso que caracteriza la relación Estado-sociedad civil), así como el peso que se da al “líder” en la dirección del conjunto de la sociedad. Hay quienes incluso que argumentan que la importancia de la relación progenitora-descendiente en la cultura tradicional coreana se expresa en que, aunque el líder tiende a ser referido en términos masculinos, el Estado y el Partido tienden a ser referidos con metáforas femeninas. Incluso el fundador de la RPDC, Kim Il Sung, era ocasionalmente llamado
ŏbŏi, término que se refiere indistintamente a progenitora y padre. La influencia de la cultura tradicional en la estructura política del Estado también se refleja en el título con el que se denominó a Kim Il Sung por más de dos décadas,
suryŏng (traducido frecuentemente como “Supremo Líder”), un término de profundas raíces en la historia coreana cuyos orígenes se encuentran en el reino de Koguryŏ desde antes de nuestra era.
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La transmisión del mando de padre a descendiente, coherente con este Estado fundado en una visión familiar (literal y simbólicamente), se justifica en el caso de la RPDC no en un derecho adquirido por sangre, como en las monarquías tradicionales sino que en dar continuidad al trabajo del líder. Dada la importancia del “líder” en la ideología norcoreana, centro gravitante de la actividad revolucionaria del Partido y del Estado, el tema de la sucesión es de suma importancia:
Kim Jong Il se convirtió en el líder porque “estuvo junto al líder desde la infancia y adquirió así su método de liderazgo”[27]. De ahí que el término “dinastía” sea un tanto inexacto, aunque evidentemente el sistema de transmisión de mando en la familia asuma ese carácter, porque no basta con “ser descendiente de”, sino que se debe demostrar con méritos y aportes propios que se ha adquirido la estirpe del líder. En palabras del profesor coreano-estadounidense Han S. Park: “
Cuando Kim Il Sung murió, el liderazgo de Kim Jong Il recibió un importante grado de legitimidad al presentarlo como alguien que desarrollaría la ideología de Juche. De hecho, él hizo una contribución, con el componente de la política de supremacía de lo militar. Yo esperaría que la dirigencia de y en torno a Kim Jong Un necesite alguna base de orden ideológico para justificar su liderazgo”[28].
La historia de las “democracias populares” de la Europa del Este demuestran que el culto a la personalidad no puede ser sencillamente impuesto, y que no ocurren en cualquier momento de manera aleatoria. Al respecto, Charles K. Armstrong complejiza comparando diversos regímenes y experiencias de culto a la personalidad con el caso norcoreano:
El culto a la personalidad entonces no aparece como un dato curioso de un país anómalo y difícil de entender, sino como un rasgo compartido con otros países asiáticos, con profundas raíces en la cultura coreana y que se refuerza mediante la existencia de una situación de amenaza y tensión constante muy real, no basada en una paranoia, sino en la presencia de miles de tropas surcoreanas y norteamericanas apostadas en la frontera, que ha alimentado un estado de excepción permanente como modo de vida en Corea del Norte.
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