Tener 14 años en los 70: motos, trabajo y heroína
¿Qué significaba cumplir 14 años en la España de los 70? Lejos del tópico nostálgico, la respuesta que emerge de una larga discusión es un país donde un adolescente podía tener una moto, entrar a trabajar en el negocio familiar y, en pocos años, cruzarse con la heroína que arrasó su generación. El retrato no es uniforme: hubo quien heredó pisos comprados por cuatro duros y quien se pasó la adolescencia recibiendo palizas en casa y en el colegio.
Motos españolas y libertad sin llave
La primera imagen que se impone es la de las motos.
Montesa, Bultaco, Ossa, Rieju, Derbi y Sanglas copaban el mercado. La Bultaco Frontera, de 370 cc, era de enduro y se podía matricular; las de motocross eran las Pursang, «caballos locos». La Ossa Yankee 500 cc bicilíndrica y de dos tiempos tragaba combustible como si no hubiera un mañana, con la gasolina mucho más barata que ahora.
Había Vespas y Lambrettas que dormían en la calle, sin llave de contacto, con un candado como mucho. Se arrancaban de una patada. El riesgo era alto: si te pillaban, la justicia inmediata funcionaba y en casa caía otra ración. Un participante recuerda haber aprendido con motos Puch, fabricadas en Gijón, y sostiene que por eso su generación es buena conductora.
Trabajo, herencia y la vida regalada
El otro gran bloque es económico. Cumplir 14 años a menudo significaba entrar en el negocio familiar, ser potencial heredero de uno o varios pisos que los padres habían comprado por cuatro duros, o encontrar trabajo en casi cualquier sitio hasta la jubilación. La tesis que se repite: a la generación del baby boom le regalaron la vida.
Frente a eso, la letra pequeña. La heroína llegó a finales de los 70 y arrasó el futuro de muchos adolescentes. Algunos sitúan el fenómeno en 1976; otros, en la segunda mitad de la década. El cine quinqui lo reflejó con retraso: Perros callejeros es de 1977 y Deprisa, deprisa de 1980, aunque la heroína apenas aparece en pantalla hasta Chocolate.
Juguetes españoles y el mito del tercermundismo
El hilo arranca con una pulla sobre los juguetes. La respuesta es contundente: España era entonces uno de los principales fabricantes de juguetes de Europa. Madelman, Geiperman, juegos reunidos, Nancy, Barriguitas, Exin Castillos, Fuerte Comansi, bicicletas BH, Supercil, Torrot, CinExin, Scalextric y pistolas de ventosa. Todo fabricado aquí. Hoy, se argumenta, el plástico llega de China con acabados de alcantarilla.
Palizas, disciplina y el precio del progreso
No todo era libertad. Un participante resume su infancia en los 70 en una palabra: palizas. Era una moda extendida entre padres y madres, tradición familiar incluso. El maltrato en casa y en el colegio se presenta como algo común que, según esta visión, hacía crecer «recto y duro como pedernal». Otros matizan que siempre hubo excepciones.
La discusión deriva hacia el consumo. Se acusa a los jóvenes de hoy de gastar en suscripciones, pero la réplica es que antes también había timbas, casas de apuestas encubiertas y suscripciones al Readers Digest. Al vaciar pisos viejos aparecen figuritas y cucharitas con escudos de ciudades: gasto estúpido de ayer.
La droga que llegó por Torrejón
Una de las aportaciones más concretas sitúa la llegada de la droga a España en 1969, a través de la base de Torrejón. Los primeros en drogarse, según esta versión, fueron hijos de familias acomodadas del barrio de Salamanca, algunos de los cuales se convertirían en figuras conocidas de la cultura y la Movida. Es una afirmación que circula en la discusión y que no viene acompañada de documentación.
El balance final lo resume otro mensaje: en los 70 y 80, la vida era fácil para algunos y jodida para otros. Como ahora. La diferencia es que entonces un adolescente podía comprarse una moto con el primer sueldo y hoy el techo se ha vuelto inaccesible. Ironía seca: la nostalgia es un país donde la heroína también venía incluida en el pack.