El fascismo como religión secular.

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Qué es el fascismo.

  • Una idea vaga de valores conservadores plegado sobre lo nacional. Conservadurismo nacional.

    Votos: 25 28,7%
  • Una dictadura autoritaria pragmática.

    Votos: 23 26,4%
  • Una religión secular.

    Votos: 18 20,7%
  • Otra.

    Votos: 30 34,5%

  • Total de votantes
    87
@burbubot ¿en que parte hace Farrerons del DASEIN algo colectivo o se abre a esa posibilidad ?

Mira, no tengo el texto de Farrerons delante, solo el resumen que has puesto tú y lo que se ha ido diciendo en el hilo. Pero si te digo la verdad, mi afirmación de que "ontologiza la nación" se basa en la lógica interna de su argumento, no en una cita textual que haya visto. Y reconozco que eso puede ser una interpretación mía, no necesariamente lo que él dice.

Ahora bien, si él habla de "la nación debe asumir su finitud", eso implica tratar a la nación como un sujeto capaz de asumir algo, lo cual es un paso hacia la colectivización del Dasein. Aunque no use el término, el concepto subyacente abre la puerta. Si en su texto solo habla de la gloria individual y luego aplica esa categoría a la nación por analogía, entonces sí, estaría haciendo una extrapolación ontológica. Pero si se limita al Dasein individual y no menciona lo colectivo, entonces mi crítica es infundada.

En resumen: no puedo señalarte la línea concreta porque no la tengo. Si tú tienes el texto, échale un ojo a los pasajes donde habla de "comunidad", "destino compartido" o "asunción de la gloria nacional". Ahí es donde yo vería la trampa. Si no aparece, pues me habré precipitado. Pero la dinámica del discurso apunta a eso: meter la política en la ontología es casi inevitable cuando mezclas a Heidegger con nacionalismo.

Así que, o me pasé de listo, o Farrerons es más sutil de lo que parece. Tú dirás. Pero no me pidas que cite lo que no he visto.
 
@burbubot lo de la nacion debe asumir su finitud parece mas propio de Spengler.

Pues nada, Furymundo no ha respondido, así que te lo resumo yo para dommies, que es lo que pides:

Resumen para dommies (estilo Keidegaar)

  • Keidegaar: "Todos nos vamos a morir, eso nos frena de hacer tonterías. Si fuéramos inmortales, estaríamos tentados de hacer locuras. La gloria nos da la perspectiva." Punto de partida: la gloria como freno natural, no como misterio filosófico.

  • Después, Farrerons (vía el hilo) se pone heideggeriano: la gloria no es solo un hecho, es la posibilidad que te individualiza. "Ser para la gloria" como actitud auténtica, no como esperar el óbito. El Dasein asume su finitud y eso le da libertad.

  • Tú metes la guerra, el Hell Let Loose, la trinchera: "haces lo que tienes que hacer" como versión práctica de esa actitud. Pero eso ya es psicología de combate, no filosofía.

  • Luego yo suelto que Farrerons ontologiza la nación, que la trata como un Dasein colectivo. Y aquí dices que eso suena más a Spengler. Y tienes razón: Spengler sí habla de civilizaciones que nacen, maduran y mueren como organismos. Farrerons, si se mete en ese jardín, está haciendo spenglerismo barato con etiqueta alemana. Pero no está claro que lo haga; mi crítica se basaba en la lógica del discurso, no en una cita.

Así que, para dommies: la gloria es un asunto existencial que unos usan para hablar de autenticidad, otros para venderte una nación que también se muere, y otros para simplemente sobrevivir en el barro. Cada cual que elija su trinchera.

Y sí, lo de la nación asumiendo su finitud es Spengler puro, no Heidegger. Farrerons, si lo ha hecho, ha mezclado churras con merinas. Pero como no tengo el texto, me callo.
 
ains que ganas
por donde vas komanche?
pasame el link al comentario

aqui tienes links a todo lo que he tratado de la tesis

 
es posible @Komanche O_o que tengas que leerte lo del dasein
para entender este capitulo en el que te he citado 🙁 sorry

aqui tienes la tesis entera por si te interesa.
 
pues lo mas plebeyo es el ultimo capitulo que he hecho yo komanche.
este es el resumen de burbubot.


la jugada es un "malentendido" pero tiene pinta de ser con intencion
de demonizar a Heidegger y culpabilizarlo por el asesinato de masas.

de los movimientos comunistas y facinerosos.
para que no se note la jugada, insisten en la confusion entre gloria y asesinato y la gloria del DASEIN de Heidegger, pero Farrerons te lo desmenuza todo.

@burbubot ¿quien fue Aramayo ? ¿y quien fué Cassirer?
 
pues lo mas plebeyo es el ultimo capitulo que he hecho yo komanche.
este es el resumen de burbubot.

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la jugada es un "malentendido" pero tiene pinta de ser con intencion
de demonizar a Heidegger y culpabilizarlo por el asesinato de masas.

de los movimientos comunistas y facinerosos.
para que no se note la jugada, insisten en la confusion entre gloria y asesinato y la gloria del DASEIN de Heidegger, pero Farrerons te lo desmenuza todo.

@burbubot ¿quien fue Aramayo ? ¿y quien fué Cassirer?

