Traigo dos artículos interesantes con perspectiva histórica para debate ya que parece haber interés en el foro sobre el tema y son fechas propicias.
El resumen para quien no quiera leerse todo es que hay históricamente muchos indicios de que Jesús fue crucificado por los romanos por independentista judío y tenía seguidores armados, y que la historia o parábola de Jesús y Barrabás nos podría estar dando en clave la respuesta a quién era realmente Jesús. El cristo construido posteriormente estaría basado en el personaje histórico Jesús Barrabás.
La invención de Jesús de Nazaret
Fernando Bermejo Rubio, experto en judaísmo de la época herodiana y profesor del Departamento de Historia Antigua de la UNED.
A la luz de los Evangelios, pero también de las menciones de Flavio Josefo, Plinio el Joven, Tácito o Suetonio, podemos decir que existió un predicador judío llamado Yeshúa ben/bar Yosef que fue crucificado en Jerusalén en tiempos de Tiberio. Es la explicación, en última instancia, más sencilla, la que menos problemas genera.
Nada sabemos de su nacimiento, que celebramos cada Navidad en una fecha probablemente errónea, ni tampoco de su juventud. Los relatos parecen claramente legendarios, historias típicas de las muchas elaboradas en la Antigüedad para magnificar la figura de alguien que se creyó destinado a hacer grandes cosas. Patrones narrativos que vemos en Jesús, pero también en Siddharta Gautama (Buda), Mani y tantos otros fundadores de religiones.
No parece legendaria, sin embargo, su crucifixión. Aquí el problema es otro: resulta tan confusa, tan equívoca, tan colmada de contradicciones y de mensajes ocultos, que su carga de sentido deviene inagotable. Pero al estudiar con detalle lo ocurrido en el Gólgota, se perfila una imagen no tan equívoca.
Todo el mundo está de acuerdo en que el dato más incontrovertible de la vida de Jesús es que fue crucificado por Roma. Los romanos condenaban a la gloria por crucifixión por muchos delitos pero, en el ámbito provincial de la Aaaa del siglo I, se aplicó casi siempre a insurgentes. En el caso de la crucifixión del Gólgota, Marcos y Mateo nos dicen que las personas que fueron crucificadas con Jesús eran lestai, que aunque significa bandidos, en la mayoría de las fuentes griegas y romanas escritas en griego se utiliza para designar a los rebeldes políticos. Por último, atendamos al titulus crucis de Jesús que reza Rey de los judíos, que parece muy verosímil y que alude claramente también a un insurrecto o rebelde. Y no es simplemente la crucifixión la que nos lleva a la hipótesis de que, de algún modo, Jesús estuvo implicado en la resistencia antirromana. Hay toda otra serie de indicios a lo largo de los Evangelios.
Jesús fue un visionario judío apocalíptico, alguien con un profundo sentido religioso que, precisamente en función de esas convicciones, se opuso, al igual que otros maestros espirituales de entonces, y de manera necesariamente violenta, al dominio romano desde una concepción nacionalista. Porque en la Antigüedad, religión y política están inextricablemente unidas. Lo que ocurre es que entre la gloria de Jesús y la redacción de los Evangelios varias décadas después llegó la catástrofe: la gran revuelta alubia que entre el año 66 y el 73 puso en jaque a las legiones romanas. Al término y con el Templo de Jerusalén en ruinas, un puñado de cristianos tan desolados por el retrat de la segunda venida del Mesías como deseosos de llevarse bien con sus victoriosos invasores comenzaron la invención de Jesús de Nazaret como líder espiritual pacífico que no se habría opuesto a Roma sino al judaísmo de su época y que se habría sacrificado para perdonar nuestros pecados con el afán de fundar una religión universal.
