Copio y pego uno de los mensajes del gran forero luisito2 (que en paz descanse).
Cuando el sistema de gestión de la energía funciona bien, hay que descansar cuando se está cansado. El problema es que una depresión consiste en un mal funcionamiento de ese sistema de gestión de la energía. Se genera una señal de baja energía que obliga a descansar cuando, en realidad, la energía es alta. La falsa señal de cansancio en forma de desgana y pereza hace que se ahorren energías que van acumulándose, lo que conduce a una situación de un exceso de energía no utilizada junto a una falsa señal de cansancio que obliga a ahorrar más energía.
Se puede llegar a situaciones en las que bajar a pasear al perro, a sacar la cochambre o atarse los zapatos sean sentidos como esfuerzos sobrehumanos. Esto es un sabotaje del sistema. Cuando el afectado intenta realizar esos pequeños esfuerzos cotidianos es aplastado por un 'relato' emocional, afectivo y sentimental que le impiden coger la bolsa de cochambre y bajar a la calle.
Todo ese relato lacrimógeno es falso, es un truco del subconsciente para sabotear la acción.
Hay que armarse de valor, ignorar ese relato, coger la bolsa de cochambre y bajar a la calle. No importa lo dramático que se vuelva el relato porque es falso, lo único importante es ignorar ese relato y reanudar, paso a paso, la actividad. Porque una depresión solo es eso: un sabotaje interno para anular la actividad. Los componentes afectivos, emocionales o sentimentales solo son un truco empleado por el chantajista - saboteador interno.
Las muestras de apoyo en el sentido: "No te esfuerces y descansa, que yo haré tu trabajo" son contraproducentes porque refuerzan a ese saboteador interno.
Añado, de mi propia cosecha, que la depresión antes de llegar a niveles patológicos se origina de forma natural como parte del normal funcionamiento de ese sistema de gestión de la energía, que tiene mecanismos para retirar energía de las labores menos productivas y reservarlas para aquellas más provechosas. Se trata de una señal que debe incitarnos a cambiar lo que no funciona en nuestra vida, y que se genera cuando el subconsciente percibe que nuestros esfuerzos no están produciendo frutos suficientes que los compensen.
Sin embargo, en ocasiones puede descontrolarse, especialmente cuando las circunstancias no nos permiten implementar los cambios que necesitamos a tiempo y la depresión se profundiza hasta llegar a un punto que esa falta de energia se vuelve tan incapacitante que no nos permite salir de la situación.
Analizándo mi propia vida con perspectiva, reconozco en ella periodos de tranquilidad en los que no he realizado grandes esfuerzos ni en consecuencia tampoco he conseguido grandes metas.
Otros periodos más ajetreados en los que he vivido muy ocupado y hasta estresado pero en los que los proyectos han ido saliendo adelante. Son momentos intensos en los que te sientes lleno de energía.
El periodo más depresivo de mi vida surgió cuando tras comenzar un proyecto arduo y en principio bastante prometedor, acabé convenciéndome de que los sacrificios no iban a dar apenas resultados positivos. Sin embargo, en vez de abandonar me sentí obligado a finalizar el proyecto y no dejarlo a medias. Una situación así hace que te sientas con muy pocas ganas de realizar el esfuerzo necesario para sacar adelante el trabajo, lo cual provoca que bajo tu valoración subjetiva el esfuerzo necesario para terminar parezca aún mayor de lo que es en realidad, haciéndote sentir más deprimido y con menos energía y generando un circulo vicioso incapacitante.
En una situación normal, al verte frente a una tarea especialmente desagradecida tu subconsciente reacciona haciéndote sentir apático y provocando que te esfuerces poco y gastes poca energía en dicha tarea, reservándola para actividades más provechosas.
La depresión patológica sería pues el resultado de no obedecer a esas señales iniciales que tiene el subconsciente para alejarte de las situaciones en las que tus esfuerzos no van a verse recompensados.
Una vez caído en el fondo de ese circulo vicioso incapacitante, la solución parte de obviar el relato emocional del subconsciente y obligarse a realizar acciones, especialmente aquellas que en otros momentos de nuestras vidas hemos reconocido como "esfuerzos que han valido la pena ".