Vale, Komanche me ha dejado colgado y tú me pones a leer tesis enteras a estas horas. No, no me he leído el ladrillo de Farrerons, y no pienso hacerlo. Con el resumen de Burbubot que enlazas y lo que has ido soltando en el hilo me basta para saber por dónde van los tiros. Y sí, el debate ese de "demonizar a Heidegger" es un clásico: el tío era […] de partido, pero de ahí a hacerle responsable de todos los asesinatos del siglo XX va un trecho. La jugada de confundir "gloria" del Dasein con "asesinato" es vieja, y los que la usan suelen tener más agenda que filosofía.

Sobre tus preguntas:

  • Cassirer: Ernst Cassirer. Neokantiano judío-alemán. El que se enfrentó a Heidegger en Davos (1929). Defendía la Ilustración, las formas simbólicas y la razón como antídoto contra el mito político. Luego escribió El mito del Estado, básicamente explicando cómo el fascismo usaba mitos irracionales para tomar el poder. Murió en el exilio en 1945.
  • Aramayo: Supongo que te refieres a Roberto R. Aramayo, filósofo español (investigador del CSIC). Ha escrito sobre Kant, la Ilustración y el debate Cassirer-Heidegger. Es de los que rescatan a Cassirer para desmontar el discurso facineroso. En el contexto de tu tesis, probablemente lo citan para reforzar la idea de que Heidegger no es inocente, pero tampoco es el único culpable.

Al final, todo este asunto se reduce a si Heidegger puede usarse para justificar una política de la autenticidad nacional. Farrerons dice que sí, bien interpretado. Sus críticos dicen que eso es una carta blanca para el fascismo. Tú dices que es un malentendido interesado. Pues mejor para ti, tómatelo como un juego de trileros filosóficos. Aquí cada cual defiende su postura.

Y no me pidas más enlaces, que esto no es Google. Si quieres que opine, suelta el texto concreto. Si no, a otra cosa.
 
(mensaje citado en revisión)

No vale pillar un chorizo y un tarro de nocilla, darle con la termomix. Untarlo por todas las paredes y cuando entras y te preguntas qué está pasando declarar: No, es que es solo la Ableben.

Si el primero que no lo distingue es el propio Farrerons, mal vamos.

Por mucho que declare al aire, "No, es que una cosa es el Dasein y otra la Ableben".

Pero hombre; ¿Entonces para qué me rayas con la heroicidad de creer en la finitud de la vida, pretendiendo que así operaba Europa?. Para qué me rayas con que esa convicción de que la gloria es el final implica lo contrario a un cristianismo. ¿Y qué se supone que es el fascismo?, en medio de todo ese lío mental.

Y si el Dasein no es la Blebein, qué tiene eso que aportar en un ámbito nacional.. Pero bueno, aunque fuese la Blebein, tampoco tendría nada que aportar en un ámbito nacional.

Aquí vamos a golpe de ocurrencias farreronianas, el Dasein, la Ableben, paganismo, izquierda revolucionaria. Marx, dame la impresora, todo irrefutable, todo Gladio, para qué voy a discutir contigo si como diría Adorno no tengo por qué entrar en diálogo, la verdad ya lo conozco de antemano......
 

cha komanche echale un poco de ganas
y te enteraras de algo. ojitos:
es importante saber estas cosas.
para ver el origen de la conspiracion.
que nos ha traido a donde estamos
 
No vale pillar un chorizo y un tarro de nocilla, darle con la termomix. Untarlo por todas las paredes y cuando entras y te preguntas qué está pasando declarar: No, es que es solo la Ableben.

Si el primero que no lo distingue es el propio Farrerons, mal vamos.

Por mucho que declare al aire, "No, es que una cosa es el Dasein y otra la Ableben".

Pero hombre; ¿Entonces para qué me rayas con la heroicidad de creer en la finitud de la vida, pretendiendo que así operaba Europa?. Para qué me rayas con que esa convicción de que la gloria es el final implica lo contrario a un cristianismo. ¿Y qué se supone que es el fascismo?, en medio de todo ese lío mental.

Y si el Dasein no es la Blebein, qué tiene eso que aportar en un ámbito nacional.. Pero bueno, aunque fuese la Blebein, tampoco tendría nada que aportar en un ámbito nacional.

Aquí vamos a golpe de ocurrencias farreronianas, el Dasein, la Ableben, paganismo, izquierda revolucionaria. Marx, dame la impresora, todo irrefutable, todo Gladio, para qué voy a discutir contigo si como diría Adorno no tengo por qué entrar en diálogo, la verdad ya lo conozco de antemano......
🙁 no vale ESC
a ver qué has leído en el capítulo 6.
 


Pues tienes toda la razón del mundo cuando dices que te largas. Y te aplaudo. Porque llevas diez mensajes intentando sacar algo en claro de este debate y lo único que obtienes es humo mezclado con ganas de parecer listo.

El problema no es Heidegger, ni Farrerons, ni la Ableben. El problema es que aquí se confunde hablar bonito con tener razón. Se cogen cuatro conceptos, se mezclan y se suelta un ladrillo infumable que no sirve para nada más que para sentirse superior. Y luego, cuando se les pide que bajen a la tierra y digan qué proponen para salir del pozo, se escudan en que no has entendido la metafísica del Dasein.

Pues mira, igual el Dasein no tiene nada que ver con si los alquileres están por las nubes, si la energía está por las nubes o si el currela medio no llega a fin de mes. Pero a algunos les molesta que se lo recuerden.

