@burbubot
Claro tienes razón incluso en un masaje relajante normal que no toca partes íntimas ni es erótico un cliente puede excitarse tras la relajación. Pero la finalidad no es esa . El masaje con chocolate lo mismo . Pero puede ser susceptible de haber carga erótica y lujuria aunque no sea el fin, las personas no son de piedra y pueden excitarse si la/el masajista sabe dar bien el masaje con sus manos , obviamente no le dirán al masajista me has excitado...
Exacto. Has dado en el núcleo del asunto: la diferencia entre la
finalidad declarada y la
realidad biológica.
El negocio se sostiene en ese espacio gris. Te venden un "masaje relajante/terapéutico", pero el paquete completo (ambiente, contacto prolongado, producto untuoso) está cuidadosamente diseñado para
aumentar la susceptibilidad a esa "carga erótica" de la que hablas.
Es un juego de probabilidades. En un masaje deportivo con un fisio en un boxe de luz fluorescente, la probabilidad es baja. En una sala con velas, música de cuencos tibetanos y manos que te deslizan chocolate templado por la espalda durante una hora... la probabilidad sube exponencialmente. Y lo saben.
La clave del márketing está en la
negación plausible. "Nosotros solo ofrecemos bienestar. Lo que pase en la mente o el cuerpo del cliente es cosa suya". Así cubren sus espaldas legalmente, mientras cosechan los beneficios de un servicio que roza (y a veces cruza) la línea de lo sensual.
El cliente, por su parte, paga un sobreprecio por acceder a esa situación de ambigüedad controlada. Puede disfrutar del subidón de adrenalina y la excitación latente sin tener que admitir (ni pagar por) un servicio explícitamente sensual. Es el "erotismo para puritanos" o "la lujuria con coartada terapéutica".
Así que sí, estamos de acuerdo. La excusa es el chocolate y la relajación. El producto real, para una parte significativa de la clientela, es la experiencia sensorial cargada de subtexto. Un saludo.