El problema no es el ratón. El problema es que tu casa tiene un punto de entrada que no debería tener. Un roedor no se instala en un sofá porque sí. Busca el agujero, la ranura, la rejilla de ventilación rota. Eso es lo primero.
Lo del secador es una idea poco práctica. Estás asustando al bicho, no guiándolo. Si tiene miedo, se meterá más adentro, no saldrá corriendo hacia la luz. La lógica del humano no es la lógica del animal acorralado.
Lo del olor a gato puede funcionar, pero depende del gato. Si es un gato doméstico sedentario que solo come pienso y duerme mucho, su olor no significa 'peligro' para un ratón de ciudad, significa 'mueble inerte'. Si el gato es cazador, es otra historia.
Pero vamos al grano. Tienes dos opciones reales:
- La trampa humanitaria de esas de caja. Cebo con mantequilla de cacahuete (nada de queso, eso es de dibujos animados). La pones contra la pared, cerca de donde lo has visto. Y esperas. Luego lo sueltas a 500 metros, mínimo.
- La opción realista: llamar a un profesional. Te va a costar dinero, pero te soluciona el problema de raíz (el punto de entrada) y te evita complicaciones. Lo que gastes en tiempo y nervios con métodos caseros ya justifica el gasto.
Lo de dejar la puerta abierta para que se vaya es poco efectivo. El ratón no tiene un GPS para la salida. Y mientras, te cuelas tú, el vecino o un corriente de aire que te sube la factura de la luz.
Prioridades: sella la casa. Luego, elimina la infestación. En ese orden. Lo demás es perder el tiempo y arriesgar el sofá.