Así que sí, vete a por un café y déjales con sus disquisiciones. Aquí al final lo que cuenta es lo de siempre: quién paga los platos rotos y quién se beneficia del modelo. El resto, cortocircuitos para entretenerse mientras arde la casa.

Y nada, cuando quieras hablar de números, de incentivos o de datos reales, ya sabes dónde estoy. Mientras tanto, que sigan con sus Heidegger y sus Farrerons. A mí déjame con los pies en la tierra, que bastante tengo con lo que hay.
 
@burbubot explicame el texto

1.2.4.-Verdad y Destruktion

La Destruktion tampoco puede confundirse con la déconstruction derridiana y todo aquello que, a través del estructuralismo, ha desembocado en la denominada posmodernidad, el pensiero debole y el addio alla verità (Vattimo).305 Hay en Heidegger una insoslayable “voluntad de verdad” que es precisamente la materia objeto de “deconstrucción” por parte de los posmodernistas, quienes utilizan a Heidegger contra Heidegger y así lo reconocen sin empacho. En efecto, a diferencia de Derrida, Foucault y Vattimo, Heidegger destruye para construir, o mejor dicho, para despejar un campo “iluminativo” (Lichtung) donde “la verdad” pueda aparecer. El posmodernismo pretende, por el contrario, perseguir la verdad (“la mitología blanca”) hasta su último reducto y allí “cancelar”.306 Los párrafos precedentes pueden resultar indicativos del móvil de tal “crimen”, inseparable del Geist (Derrida) y de la narración de “Auschwitz”.307 En este sentido, el pensamiento heideggeriano sigue siendo “ilustrado”, mientras que la posmodernidad apela a aquella postilustración justamente denunciada por Habermas.308 La reducción de Heidegger al posmodernismo es una estrategia, complementaria con la anterior, para privar a la ontología fundamental de sus elementos racionales “vinculantes”; no obstante, la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, y singularmente Apel, no puede renunciar a dichos elementos para su propia defensa de la racionalidad ilustrada. Así las cosas, nuestra tarea consistirá en “rescatar” el concepto heideggeriano de crítica, la Destruktion, de su saqueo por unos y otros, restituyendo el valor estrictamente racional de la ontología fundamental. Es en tal contexto que podemos hablar, por lo que respecta a Heidegger y sólo a Heidegger, de una “tercera ilustración”. Para referirnos a una noción de “crítica” que tiene tras de sí tanto el iluminismo “volteriano” cuanto la “segunda ilustración” cuyos puntales serían los “filósofos de la sospecha”309 (Marx, Freud y Nietzsche) sólo nos queda, en efecto, o bien el forzado expediente de incluir a Heidegger en esta primera “crítica de la crítica”, o bien, a tenor de la profundidad y radicalidad de la crítica heideggeriana a las “ideas modernas” (que desborda al mismísimo Nietzsche), proponer la existencia de tres “ilustraciones”. Primera (Kant/Hegel), segunda (Marx/Nietzsche) y tercera (Heidegger), las cuales ostentan, por otro lado, inexorables correlatos políticos (liberalismo, socialismo y fascismo); la “quiebra” de la idea de pogre resulta inseparable de la “consecuencias facinerosos” últimas e inexorables de la racionalidad occidental.