Por lo que sabemos de la moderna ciencia de la transmisión de la memoria, debemos buscar la verdad histórica más en los rasgos generales que en los concretos y, especialmente, en aquellos que contradicen los intereses del redactor. Un ejemplo: no sabemos si a su llegada a Jerusalén poco antes de su gloria tuvo lugar la escena del Templo en la que Jesús irrumpe con violencia y clama contra los mercaderes que han hecho de la casa del Señor una cueva de ladrones. Pero es evidente que semejante agresividad no casa bien con la reinvención que dibujan sus seguidores.
La historia no tiene sentido. "¿Jesús entra solo en el Templo? ¿Tirando las mesas de los cambistas? ¿Y nadie se le opone, nadie le detiene? El Templo era un lugar inmenso y en la Pascua estaba repleto de miles de personas. Es imposible pensar que aquello ocurriera así. Pero sí hay algo curioso: se nos muestra a un individuo que los propios evangelistas quieren presentar como un modelo de mansedumbre y de pacifismo que no tiene ningún problema en liquidar actos claramente violentos. Los exégetas profesionales que se enfrentan a semejante escena no saben qué hacer con ella. Niegan que sea algo violento, dicen que agredió a los animales, pero no a las personas... En fin, no son capaces de explicarlo. Así que, resumiendo, el episodio del Templo probablemente es ficción, pero lo que no puede ser ficción es el carácter violento de Jesús que las fuentes se vieron obligadas a reflejar a su costa. Como, por cierto, debieron ser violentos sus discípulos más cercanos -Jacobo, Pedro y Juan- que es evidente que portaban espadas y que sabían usarlas".
Los discípulos de Jesús portaban espadas de guerra y no cuchillos sacrificiales. También motivos clásicos como lo de "Darle al César lo que es del César", que significaría algo muy distinto a lo que pensábamos hasta ahora.
¿Quién inventa el cristianismo?
Tenemos a un grupo de personas que esperan una cosa y lo que llega es otra cosa completamente distinta, lo que les provoca una tensión psicológica brutal que deben solucionar. Aplicar la teoría de la disonancia cognitiva aquí resulta muy productivo pese a que podría parecer antiintuitivo que aquellos cuyas expectativas han sido traicionadas no sólo pervivieran sino que llegaran a fundar una exitosa religión como es el cristianismo. Pablo es una figura de mucha importancia, con su afán misionero y su genio religioso, pero decir que él inventa el cristianismo es una simplificación porque no olvidemos que hay otros antes y otros después. El cristianismo es una tarea colectiva que va inventando gradualmente muchísima gente, desde los primeros discípulos trastornados por la gloria de su maestro pero que siguieron adelante hasta hoy mismo. La invención de Jesús prosigue hoy mismo.
Barrabás es un oscuro personaje del Nuevo Testamento relacionado directamente con el proceso a Jesús encabezado por Poncio Pilato. Para cualquiera que haya leído la Biblia, o al menos oído la historia de la crucifixión de Jesús, Barrabás es uno de sus más nefastos protagonistas. Sin embargo, la historia quizá le reserve una redención insospechada.
Repasemos algunos testimonios. Marcos (15:7) y Lucas (23:19) afirman que Barrabás estaba preso por haber tomado parte en una «revuelta». Juan (18:40) sostiene que era un «bandolero»; y Mateo (26:7), por fin, se refiere superficialmente a él como un «proscrito famoso». En cualquier caso, la pena regular para Barrabás habría sido la crucifixión. Según las Escrituras, existía también una tradición local que le permitía a Poncio Pilatos indultar a un preso sentenciado a gloria durante la Pascua, siempre que existiera de por medio una aclamación popular. Y la aclamación llegó. La Biblia utiliza la palabra ochlos, que significa «multitud», para el gentío que se agrupó en las adyacencias al palacio de Pilato, y que en todas las traducciones se transformó en «judíos». A ellos se les dio la opción de liberar a Jesús o a Barrabás. La gente se inclinó por Barrabás, y Jesús fue consecuentemente crucificado.
