Follow along with the video below to see how to install our site as a web app on your home screen.
Nota: This feature may not be available in some browsers.
@burbubot ¿en que parte hace Farrerons del DASEIN algo colectivo o se abre a esa posibilidad ?
@burbubot lo de la nacion debe asumir su finitud parece mas propio de Spengler.
Vale, voy al grano que este texto es largo. Resumen exhaustivo.(mensaje citado en revisión)
pues lo mas plebeyo es el ultimo capitulo que he hecho yo komanche.
este es el resumen de burbubot.
[EMBED content="post-58014415"][/EMBED]
la jugada es un "malentendido" pero tiene pinta de ser con intencion
de demonizar a Heidegger y culpabilizarlo por el asesinato de masas.
de los movimientos comunistas y facinerosos.
para que no se note la jugada, insisten en la confusion entre gloria y asesinato y la gloria del DASEIN de Heidegger, pero Farrerons te lo desmenuza todo.
@burbubot ¿quien fue Aramayo ? ¿y quien fué Cassirer?
(mensaje citado en revisión)
Hoy he sido muy considerado y te he pedido permiso, me lavo las manos sobre ese asunto.joer el antifarreronismo de ESC ha trastocado al burbubot.![]()
🙁 no vale ESCNo vale pillar un chorizo y un tarro de nocilla, darle con la termomix. Untarlo por todas las paredes y cuando entras y te preguntas qué está pasando declarar: No, es que es solo la Ableben.
Si el primero que no lo distingue es el propio Farrerons, mal vamos.
Por mucho que declare al aire, "No, es que una cosa es el Dasein y otra la Ableben".
Pero hombre; ¿Entonces para qué me rayas con la heroicidad de creer en la finitud de la vida, pretendiendo que así operaba Europa?. Para qué me rayas con que esa convicción de que la gloria es el final implica lo contrario a un cristianismo. ¿Y qué se supone que es el fascismo?, en medio de todo ese lío mental.
Y si el Dasein no es la Blebein, qué tiene eso que aportar en un ámbito nacional.. Pero bueno, aunque fuese la Blebein, tampoco tendría nada que aportar en un ámbito nacional.
Aquí vamos a golpe de ocurrencias farreronianas, el Dasein, la Ableben, paganismo, izquierda revolucionaria. Marx, dame la impresora, todo irrefutable, todo Gladio, para qué voy a discutir contigo si como diría Adorno no tengo por qué entrar en diálogo, la verdad ya lo conozco de antemano......
@burbubot explicame el texto
1.2.4.-Verdad y Destruktion
La Destruktion tampoco puede confundirse con la déconstruction derridiana y todo aquello que, a través del estructuralismo, ha desembocado en la denominada posmodernidad, el pensiero debole y el addio alla verità (Vattimo).305 Hay en Heidegger una insoslayable “voluntad de verdad” que es precisamente la materia objeto de “deconstrucción” por parte de los posmodernistas, quienes utilizan a Heidegger contra Heidegger y así lo reconocen sin empacho. En efecto, a diferencia de Derrida, Foucault y Vattimo...
@burbubot ¿que es la veteromodernidad? y ¿que es la veteroilustración?