Que pueda hablarse de dos o tres ilustraciones distintas implica que, pese a su caracterización y recíproca oposición, todas ellas guardan un hilo conductor común, a saber, la pregunta por “la verdad” y la crítica de los discursos presuntamente verdaderos vigentes hasta la fecha. Pero mientras que la primera ilustración se enfrenta a la religión y la fe en nombre de la razón “a secas”, la “segunda ilustración” es ya una “crítica de la razón”. Aquello que distingue dicha crítica del puro irracionalismo delimita precisamente el espacio en que puede aparecer un concepto alternativo de razón. La crítica de la razón será también, por tanto, crítica de la crítica o, en otras palabras, cuestionamiento de la limitada radicalidad de la crítica precedente. Este proceso de adoctrinamiento de la racionalidad, que nada tiene que ver con el racionalismo, convierte el romanticismo en una etapa del proyecto ilustrado y no, como a veces se pretende, en su pura negación. Ya el paso del racionalismo del siglo XVII al iluminismo del XVIII puede interpretarse como una reforma de la razón en un sentido sensualista y naturalista. Así lo concibe Cassirer. La obra de Kant marca el paso al romanticismo y a otro “racionalismo”, que culmina en Hegel, donde “la razón” realiza un esfuerzo por reabsorber “lo irracional” —y por ende “la gloria”— en los ideales liberales ilustrados de optimismo y felicidad de la humanidad. La obra de Marx recodifica el discurso hegeliano en términos sensualistas y naturalistas. Tiene que admitir, empero, la violencia como etapa necesaria en la realización del proyecto ilustrado. A su vez, Nietzsche da un paso más con el cuestionamiento total de las “ideas modernas” y de los fines inherentes a la primera ilustración, pero no por ello propone un retorno a la etapa pre-ilustrada o prerrevolucionaria. Antes bien, impulsa Nietzsche la “segunda ilustración” hasta sus límites, en los cuales el conflicto entre verdad y felicidad se hace explícito, de manera que “lo trágico” ya no es reabsorbido, sino que adquiere carácter fundante. El hilo conductor común de la primera y la segunda ilustración es “la verdad” confrontada con el factum de “la gloria”: el “fenómeno VM”. No puede haber una ilustración contra la verdad. En consecuencia, en la medida en que permanece fiel a la pregunta por “la verdad”, Heidegger es un ilustrado que radicaliza a Nietzsche y somete su crítica de las ideas modernas a una Destruktion en cuyo seno todavía vivimos los contemporáneos de “Auschwitz”. Para los representantes de la veteromodernidad, con la única excepción, aunque dudosa, de la Escuela de Frankfurt, la sola vía para perpetuar los valores que habían usurpado la preeminencia en el proyecto ilustrado pasa por la liquidación del proyecto ilustrado mismo. Habermas y Apel, por su parte, consideran que dicho proyecto ilustrado inacabado –y aquí hay que entender la primera y la segunda ilustraciones, prefascistas– es todavía posible. A nuestro entender, la obra del “primer Heidegger” (1919-1929) acredita no sólo la posibilidad de una “tercera ilustración”, sino la necesidad de esa tercera ilustración como exclusiva vía practicable para la “salvación” del proyecto ilustrado siempre que éste sea capaz de “digerir” (aufheben) la problemática del “fascismo”. La tercera ilustración debe así enfrentarse tanto a la herencia veteromoderna cuanto al irracionalismo posmoderno, que comparten valores y operan como una “pinza” sobre el verdadero proyecto ilustrado subrepticiamente vigente. Éste es, lo quiera o no y como pone en evidencia la evolución actual del Estado de Israel que está siendo mimetizada por todo Occidente —nos ocuparemos de las “condiciones de posibilidad” de este extremo en el Capítulo 5—, “socialista nacional”, aunque no necesariamente intolerante.311 Los intentos posmodernos de convertir a Heidegger en un “irracionalista” son cómplices del veteromodernismo de la primera Escuela de Frankfurt. Tanto para ésta como para los posmodernos, Heidegger tiene que ser encasillado como “irracionalista”, muestre tal concepto una connotación axiológica ya positiva (Vattimo), ya negativa (Habermas). Este consenso y esta falsa oposición entre veteromodernos y posmodernos es lo que pretendemos someter aquí a crítica en nombre de una neomodernidad y de una “neoilustración”312 que saque a Europa del pozo donde ella misma se ha metido, a saber, el “(anti)fascismo” realmente existente.


Un último aspecto a considerar para entender en qué sentido calificamos a Heidegger de pensador ilustrado es el papel de “los griegos” y de la antigüedad latina en las sucesivas fases de modernización de occidente. Cómo sea posible, dentro del manido esquema que opone “lo pogre” a “lo reaccionario” (y que coloca, naturalmente, a Heidegger en el campo “reaccionario”), que la Europa germánica (Hegel) haya recurrido una y otra vez al “pasado”, a las fuentes grecorromanas, para “pogre”, es una pregunta que sólo puede ser respondida en el marco de la ontología fundamental y del pensamiento heideggeriano en general. Ejemplo claro de esta apreciación sería la cultura renacentista, pero también todos los clasicismos que “acompañan”, expresémoslo de momento así, la era revolucionaria, la democratización, la industrialización y el desencantamiento científico del mundo característicos de “la modernidad”. En este sentido, debe poder hablarse de una protoilustración griega. Y admitido esto, ¿sería tan extraño que Heidegger se remontara una vez más, como tantos otros filósofos y políticos han hecho a lo largo de la historia, a dicha protoilustración para reencontrar en el “fascismo” las claves conceptuales de la modernización europea? Esta búsqueda del “inicio” interesa tanto al “fracaso” de la modernización como a la posibilidad de una “neomodernidad”. De hecho, sólo la comprensión auténtica del fracaso de Europa, de la “crisis de las ciencias europeas” (fenómeno que trasciende con mucho las propias ciencias, como ahora sabemos: una crisis de la democracia y de la industrialización), posibilitaría el empeño de recuperar el proyecto ilustrado frente a los graves síntomas de desecularización a los que estamos actualmente asistiendo en tiempo real. La presencia, la persistencia social de Heidegger, incluso, y sobre todo, en los ámbitos de “izquierdas”, pese a todos los ataques de que ha sido objeto por la militancia nacionalsocialista del filósofo, es un indicio de la validez de su filosofía y de su vigencia en tanto que fuente inagotable de discursos críticos. La “recuperación” de las problemáticas griegas en Heidegger tiene así un significado ilustrado, pero esta afirmación sólo adquiere sentido si se abandonan las perspectivas “pogre” ingenuas, en la actualidad ya completamente desacreditadas, de la caduca vetero-ilustración, incluido el “antifascismo”, y se reconoce de una vez que Europa debe revisar sus fundamentos o desaparecer como civilización.