Hoy sabemos que esta historia, todavía admitida literalmente, posee un trasfondo político que resulta interesante repasar. En primer lugar, esta leyenda fue utilizada durante los primeros tiempos del cristianismo para limpiar las culpas del Imperio Romano y de ese modo favorecer su aceptación como culto oficial.
Examinemos de cerca la difusa figura de Barrabás. En arameo Barrabás se escribe Bar Abbâ, y significa literalmente «descendiente del padre». ¿Quién era este misterioso hombre? Todos los apóstoles lo ubican en las celdas reservadas a los sediciosos, es decir, a los rebeldes. Barrabás, en tal caso, fue un judío que se rebeló contra el poder local de Roma. Y no era un rebelde cualquiera, sino uno «famoso», de modo que podemos pensar en él como el líder de alguna facción sediciosa.
Hace algunos años el papa Benedicto XVI [Joseph Ratzinger] marcó un paralelo entre el nombre de Barrabás [Bar Abba] con el del último líder de las revoluciones anti-romanas: Bar-Kokebá, el «descendiente de la estrella». Pero no solo estamos frente a dos revolucionarios, es decir, a Jesús como revolucionario de la fe y a Barrabás como un líder militar anti-romano; el propio Mateo (27:17) y distintos manuscritos griegos del siglo III d.C. llaman a Barrabás Iesous ho Barabbas, literalmente: «Jesús Barrabás», es decir, Jesús Bar Abba o Jesús Descendiente del Padre.
En este contexto ambos nombres funcionan como símbolos de las dos posibilidades mesiánicas: la acción militar, es decir, la lucha para la creación de un reino terrenal, o la acción espiritual para una trasformación del alma, cuya estructura se vislumbra claramente en la frase de Jesús: «mi reino no es de este mundo». Algunos investigadores y especialistas en la tradición alubia y cristiana proponen que Bar Abba, es decir, Barrabás, era uno de los apodos de Jesús, quien siempre comenzaba sus oraciones con la palabra Abba, «padre». De hecho, el nombre Barrabás no aparece en ningún otro texto de la época, y no parece haber sido un nombre común.
Ahora bien, si Barrabás y Jesús eran la misma persona, ¿quién fue liberado por Poncio Pilatos? ¿Quién fue crucificado? En primer lugar, debemos entender que cuando la multitud pidió la libertad de Barrabás, de Bar Abbas, en realidad estaba clamando por la liberación de Jesús. Existe muy poco material como para confirmar esta hipótesis, pero esa misma escasez también impide rechazarla por completo. La tradición de liberar un prisionero durante la Pascua es otro punto de conflicto. Nadie sabe si era una tradición hebrea o romana y no existen registros históricos que confirmen la veracidad de esa tradición.
Los pocos registros que existen sobre Poncio Pilato revelan su profundo desprecio por la región que gobernaba, considerada por él como una provincia ridículamente menor del Imperio romano, de modo que la posibilidad de que honrara una tradición alubia parece remota. Por otro lado, sería posible que Poncio Pilato fuera el creador de esa tradición, no por piedad, sino como excusa legal para no crucificar a un líder popular y exponerse a posibles rebeliones.
La pregunta inicial permanece: ¿Jesús y Barrabás fueron la misma persona? Tal vez si. A favor de esta hipótesis podemos decir que responsabilizar al pueblo hebreo de la crucifixión de Jesús facilitó la aceptación romana. Decir lo contrario implicaría que Jesús, el mesías, fue asesinado por el propio Imperio al que se intentaba seducir.
Una última posibilidad es que Barrabás haya sido creado, o utilizado, como contrafigura de Jesús; preso por alzarse militarmente contra el Imperio romano, mientras que la resistencia del Nazareno, desde su génesis, rechazó la violencia. Esta oposición obligaba al lector a tomar partido y decidir qué clase de rebelión fue o sería la más acertada: la del pacífico Jesús, más elevada filosóficamente hablando, o la del misterioso Barrabás, un sedicioso cuya fruta fue oscurecida por tenebrosas parábolas.
