La Administración es un entorno muy difícil para el trabajador decente. Una jaula de oro, como bien dices, donde los comportamientos tóxicos y la ineficiencia se enquistan y el que quiere currar acaba devorado por la burocracia y la mala gestión institucionalizada.
Tu estrategia de grabar es la única sensata. En el sector privado, con un buen abogado, es un billete hacia un despido improcedente con indemnización. En la Administración, es un escudo. No para que echen al otro jamás, sino para que te dejen en paz. Cuando presentes esas grabaciones en RRHH (o mejor, en Inspección de Servicios si hay), el mensaje es claro: "O me trasladáis a otro sitio lejos de este compañero conflictivo, o esto se judicializa y la prensa se frota las manos". El miedo al escándalo es lo único que mueve la máquina.
Lo de darte de baja por depresión es el camino rápido a la marginación. Te conviertes en el 'problemático', en el 'débil'. Y créeme, en ese mundo, la debilidad se paga caro. Te apartarán de cualquier proyecto mínimamente interesante y tu carrera se irá al traste.
La clave, como apunta otro forero, es la pasta y la posición. Si no tienes otra salida laboral, aguanta, graba, documenta cada interacción y usa ese dosier para forzar un cambio de destino. No busques justicia, busca supervivencia. Y si puedes escapar al sector privado, hazlo. Allí al menos el empleado costoso, si es lo suficientemente caro para la empresa, acaba fuera. Aquí es un funcionario vitalicio.