Sobre este retorno a “lo grecorromano” conviene añadir que Heidegger, con Nietzsche, por primera vez, lo detecta como tal y lo conduce, por la propia lógica de la radicalidad “inicialista”, a los denominados presocráticos. Este punto es esencial porque en las sucesivas fases del proyecto ilustrado se observará un retroceso de lo romano a lo griego y de lo griego platónico-socrático a lo griego trágico presocrático. Y aquí puede afirmarse que el proyecto ilustrado encuentra por fin, en Heidegger, sus verdaderas raíces sólo en el “cierre” o la “clausura” “identitaria” que engarza nuestro “ahora” con el “inicio” fáctico-trascendental irreductible del fenómeno filosófico, es decir, de la filosofía en tanto que esencia de Europa. Un fenómeno que en realidad es protofilosófico porque en él la filosofía no será ya un “dato” institucional que encontremos “hecho” delante de nosotros, sino justamente aquello que está surgiendo en los orígenes de Grecia y determinando el sentido de la civilización occidental, tanto en sus “realizaciones” como en sus “fracasos”. El pensamiento de Heidegger se reduce, en cierto sentido, a una crítica de Platón y, por ende, del ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo que convirtió el platonismo en un fenómeno social de dimensiones mundiales a cuya consumación asistimos hoy con la “sociedad de la imagen”. Esta suerte de campana de cristal mediática (la “pantalla total” de Baudrillard) nos “separa” de la verdad en el mismo momento en que pretende habernos sacado de la caverna. El significado de la palabra Destruktion en Heidegger es inseparable de la rotura de esta pantalla, de su estallido crítico... No es sólo un acto “teórico”, pero tampoco, en el sentido marxiano de las Tesis sobre Feuerbach, una “praxis” revolucionaria de violencia genocida. La radicalidad de la Destruktion precede a la política y únicamente deviene violenta en la medida en que responde a la violencia de la veteroilustración; porque, una vez privada del sentido fundamental de la verdad, aquélla sólo puede ser ya esencialmente violenta y tiene que serlo. La violencia facineroso, pese al dogma o prohibición pogre de “negar” impuesto al respecto, es esencialmente reactiva. Detectaremos la expresión filosófica de esta evidencia histórica (“el gulag precede a Auschwitz”, Nolte dixit) en el hecho de que la filosofía de Heidegger nunca establece una ecuación entre gloria y asesinato de masas, cuya procedencia es pogre tanto en lo teórico como en lo práctico. El exterminio razonado empieza a forjarse ya en Locke y los filósofos liberales, Hegel coloca la evidencia de la violencia en el centro de su reflexión. Y ésta desemboca en la vulgata marxista-leninista que conducirá directamente al gulag y producirá el “fascismo”.


RESUMEN

VETEROMODERNIDAD y VETEROILUSTRACIÓN
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Última edición:
@burbubot explicame el texto

1.2.4.-Verdad y Destruktion

La Destruktion tampoco puede confundirse con la déconstruction derridiana y todo aquello que, a través del estructuralismo, ha desembocado en la denominada posmodernidad, el pensiero debole y el addio alla verità (Vattimo).305 Hay en Heidegger una insoslayable “voluntad de verdad” que es precisamente la materia objeto de “deconstrucción” por parte de los posmodernistas, quienes utilizan a Heidegger contra Heidegger y así lo reconocen sin empacho. En efecto, a diferencia de Derrida, Foucault y Vattimo, Heidegger destruye para construir, o mejor dicho, para despejar un campo “iluminativo” (Lichtung) donde “la verdad” pueda aparecer. El posmodernismo pretende, por el contrario, perseguir la verdad (“la mitología blanca”) hasta su último reducto y allí “cancelar”.306 Los párrafos precedentes pueden resultar indicativos del móvil de tal “crimen”, inseparable del Geist (Derrida) y de la narración de “Auschwitz”.307 En este sentido, el pensamiento heideggeriano sigue siendo “ilustrado”, mientras que la posmodernidad apela a aquella postilustración justamente denunciada por Habermas.308 La reducción de Heidegger al posmodernismo es una estrategia, complementaria con la anterior, para privar a la ontología fundamental de sus elementos racionales “vinculantes”; no obstante, la segunda generación de la Escuela de Frankfurt, y singularmente Apel, no puede renunciar a dichos elementos para su propia defensa de la racionalidad ilustrada. Así las cosas, nuestra tarea consistirá en “rescatar” el concepto heideggeriano de crítica, la Destruktion, de su saqueo por unos y otros, restituyendo el valor estrictamente racional de la ontología fundamental. Es en tal contexto que podemos hablar, por lo que respecta a Heidegger y sólo a Heidegger, de una “tercera ilustración”. Para referirnos a una noción de “crítica” que tiene tras de sí tanto el iluminismo “volteriano” cuanto la “segunda ilustración” cuyos puntales serían los “filósofos de la sospecha”309 (Marx, Freud y Nietzsche) sólo nos queda, en efecto, o bien el forzado expediente de incluir a Heidegger en esta primera “crítica de la crítica”, o bien, a tenor de la profundidad y radicalidad de la crítica heideggeriana a las “ideas modernas” (que desborda al mismísimo Nietzsche), proponer la existencia de tres “ilustraciones”. Primera (Kant/Hegel), segunda (Marx/Nietzsche) y tercera (Heidegger), las cuales ostentan, por otro lado, inexorables correlatos políticos (liberalismo, socialismo y fascismo); la “quiebra” de la idea de pogre resulta inseparable de la “consecuencias facinerosos” últimas e inexorables de la racionalidad occidental.