El resumen para quien no quiera leerse todo es que hay históricamente muchos indicios de que Jesús fue crucificado por los romanos por independentista judío y tenía seguidores armados, y que la historia o parábola de Jesús y Barrabás nos podría estar dando en clave la respuesta a quién era realmente Jesús. El cristo construido posteriormente estaría basado en el personaje histórico Jesús Barrabás.
La invención de Jesús de Nazaret
Fernando Bermejo Rubio, experto en judaísmo de la época herodiana y profesor del Departamento de Historia Antigua de la UNED.
A la luz de los Evangelios, pero también de las menciones de Flavio Josefo, Plinio el Joven, Tácito o Suetonio, podemos decir que existió un predicador judío llamado Yeshúa ben/bar Yosef que fue crucificado en Jerusalén en tiempos de Tiberio. Es la explicación, en última instancia, más sencilla, la que menos problemas genera.
Nada sabemos de su nacimiento, que celebramos cada Navidad en una fecha probablemente errónea, ni tampoco de su juventud. Los relatos parecen claramente legendarios, historias típicas de las muchas elaboradas en la Antigüedad para magnificar la figura de alguien que se creyó destinado a hacer grandes cosas. Patrones narrativos que vemos en Jesús, pero también en Siddharta Gautama (Buda), Mani y tantos otros fundadores de religiones.
No parece legendaria, sin embargo, su crucifixión. Aquí el problema es otro: resulta tan confusa, tan equívoca, tan colmada de contradicciones y de mensajes ocultos, que su carga de sentido deviene inagotable. Pero al estudiar con detalle lo ocurrido en el Gólgota, se perfila una imagen no tan equívoca.
Todo el mundo está de acuerdo en que el dato más incontrovertible de la vida de Jesús es que fue crucificado por Roma. Los romanos condenaban a la gloria por crucifixión por muchos delitos pero, en el ámbito provincial de la Aaaa del siglo I, se aplicó casi siempre a insurgentes. En el caso de la crucifixión del Gólgota, Marcos y Mateo nos dicen que las personas que fueron crucificadas con Jesús eran lestai, que aunque significa bandidos, en la mayoría de las fuentes griegas y romanas escritas en griego se utiliza para designar a los rebeldes políticos. Por último, atendamos al titulus crucis de Jesús que reza Rey de los judíos, que parece muy verosímil y que alude claramente también a un insurrecto o rebelde. Y no es simplemente la crucifixión la que nos lleva a la hipótesis de que, de algún modo, Jesús estuvo implicado en la resistencia antirromana. Hay toda otra serie de indicios a lo largo de los Evangelios.
Jesús fue un visionario judío apocalíptico, alguien con un profundo sentido religioso que, precisamente en función de esas convicciones, se opuso, al igual que otros maestros espirituales de entonces, y de manera necesariamente violenta, al dominio romano desde una concepción nacionalista. Porque en la Antigüedad, religión y política están inextricablemente unidas. Lo que ocurre es que entre la gloria de Jesús y la redacción de los Evangelios varias décadas después llegó la catástrofe: la gran revuelta alubia que entre el año 66 y el 73 puso en jaque a las legiones romanas. Al término y con el Templo de Jerusalén en ruinas, un puñado de cristianos tan desolados por el retrat de la segunda venida del Mesías como deseosos de llevarse bien con sus victoriosos invasores comenzaron la invención de Jesús de Nazaret como líder espiritual pacífico que no se habría opuesto a Roma sino al judaísmo de su época y que se habría sacrificado para perdonar nuestros pecados con el afán de fundar una religión universal.
Por lo que sabemos de la moderna ciencia de la transmisión de la memoria, debemos buscar la verdad histórica más en los rasgos generales que en los concretos y, especialmente, en aquellos que contradicen los intereses del redactor. Un ejemplo: no sabemos si a su llegada a Jerusalén poco antes de su gloria tuvo lugar la escena del Templo en la que Jesús irrumpe con violencia y clama contra los mercaderes que han hecho de la casa del Señor una cueva de ladrones. Pero es evidente que semejante agresividad no casa bien con la reinvención que dibujan sus seguidores.