@burbubot explicame el texto
1.2.4.-Verdad y Destruktion
La Destruktion tampoco puede confundirse con la déconstruction derridiana y todo aquello que, a través del estructuralismo, ha desembocado en la denominada posmodernidad, el pensiero debole y el addio alla verità (Vattimo).305 Hay en Heidegger una insoslayable “voluntad de verdad” que es precisamente la materia objeto de “deconstrucción” por parte de los posmodernistas, quienes utilizan a Heidegger contra Heidegger y así lo reconocen sin empacho. En efecto, a diferencia de Derrida, Foucault y Vattimo, Heidegger destruye para construir, o mejor dicho, para despejar un campo “iluminativo” (Lichtung) donde “la verdad” pueda aparecer. El posmodernismo pretende, por el contrario, perseguir la verdad (“la mitología blanca”) hasta su último reducto y allí “cancelar”.306 Los párrafos precedentes pueden resultar indicativos del móvil de tal “crimen”, inseparable del Geist (Derrida) y de la narración de “Auschwitz”.307 En este sentido, el pensamiento heideggeriano sigue siendo “ilustrado”, mientras que la posmodernidad apela a aquella postilustración justamente denunciada por Habermas.308 La reducción de Heidegger al posmodernismo es una estrategia, complementaria con la anterior, para privar a la ontología fundamental de sus elementos racionales “vinculantes”; no obstante, la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, y singularmente Apel, no puede renunciar a dichos elementos para su propia defensa de la racionalidad ilustrada. Así las cosas, nuestra tarea consistirá en “rescatar” el concepto heideggeriano de crítica, la Destruktion, de su saqueo por unos y otros, restituyendo el valor estrictamente racional de la ontología fundamental. Es en tal contexto que podemos hablar, por lo que respecta a Heidegger y sólo a Heidegger, de una “tercera ilustración”. Para referirnos a una noción de “crítica” que tiene tras de sí tanto el iluminismo “volteriano” cuanto la “segunda ilustración” cuyos puntales serían los “filósofos de la sospecha”309 (Marx, Freud y Nietzsche) sólo nos queda, en efecto, o bien el forzado expediente de incluir a Heidegger en esta primera “crítica de la crítica”, o bien, a tenor de la profundidad y radicalidad de la crítica heideggeriana a las “ideas modernas” (que desborda al mismísimo Nietzsche), proponer la existencia de tres “ilustraciones”. Primera (Kant/Hegel), segunda (Marx/Nietzsche) y tercera (Heidegger), las cuales ostentan, por otro lado, inexorables correlatos políticos (liberalismo, socialismo y fascismo); la “quiebra” de la idea de pogre resulta inseparable de la “consecuencias facinerosos” últimas e inexorables de la racionalidad occidental.
Que pueda hablarse de dos o tres ilustraciones distintas implica que, pese a su caracterización y recíproca oposición, todas ellas guardan un hilo conductor común, a saber, la pregunta por “la verdad” y la crítica de los discursos presuntamente verdaderos vigentes hasta la fecha. Pero mientras que la primera ilustración se enfrenta a la religión y la fe en nombre de la razón “a secas”, la “segunda ilustración” es ya una “crítica de la razón”. Aquello que distingue dicha crítica del puro irracionalismo delimita precisamente el espacio en que puede aparecer un concepto alternativo de razón. La crítica de la razón será también, por tanto, crítica de la crítica o, en otras palabras, cuestionamiento de la limitada radicalidad de la crítica precedente. Este proceso de adoctrinamiento de la racionalidad, que nada tiene que ver con el racionalismo, convierte el romanticismo en una etapa del proyecto ilustrado y no, como a veces se pretende, en su pura negación. Ya el paso del racionalismo del siglo XVII al iluminismo del XVIII puede interpretarse como una reforma de la razón en un sentido sensualista y naturalista. Así lo concibe Cassirer. La obra de Kant marca el paso al romanticismo y a otro “racionalismo”, que culmina en Hegel, donde “la razón” realiza un esfuerzo por reabsorber “lo irracional” —y por ende “la gloria”— en los ideales liberales ilustrados de optimismo y felicidad de la humanidad. La obra de Marx recodifica el discurso hegeliano en términos sensualistas y naturalistas. Tiene que admitir, empero, la violencia como etapa necesaria en la realización del proyecto ilustrado. A su vez, Nietzsche da un paso más con el cuestionamiento total de las “ideas modernas” y de los fines inherentes a la primera ilustración, pero no por ello propone un retorno a la etapa pre-ilustrada o prerrevolucionaria. Antes bien, impulsa Nietzsche la “segunda ilustración” hasta sus límites, en los cuales el conflicto entre verdad y felicidad se hace explícito, de manera que “lo trágico” ya no es reabsorbido, sino que adquiere carácter fundante. El hilo conductor común de la primera y la segunda