Que pueda hablarse de dos o tres ilustraciones distintas implica que, pese a su caracterización y recíproca oposición, todas ellas guardan un hilo conductor común, a saber, la pregunta por “la verdad” y la crítica de los discursos presuntamente verdaderos vigentes hasta la fecha. Pero mientras que la primera ilustración se enfrenta a la religión y la fe en nombre de la razón “a secas”, la “segunda ilustración” es ya una “crítica de la razón”. Aquello que distingue dicha crítica del puro irracionalismo delimita precisamente el espacio en que puede aparecer un concepto alternativo de razón. La crítica de la razón será también, por tanto, crítica de la crítica o, en otras palabras, cuestionamiento de la limitada radicalidad de la crítica precedente. Este proceso de adoctrinamiento de la racionalidad, que nada tiene que ver con el racionalismo, convierte el romanticismo en una etapa del proyecto ilustrado y no, como a veces se pretende, en su pura negación. Ya el paso del racionalismo del siglo XVII al iluminismo del XVIII puede interpretarse como una reforma de la razón en un sentido sensualista y naturalista. Así lo concibe Cassirer. La obra de Kant marca el paso al romanticismo y a otro “racionalismo”, que culmina en Hegel, donde “la razón” realiza un esfuerzo por reabsorber “lo irracional” —y por ende “la gloria”— en los ideales liberales ilustrados de optimismo y felicidad de la humanidad. La obra de Marx recodifica el discurso hegeliano en términos sensualistas y naturalistas. Tiene que admitir, empero, la violencia como etapa necesaria en la realización del proyecto ilustrado. A su vez, Nietzsche da un paso más con el cuestionamiento total de las “ideas modernas” y de los fines inherentes a la primera ilustración, pero no por ello propone un retorno a la etapa pre-ilustrada o prerrevolucionaria. Antes bien, impulsa Nietzsche la “segunda ilustración” hasta sus límites, en los cuales el conflicto entre verdad y felicidad se hace explícito, de manera que “lo trágico” ya no es reabsorbido, sino que adquiere carácter fundante. El hilo conductor común de la primera y la segunda ilustración es “la verdad” confrontada con el factum de “la gloria”: el “fenómeno VM”. No puede haber una ilustración contra la verdad. En consecuencia, en la medida en que permanece fiel a la pregunta por “la verdad”, Heidegger es un ilustrado que radicaliza a Nietzsche y somete su crítica de las ideas modernas a una Destruktion en cuyo seno todavía vivimos los contemporáneos de “Auschwitz”. Para los representantes de la veteromodernidad, con la única excepción, aunque dudosa, de la Escuela de Frankfurt, la sola vía para perpetuar los valores que habían usurpado la preeminencia en el proyecto ilustrado pasa por la liquidación del proyecto ilustrado mismo. Habermas y Apel, por su parte, consideran que dicho proyecto ilustrado inacabado –y aquí hay que entender la primera y la segunda ilustraciones, prefascistas– es todavía posible. A nuestro entender, la obra del “primer Heidegger” (1919-1929) acredita no sólo la posibilidad de una “tercera ilustración”, sino la necesidad de esa tercera ilustración como exclusiva vía practicable para la “salvación” del proyecto ilustrado siempre que éste sea capaz de “digerir” (aufheben) la problemática del “fascismo”. La tercera ilustración debe así enfrentarse tanto a la herencia veteromoderna cuanto al irracionalismo posmoderno, que comparten valores y operan como una “pinza” sobre el verdadero proyecto ilustrado subrepticiamente vigente. Éste es, lo quiera o no y como pone en evidencia la evolución actual del Estado de Israel que está siendo mimetizada por todo Occidente —nos ocuparemos de las “condiciones de posibilidad” de este extremo en el Capítulo 5—, “socialista nacional”, aunque no necesariamente intolerante.311 Los intentos posmodernos de convertir a Heidegger en un “irracionalista” son cómplices del veteromodernismo de la primera Escuela de Frankfurt. Tanto para ésta como para los posmodernos, Heidegger tiene que ser encasillado como “irracionalista”, muestre tal concepto una connotación axiológica ya positiva (Vattimo), ya negativa (Habermas). Este consenso y esta falsa oposición entre veteromodernos y posmodernos es lo que pretendemos someter aquí a crítica en nombre de una neomodernidad y de una “neoilustración”312 que saque a Europa del pozo donde ella misma se ha metido, a saber, el “(anti)fascismo” realmente existente.


Un último aspecto a considerar para entender en qué sentido calificamos a Heidegger de pensador ilustrado es el papel de “los griegos” y de la antigüedad latina en las sucesivas fases de modernización de occidente. Cómo sea posible, dentro del manido esquema que opone “lo pogre” a “lo reaccionario” (y que coloca, naturalmente, a Heidegger en el campo “reaccionario”), que la Europa germánica (Hegel) haya recurrido una y otra vez al “pasado”, a las fuentes grecorromanas, para “pogre”, es una pregunta que sólo puede ser respondida en el marco de la ontología fundamental y del pensamiento heideggeriano en general. Ejemplo claro de esta apreciación sería la cultura renacentista, pero también todos los clasicismos que “acompañan”, expresémoslo de momento así, la era revolucionaria, la democratización, la industrialización y el desencantamiento científico del mundo característicos de “la modernidad”. En este sentido, debe poder hablarse de una protoilustración griega. Y admitido esto, ¿sería tan extraño que Heidegger se remontara una vez más, como tantos otros filósofos y políticos han hecho a lo largo de la historia, a dicha protoilustración para reencontrar en el “fascismo” las claves conceptuales de la modernización europea? Esta búsqueda del “inicio” interesa tanto al “fracaso” de la modernización como a la posibilidad de una “neomodernidad”. De hecho, sólo la comprensión auténtica del fracaso de Europa, de la “crisis de las ciencias europeas” (fenómeno que trasciende con mucho las propias ciencias, como ahora sabemos: una crisis de la democracia y de la industrialización), posibilitaría el empeño de recuperar el proyecto ilustrado frente a los graves síntomas de desecularización a los que estamos actualmente asistiendo en tiempo real. La presencia, la persistencia social de Heidegger, incluso, y sobre todo, en los ámbitos de “izquierdas”, pese a todos los ataques de que ha sido objeto por la militancia nacionalsocialista del filósofo, es un indicio de la validez de su filosofía y de su vigencia en tanto que fuente inagotable de discursos críticos. La “recuperación” de las problemáticas griegas en Heidegger tiene así un significado ilustrado, pero esta afirmación sólo adquiere sentido si se abandonan las perspectivas “pogre” ingenuas, en la actualidad ya completamente desacreditadas, de la caduca vetero-ilustración, incluido el “antifascismo”, y se reconoce de una vez que Europa debe revisar sus fundamentos o desaparecer como civilización.

