Bueno, admito que las soluciones que propongo no sean quizás las más realistas en el contexto actual, pero sí las más acertadas. Es cierto que la burbuja inmobiliaria es algo que viene de largo, tan lejos como 1985, con los sucesivos reventones del 93 y 2010-11. Pero en cualquier caso, el problema de España son el 90% de los extranjeros, que además tienden a concentrarse precisamente en esas ciudades ya de por sí tensionadas, y que en su gran mayoría, buena parte de ellos no cotizan, y si trabajan la mayor parte de las veces es en trabajos de bajo valor añadido. Porque, al fin y al cabo, el modelo que lleva empleando el R78, especialmente desde hace 25 años, es el de jugar con la cantidad y no la calidad. En vez de intentar diversificar el tejido económico y productivo, lo apostamos todo al monocultivo del turismo, y cada vez más al turismo de masas, que cuando pinche nos mandará al abismo en cero coma. Y a la vez, dejar las puertas abiertas a cientos de miles de extranjeros cada año, que justifican el cada vez mayor gasto en ayudas y paguitas, pero que mantiene el consumo de estos millones de foráneos, beneficiando a supermercados y a conglomerados que viven gracias al BOE que se dedican al suministro de servicios esenciales (telecomunicaciones y bancos) que, además, sirven para deflactar los salarios para mantener con pulso un cada vez más moribundo tejido productivo que, si tuviera que subir salarios e invertir en productividad (aunque bueno, ¿como puede incrementar la productividad un camarero?), no podría sobrevivir.
Por eso digo que en realidad no falta vivienda, sino que sobran millones de personas. En España no hay una burbuja inmobiliaria, sino una burbuja de forasteros. Y también una excesiva concentración económica en pocas áreas metropolitanas. Aquí nadie está diciendo que te tengas que ir a vivir a villaconejos o a peleas de arriba, pero creo que es evidente que un modelo productivo y económico más sano debería contemplar una distribución más uniforme de la actividad económica y población a nivel nacional, no que Madrid se convierta en una megalópolis de 15 millones de habitantes (mezcla de Quito, Caracas o Senegal), o Barcelona en otra de 10 millones (mezcla de Jovenlandia, Medellín y Bulgaria).
Por eso creo que la desaparición de la UE es lo mejor que nos puede pasar. Supondrá mucha miseria y destrucción, pero puede abrir las puertas a nuevas oportunidades, puesto que el R78 perdería la base sobre la que se cimienta (el apoyo político y financiero compra de deuda mediante).