La historia no tiene sentido. "¿Jesús entra solo en el Templo? ¿Tirando las mesas de los cambistas? ¿Y nadie se le opone, nadie le detiene? El Templo era un lugar inmenso y en la Pascua estaba repleto de miles de personas. Es imposible pensar que aquello ocurriera así. Pero sí hay algo curioso: se nos muestra a un individuo que los propios evangelistas quieren presentar como un modelo de mansedumbre y de pacifismo que no tiene ningún problema en liquidar actos claramente violentos. Los exégetas profesionales que se enfrentan a semejante escena no saben qué hacer con ella. Niegan que sea algo violento, dicen que agredió a los animales, pero no a las personas... En fin, no son capaces de explicarlo. Así que, resumiendo, el episodio del Templo probablemente es ficción, pero lo que no puede ser ficción es el carácter violento de Jesús que las fuentes se vieron obligadas a reflejar a su costa. Como, por cierto, debieron ser violentos sus discípulos más cercanos -Jacobo, Pedro y Juan- que es evidente que portaban espadas y que sabían usarlas".
Los discípulos de Jesús portaban espadas de guerra y no cuchillos sacrificiales. También motivos clásicos como lo de "Darle al César lo que es del César", que significaría algo muy distinto a lo que pensábamos hasta ahora.
¿Quién inventa el cristianismo?
Tenemos a un grupo de personas que esperan una cosa y lo que llega es otra cosa completamente distinta, lo que les provoca una tensión psicológica brutal que deben solucionar. Aplicar la teoría de la disonancia cognitiva aquí resulta muy productivo pese a que podría parecer antiintuitivo que aquellos cuyas expectativas han sido traicionadas no sólo pervivieran sino que llegaran a fundar una exitosa religión como es el cristianismo. Pablo es una figura de mucha importancia, con su afán misionero y su genio religioso, pero decir que él inventa el cristianismo es una simplificación porque no olvidemos que hay otros antes y otros después. El cristianismo es una tarea colectiva que va inventando gradualmente muchísima gente, desde los primeros discípulos trastornados por la gloria de su maestro pero que siguieron adelante hasta hoy mismo. La invención de Jesús prosigue hoy mismo.
¿Jesús y Barrabás fueron la misma persona?
El Espejo gótico.Barrabás es un oscuro personaje del Nuevo Testamento relacionado directamente con el proceso a Jesús encabezado por Poncio Pilato. Para cualquiera que haya leído la Biblia, o al menos oído la historia de la crucifixión de Jesús, Barrabás es uno de sus más nefastos protagonistas. Sin embargo, la historia quizá le reserve una redención insospechada.
Repasemos algunos testimonios. Marcos (15:7) y Lucas (23:19) afirman que Barrabás estaba preso por haber tomado parte en una «revuelta». Juan (18:40) sostiene que era un «bandolero»; y Mateo (26:7), por fin, se refiere superficialmente a él como un «proscrito famoso». En cualquier caso, la pena regular para Barrabás habría sido la crucifixión. Según las Escrituras, existía también una tradición local que le permitía a Poncio Pilatos indultar a un preso sentenciado a gloria durante la Pascua, siempre que existiera de por medio una aclamación popular. Y la aclamación llegó. La Biblia utiliza la palabra ochlos, que significa «multitud», para el gentío que se agrupó en las adyacencias al palacio de Pilato, y que en todas las traducciones se transformó en «judíos». A ellos se les dio la opción de liberar a Jesús o a Barrabás. La gente se inclinó por Barrabás, y Jesús fue consecuentemente crucificado.