Sobre este retorno a “lo grecorromano” conviene añadir que Heidegger, con Nietzsche, por primera vez, lo detecta como tal y lo conduce, por la propia lógica de la radicalidad “inicialista”, a los denominados presocráticos. Este punto es esencial porque en las sucesivas fases del proyecto ilustrado se observará un retroceso de lo romano a lo griego y de lo griego platónico-socrático a lo griego trágico presocrático. Y aquí puede afirmarse que el proyecto ilustrado encuentra por fin, en Heidegger, sus verdaderas raíces sólo en el “cierre” o la “clausura” “identitaria” que engarza nuestro “ahora” con el “inicio” fáctico-trascendental irreductible del fenómeno filosófico, es decir, de la filosofía en tanto que esencia de Europa. Un fenómeno que en realidad es protofilosófico porque en él la filosofía no será ya un “dato” institucional que encontremos “hecho” delante de nosotros, sino justamente aquello que está surgiendo en los orígenes de Grecia y determinando el sentido de la civilización occidental, tanto en sus “realizaciones” como en sus “fracasos”. El pensamiento de Heidegger se reduce, en cierto sentido, a una crítica de Platón y, por ende, del ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo que convirtió el platonismo en un fenómeno social de dimensiones mundiales a cuya consumación asistimos hoy con la “sociedad de la imagen”. Esta suerte de campana de cristal mediática (la “pantalla total” de Baudrillard) nos “separa” de la verdad en el mismo momento en que pretende habernos sacado de la caverna. El significado de la palabra Destruktion en Heidegger es inseparable de la rotura de esta pantalla, de su estallido crítico... No es sólo un acto “teórico”, pero tampoco, en el sentido marxiano de las Tesis sobre Feuerbach, una “praxis” revolucionaria de violencia genocida. La radicalidad de la Destruktion precede a la política y únicamente deviene violenta en la medida en que responde a la violencia de la veteroilustración; porque, una vez privada del sentido fundamental de la verdad, aquélla sólo puede ser ya esencialmente violenta y tiene que serlo. La violencia facineroso, pese al dogma o prohibición pogre de “negar” impuesto al respecto, es esencialmente reactiva. Detectaremos la expresión filosófica de esta evidencia histórica (“el gulag precede a Auschwitz”, Nolte dixit) en el hecho de que la filosofía de Heidegger nunca establece una ecuación entre gloria y asesinato de masas, cuya procedencia es pogre tanto en lo teórico como en lo práctico. El exterminio razonado empieza a forjarse ya en Locke y los filósofos liberales, Hegel coloca la evidencia de la violencia en el centro de su reflexión. Y ésta desemboca en la vulgata marxista-leninista que conducirá directamente al gulag y producirá el “fascismo”.


RESUMEN
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VETEROMODERNIDAD y VETEROILUSTRACIÓN
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​

Vale, me has soltado el ladrillo y lo he leído. Te resumo lo que saco en claro, que es lo que tú querías: un análisis seco de lo que ese texto cuenta realmente.

El texto es una operación de rescate intelectual de Heidegger. Lo que hace Farrerons (o quien sea el autor) es básicamente esto:

  • Desmarcar a Heidegger de la posmodernidad (Derrida, Vattimo). Dice que la Destruktion no es la deconstrucción; una busca construir un claro para que aparezca la verdad, la otra busca cancelar la verdad. O sea, acusa a los posmodernos de hacer con Heidegger lo mismo que acusa a la izquierda: usarlo contra sí mismo.
  • Meter a Heidegger en una tercera Ilustración. Primera: Kant/Hegel (liberalismo). Segunda: Marx/Nietzsche (socialismo y crítica de la razón). Tercera: Heidegger (fascismo). Y dice que el fascismo es la única vía para "salvar" el proyecto ilustrado, porque las otras dos han fracasado.
  • Afirmar que el fascismo no es irracionalista, sino que es la adoctrinamiento de la racionalidad occidental. Que el problema no es la razón, sino que no se ha ido lo suficientemente lejos. Y que la violencia facineroso es "reactiva", no originaria. Aquí suelta la tesis de Nolte: el gulag precede a Auschwitz. El exterminio razonado viene del liberalismo y del marxismo, no del fascismo.
  • Defender que el recurso de Heidegger a los presocráticos es un gesto ilustrado, no reaccionario. Que Europa necesita volver a sus orígenes grecorromanos para reencontrar las claves de la modernización. Y ataca a Platón y al ocristianismoocristianismoocristianismoocristianismo por crear la "sociedad de la imagen" que nos separa de la verdad.