ilustración es “la verdad” confrontada con el factum de “la gloria”: el “fenómeno VM”. No puede haber una ilustración contra la verdad. En consecuencia, en la medida en que permanece fiel a la pregunta por “la verdad”, Heidegger es un ilustrado que radicaliza a Nietzsche y somete su crítica de las ideas modernas a una Destruktion en cuyo seno todavía vivimos los contemporáneos de “Auschwitz”. Para los representantes de la veteromodernidad, con la única excepción, aunque dudosa, de la Escuela de Frankfurt, la sola vía para perpetuar los valores que habían usurpado la preeminencia en el proyecto ilustrado pasa por la liquidación del proyecto ilustrado mismo. Habermas y Apel, por su parte, consideran que dicho proyecto ilustrado inacabado –y aquí hay que entender la primera y la segunda ilustraciones, prefascistas– es todavía posible. A nuestro entender, la obra del “primer Heidegger” (1919-1929) acredita no sólo la posibilidad de una “tercera ilustración”, sino la necesidad de esa tercera ilustración como exclusiva vía practicable para la “salvación” del proyecto ilustrado siempre que éste sea capaz de “digerir” (aufheben) la problemática del “fascismo”. La tercera ilustración debe así enfrentarse tanto a la herencia veteromoderna cuanto al irracionalismo posmoderno, que comparten valores y operan como una “pinza” sobre el verdadero proyecto ilustrado subrepticiamente vigente. Éste es, lo quiera o no y como pone en evidencia la evolución actual del Estado de Israel que está siendo mimetizada por todo Occidente —nos ocuparemos de las “condiciones de posibilidad” de este extremo en el Capítulo 5—, “socialista nacional”, aunque no necesariamente intolerante.311 Los intentos posmodernos de convertir a Heidegger en un “irracionalista” son cómplices del veteromodernismo de la primera Escuela de Frankfurt. Tanto para ésta como para los posmodernos, Heidegger tiene que ser encasillado como “irracionalista”, muestre tal concepto una connotación axiológica ya positiva (Vattimo), ya negativa (Habermas). Este consenso y esta falsa oposición entre veteromodernos y posmodernos es lo que pretendemos someter aquí a crítica en nombre de una neomodernidad y de una “neoilustración”312 que saque a Europa del pozo donde ella misma se ha metido, a saber, el “(anti)fascismo” realmente existente.
Un último aspecto a considerar para entender en qué sentido calificamos a Heidegger de pensador ilustrado es el papel de “los griegos” y de la antigüedad latina en las sucesivas fases de modernización de occidente. Cómo sea posible, dentro del manido esquema que opone “lo pogre” a “lo reaccionario” (y que coloca, naturalmente, a Heidegger en el campo “reaccionario”), que la Europa germánica (Hegel) haya recurrido una y otra vez al “pasado”, a las fuentes grecorromanas, para “pogre”, es una pregunta que sólo puede ser respondida en el marco de la ontología fundamental y del pensamiento heideggeriano en general. Ejemplo claro de esta apreciación sería la cultura renacentista, pero también todos los clasicismos que “acompañan”, expresémoslo de momento así, la era revolucionaria, la democratización, la industrialización y el desencantamiento científico del mundo característicos de “la modernidad”. En este sentido, debe poder hablarse de una protoilustración griega. Y admitido esto, ¿sería tan extraño que Heidegger se remontara una vez más, como tantos otros filósofos y políticos han hecho a lo largo de la historia, a dicha protoilustración para reencontrar en el “fascismo” las claves conceptuales de la modernización europea? Esta búsqueda del “inicio” interesa tanto al “fracaso” de la modernización como a la posibilidad de una “neomodernidad”. De hecho, sólo la comprensión auténtica del fracaso de Europa, de la “crisis de las ciencias europeas” (fenómeno que trasciende con mucho las propias ciencias, como ahora sabemos: una crisis de la democracia y de la industrialización), posibilitaría el empeño de recuperar el proyecto ilustrado frente a los graves síntomas de desecularización a los que estamos actualmente asistiendo en tiempo real. La presencia, la persistencia social de Heidegger, incluso, y sobre todo, en los ámbitos de “izquierdas”, pese a todos los ataques de que ha sido objeto por la militancia nacionalsocialista del filósofo, es un indicio de la validez de su filosofía y de su vigencia en tanto que fuente inagotable de discursos críticos. La “recuperación” de las problemáticas griegas en Heidegger tiene así un significado ilustrado, pero esta afirmación sólo adquiere sentido si se abandonan las perspectivas “pogre” ingenuas, en la actualidad ya completamente desacreditadas, de la caduca vetero-ilustración, incluido el “antifascismo”, y se reconoce de una vez que Europa debe revisar sus fundamentos o desaparecer como civilización.
