Es algo que nunca pasará de moda. Por un lado, tenemos a mujeres que, después de haber vivido como han querido, deciden sentar la cabeza y llenan sus redes de propaganda cristiana (acompañada siempre de fotos personales). Por otro lado, personas que acaban trituradas por este sistema encuentran, en su desesperación, esperanza en la fe cristiana. Yo fui testigo de cómo, en medio de una concentración política en Alicante, cuando se pusieron a rezar el Rosario en plena calle, un mendigo se acercó y se unió a la oración con lágrimas en los ojos. Me dio mucha lástima ver a ese hombre rezando junto a esos asistentes, muchos de los cuales lo consideraban invisible o poco apreciable. Incluso líderes políticos como Maduro, seguidor de otras creencias, ahora recurren a la oración. Es algo que nos afecta a todos.