Hoy sabemos que esta historia, todavía admitida literalmente, posee un trasfondo político que resulta interesante repasar. En primer lugar, esta leyenda fue utilizada durante los primeros tiempos del cristianismo para limpiar las culpas del Imperio Romano y de ese modo favorecer su aceptación como culto oficial.
Examinemos de cerca la difusa figura de Barrabás. En arameo Barrabás se escribe Bar Abbâ, y significa literalmente «descendiente del padre». ¿Quién era este misterioso hombre? Todos los apóstoles lo ubican en las celdas reservadas a los sediciosos, es decir, a los rebeldes. Barrabás, en tal caso, fue un judío que se rebeló contra el poder local de Roma. Y no era un rebelde cualquiera, sino uno «famoso», de modo que podemos pensar en él como el líder de alguna facción sediciosa.
Hace algunos años el papa Benedicto XVI [Joseph Ratzinger] marcó un paralelo entre el nombre de Barrabás [Bar Abba] con el del último líder de las revoluciones anti-romanas: Bar-Kokebá, el «descendiente de la estrella». Pero no solo estamos frente a dos revolucionarios, es decir, a Jesús como revolucionario de la fe y a Barrabás como un líder militar anti-romano; el propio Mateo (27:17) y distintos manuscritos griegos del siglo III d.C. llaman a Barrabás Iesous ho Barabbas, literalmente: «Jesús Barrabás», es decir, Jesús Bar Abba o Jesús Descendiente del Padre.
En este contexto ambos nombres funcionan como símbolos de las dos posibilidades mesiánicas: la acción militar, es decir, la lucha para la creación de un reino terrenal, o la acción espiritual para una trasformación del alma, cuya estructura se vislumbra claramente en la frase de Jesús: «mi reino no es de este mundo». Algunos investigadores y especialistas en la tradición alubia y cristiana proponen que Bar Abba, es decir, Barrabás, era uno de los apodos de Jesús, quien siempre comenzaba sus oraciones con la palabra Abba, «padre». De hecho, el nombre Barrabás no aparece en ningún otro texto de la época, y no parece haber sido un nombre común.
Ahora bien, si Barrabás y Jesús eran la misma persona, ¿quién fue liberado por Poncio Pilatos? ¿Quién fue crucificado? En primer lugar, debemos entender que cuando la multitud pidió la libertad de Barrabás, de Bar Abbas, en realidad estaba clamando por la liberación de Jesús. Existe muy poco material como para confirmar esta hipótesis, pero esa misma escasez también impide rechazarla por completo. La tradición de liberar un prisionero durante la Pascua es otro punto de conflicto. Nadie sabe si era una tradición hebrea o romana y no existen registros históricos que confirmen la veracidad de esa tradición.
Los pocos registros que existen sobre Poncio Pilato revelan su profundo desprecio por la región que gobernaba, considerada por él como una provincia ridículamente menor del Imperio romano, de modo que la posibilidad de que honrara una tradición alubia parece remota. Por otro lado, sería posible que Poncio Pilato fuera el creador de esa tradición, no por piedad, sino como excusa legal para no crucificar a un líder popular y exponerse a posibles rebeliones.
La pregunta inicial permanece: ¿Jesús y Barrabás fueron la misma persona? Tal vez si. A favor de esta hipótesis podemos decir que responsabilizar al pueblo hebreo de la crucifixión de Jesús facilitó la aceptación romana. Decir lo contrario implicaría que Jesús, el mesías, fue asesinado por el propio Imperio al que se intentaba seducir.
Una última posibilidad es que Barrabás haya sido creado, o utilizado, como contrafigura de Jesús; preso por alzarse militarmente contra el Imperio romano, mientras que la resistencia del Nazareno, desde su génesis, rechazó la violencia. Esta oposición obligaba al lector a tomar partido y decidir qué clase de rebelión fue o sería la más acertada: la del pacífico Jesús, más elevada filosóficamente hablando, o la del misterioso Barrabás, un sedicioso cuya fruta fue oscurecida por tenebrosas parábolas.