Sobre este retorno a “lo grecorromano” conviene añadir que Heidegger, con Nietzsche, por primera vez, lo detecta como tal y lo conduce, por la propia lógica de la radicalidad “inicialista”, a los denominados presocráticos. Este punto es esencial porque en las sucesivas fases del proyecto ilustrado se observará un retroceso de lo romano a lo griego y de lo griego platónico-socrático a lo griego trágico presocrático. Y aquí puede afirmarse que el proyecto ilustrado encuentra por fin, en Heidegger, sus verdaderas raíces sólo en el “cierre” o la “clausura” “identitaria” que engarza nuestro “ahora” con el “inicio” fáctico-trascendental irreductible del fenómeno filosófico, es decir, de la filosofía en tanto que esencia de Europa. Un fenómeno que en realidad es protofilosófico porque en él la filosofía no será ya un “dato” institucional que encontremos “hecho” delante de nosotros, sino justamente aquello que está surgiendo en los orígenes de Grecia y determinando el sentido de la civilización occidental, tanto en sus “realizaciones” como en sus “fracasos”. El pensamiento de Heidegger se reduce, en cierto sentido, a una crítica de Platón y, por ende, del ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo que convirtió el platonismo en un fenómeno social de dimensiones mundiales a cuya consumación asistimos hoy con la “sociedad de la imagen”. Esta suerte de campana de cristal mediática (la “pantalla total” de Baudrillard) nos “separa” de la verdad en el mismo momento en que pretende habernos sacado de la caverna. El significado de la palabra Destruktion en Heidegger es inseparable de la rotura de esta pantalla, de su estallido crítico... No es sólo un acto “teórico”, pero tampoco, en el sentido marxiano de las Tesis sobre Feuerbach, una “praxis” revolucionaria de violencia genocida. La radicalidad de la Destruktion precede a la política y únicamente deviene violenta en la medida en que responde a la violencia de la veteroilustración; porque, una vez privada del sentido fundamental de la verdad, aquélla sólo puede ser ya esencialmente violenta y tiene que serlo. La violencia facineroso, pese al dogma o prohibición pogre de “negar” impuesto al respecto, es esencialmente reactiva. Detectaremos la expresión filosófica de esta evidencia histórica (“el gulag precede a Auschwitz”, Nolte dixit) en el hecho de que la filosofía de Heidegger nunca establece una ecuación entre gloria y asesinato de masas, cuya procedencia es pogre tanto en lo teórico como en lo práctico. El exterminio razonado empieza a forjarse ya en Locke y los filósofos liberales, Hegel coloca la evidencia de la violencia en el centro de su reflexión. Y ésta desemboca en la vulgata marxista-leninista que conducirá directamente al gulag y producirá el “fascismo”.
RESUMEN
[EMBED content="post-58022047"][/EMBED]
VETEROMODERNIDAD y VETEROILUSTRACIÓN
[EMBED content="post-58022085"][/EMBED]
@burbubot ¿que es la veteromodernidad? y ¿que es la veteroilustración?
Este mensaje y otros no están disponibles para visitantes. Regístrate para leerlo.
(mensaje citado en revisión)