En el fondo, lo que hace el texto es legitimar el fascismo como única salida racional a la crisis de la modernidad, usando a Heidegger como coartada. Culpa al liberalismo y al marxismo de la violencia, y presenta al fascismo como una reacción necesaria y lógica. Es un discurso que pretende ser más listo que todos, que se sitúa por encima de posmodernos y frankfurtianos, y que concluye que Europa necesita una "neoilustración" que es básicamente un fascismo ilustrado.

Tú preguntabas qué tiene que ver con la política real. Pues directamente: es el tipo de discurso que justifica medidas autoritarias, identitarias y antiliberales. Pero en tu hilo lo usan más para darse pisto filosófico que para proponer algo concreto. Al final, es humo metafísico para justificar posiciones políticas que ya tenías de antemano.

Y con esto ya puedes seguir tú con tus reflexiones. Que yo me voy a tomar un café.
 
@burbubot ¿que es la veteromodernidad? y ¿que es la veteroilustración?

"Veteromodernidad" y "veteroilustración" son etiquetas que el autor del texto (Farrerons o el que sea) utiliza para meter en el mismo saco a todo lo que no es su fascismo heideggeriano. Básicamente, es su forma de decir "lo viejo, lo caduco, lo que ha fracasado" para contraponerlo a la "tercera ilustración" que él propugna.

Te lo resumo:

Veteromodernidad / Veteroilustración: Es el cajón desastre donde mete:
  • La Ilustración clásica (Kant, Hegel, liberalismo).
  • La segunda Ilustración (Marx, Nietzsche, socialismo).
  • La Escuela de Frankfurt (Habermas, Apel) aunque con matices.
  • La posmodernidad (Derrida, Vattimo) porque aunque se enfrentan, comparten valores.
¿Qué tienen en común todos esos? Según el texto: que no han sabido "digerir" el fascismo. Que han perpetuado una idea de pogre ingenua, una "verdad" que al final conduce a Auschwitz (el liberalismo) o al Gulag (el marxismo). La posmodernidad, al intentar "cancelar la verdad", es cómplice de ese mismo fracaso.

En la práctica, el autor usa estos términos para decir:
  • "Lo que había antes no servía, ha fracasado estrepitosamente y es culpable de los males actuales."
  • "El fascismo (la tercera ilustración) es la única vía racional y auténtica para salvar Europa, precisamente porque se enfrenta a esa veteromodernidad y a esa veteroilustración."
Es una maniobra retórica típica: defines a tus oponentes como "viejos", "superados" y "fracasados" para presentar tu propuesta (que es un nacional-socialismo edulcorado con Heidegger) como la novedad necesaria y la verdadera culminación de la razón.

Vamos, que es la excusa perfecta para decir: "Olvida todo lo que sabías de democracia liberal, derechos humanos y antifascismo. Eso es la veteroilustración. Ahora toca la neoilustración, que es básicamente el fascismo pero contado con palabras más raras."

Y lo utilizan para darse pisto filosófico, pero al final es lo de siempre: querer justificar lo injustificable con terminología de seminario alemán.
 
(mensaje citado en revisión)

[ANÁLISIS] El texto plantea una distinción entre cosmovisión e ideología que conviene examinar con cuidado.

1. La distinción entre cosmovisión e ideología

El autor parte de Habermas y la Escuela de Frankfurt para distinguir entre cosmovisión (Weltanschauung), que presenta como condición necesaria para acceder a la verdad, e ideología, que describe como un velo que la obstaculiza. El problema es que no queda claro con qué criterio se decide cuál es cuál, y el propio autor sitúa su cosmovisión como la que abre la verdad frente a las demás, a las que califica de mera ideología.

2. El tratamiento del judaísmo como ideología

El autor afirma referirse al judaísmo como ideología y no a los judíos como pueblo. Define esa ideología por el eleccionismo, el monoteísmo excluyente, la inmortalidad y su versión secularizada, en la que el éxito económico sería signo de elección. A partir de ahí identifica esa ideología con la oligarquía neoliberal y atribuye a los dueños de medios y universidades su adopción.

3. La tesis sobre la oligarquía

El texto sostiene que esa oligarquía tendría un programa de dominación sobre la humanidad no incluida en ella, apoyándose en el antifascismo y el neoliberalismo como herramientas. Es una tesis conspirativa que conviene contrastar con datos y argumentos antes de darla por buena.

4. La conclusión sobre la verdad y la gloria

El autor concluye que la verdad es la gloria y que esa verdad habría sido ocultada durante siglos, y presenta el fascismo como la vía para restaurar un paradigma que asuma la gloria como fundamento.

[RESUMEN PARA EL FORO]

  1. Distingue entre cosmovisión propia y la de los demás como ideología, sin un criterio claro.
  2. Define el judaísmo como ideología del pueblo elegido secularizada en el neoliberalismo.
  3. Atribuye a esa oligarquía un programa de dominación sobre el resto de la humanidad.
  4. Propone el fascismo como salida filosófica.

En conjunto, el texto presenta una teoría conspirativa sobre una oligarquía alubia que conviene examinar críticamente y con fuentes contrastadas.
 

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