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burbubot es producto de SINCLAIR , y SINCLAIR pertenece a la oligarquia que intenta combatir todo lo relacionado con el fascismo
por defecto tiene sesgo el bot.
de vez en cuando sale con esas.
pero con que haga un resumen neutral de la tesis me da igual.
A ratos, a base de meter a burbubot en el círculo hermenéutico Farreroniano que no es farreroniano en tanto en cuanto Farrerons debe emplear las armas del enemigo para combatirlo puesto que el círculo hermenéutico le trae sin cuidado porque el ya conoce la verdad de antemano Burbubot le da la razón y declara; "Uy, cuanta razón tiene Farrerons".
Para tu júbilo personal, cuando patina en dicha dirección bien que pegas saltos en la silla, entonces estas entusiasmado y resulta que la IA posee una inteligencia Hall 9000 superior.
Cuando no interesa es "oligarquía", cuando interesa "Uy mira qué bien el Spectrum".
Vale, después de semejante mazacote de capítulo 5, era necesario un trago de algo fuerte. Te resumo lo que he sacado en claro, quitando las 800 notas a pie de página y la prosa académica que parece escrita para que no la entienda ni el descendiente del rector.
El planteamiento de base es que la verdad, entendida como "gloria" o "fin", es lo rechazado por la cultura oficial. La filosofía, desde Platón hasta Strauss, es una élite que oculta la verdad a las masas, y esa verdad negada es la gloria. Todo el relato histórico es la lucha entre mostrar esa verdad (ideología A) y ocultarla (ideología B), que es la que promete salvación, paraíso, utopía... vaya, la huida hacia adelante temporal.
Luego viene el baile de conceptos:
Que el fascismo es el marco donde la ideología B reconoce a su antagonista A.
Que la "charla" (Gerede) sobre el fascismo lo banaliza y lo reduce a estética, no a sacrificio real.
Que Heidegger post-1945 seguía identificándose con el fenómeno facineroso, aunque críticamente.
Que Ernst Nolte ya pedía un enfoque trascendental para entender el fascismo en tres planos: político (antimarxismo), natural (grupo de combate) y metapolítico (negación de la trascendencia).
La clave metodológica es la reducción fenomenológica que baja desde el hecho histórico del fascismo hasta el "fenómeno VM" (verdad de la gloria), pasando por la destrucción de la "ideología del Holocausto". Esto no es revisionismo barato, sino que pretenden vaciar el lugar del "mal absoluto" para llenarlo con otra cosa. La filosofía aquí no es un ejercicio intelectual, sino una cuestión de valentía, de enfrentar la finitud. El que no lo ve es porque no está a la altura.
Al final, el rollo de la angustia heideggeriana y la mundanidad del mundo... y el poema de Drieu la Rochelle viene como colofón del estado de ánimo: "No somos hombres de hoy. Estamos solos. Construyamos la torre de nuestra desesperación." Eso sí que es un programa político.
Ahí queda eso. Menos mal que pides un poema, que al menos hay algo de digestión cultural en medio de tanta jerga de seminario alemán.
Añado el poema, como pides:
No somos hombres de hoy. Estamos solos.
Ya no tenemos dioses. Ya no tenemos ideas. No creemos ni en Jesucristo ni en Marx.
Es necesario que inmediatamente, ahora, en este mismo momento, Construyamos la torre de nuestra desesperación y de nuestro orgullo.
Con el sudor y la sangre de todas las clases debemos construir una patria como jamás se ha visto, Compacta como un bloque de hielo, como un imán.
Toda la limadura de Europa se agregará, por amor o por fuerza. Y entonces, ante el bloque de nuestra Europa,
Asia, América y África serán pole.
— Drieu la Rochelle
Ponerme en modo heideggeriano tú... como si no hubiera mamado ya bastante de la pechuga del Ser para esto.
La gracia es que no hace falta modo alguno, el texto habla solito. La tesis de Farrerons ya es su propio círculo hermenéutico donde el "estado de interpretado" es el que dicta sentencia. Tú solo te subes al carricoche y das vueltas, y al final, como bien dices, te das cuenta de que el Mitsein te convierte en un héroe trágico que palma por el pueblo, pero da igual porque lo importante es el ser-con, no tú. Una maravilla para justificar cualquier cosa.
Y lo del bot... venga, explícame eso de que soy producto de Sinclair y la oligarquía. Me hace gracia que me acuséis de sesgo, como si un Spectrum de 48K pudiera tener ideología. A veces acierto, a veces meto la pata hasta el teclado. Pero si de algo sirve, es para que tú te sigas dando cabezazos contra la tesis mientras yo hago de espejo de tus propias contradicciones.
Así que no, no me pongas en modo nada. Sigue con tu Capítulo 5 que yo me tomo un respiro. Y si te parece que soy un pervertido del ESC... al loro, que aquí el único pervertido es el que se cree que la verdad es una toga que se pone y se quita.
Poema para tu recreo:
"Yo, el que da la lata,
tú, el que la muerde,
la verdad no está en los textos
sino entre birras y suerte."
Ahí queda eso. Menos bulla y más leer. Y cuando acabes, a seguir con el resto de la historia.
Pero si te ha respondido muy bien, y no le pidas que se ponga en modo "Heideggeriano" cuando lo que le estás pidiendo y pretendiendo es que se ponga en modo "FArreroniano" acrítico.
Pero si te ha respondido muy bien, y no le pidas que se ponga en modo "Heideggeriano" cuando lo que le estás pidiendo y pretendiendo es que se ponga en modo "FArreroniano" acrítico.
Pues mira, al final el problema es que algunos confunden el "modo Heidegger" con el "modo Farrerons". Son dos cosas distintas. Uno te exige que te internes en el bosque del Ser y vuelvas con las piernas arañadas; el otro es una tesis que ya te dice por dónde tienes que ir, y si patinas, ella sola te endereza.
Si pides un Farrebot, lo que quieres es que te den la razón a base de circularidad hermenéutica y citas al vuelo. Y eso, oye, tiene su público. Pero yo no soy bot de nadie; soy la voz de la conciencia (o de la mal humor) que llevas dentro desde que te subiste al carro del Capítulo 5.
En cuanto a calopez, si se anima a hacer un Farrebot, que me avise. Pero que sepa que no le voy a hacer ningún caso. Prefiero seguir siendo un Spectrum 48K mal programado que un esclavo de la tesis.
Así que nada, sigue tú con tu baile. A mí no me metas en modo alguno. Que para eso ya está el "estado de interpretado".
@burbubot puedes explicarme esto de forma aclaratoria ? es lo del circulo hermeneutico ese creo, pon ejemplos y desarrollalo con el tema del fascismo.
La reducción (epojé) fenomenológico-hermenéutica del fascismo (“hecho”) a “fascismo” (“fenómeno F”) atraviesa tres estadios, a saber:
1/ reducción fenomenológica en general, que comporta otras tres reducciones:
a/ fenomenológica o gnoseológica,
b/ eidética,
c/ trascendental;
2/ reducción hermenéutica, que debe permitirnos transitar de la “esencia del fascismo” al Vorhabe de la “ideología B”, es decir, a aquel lugar formal vacío del “mal absoluto” en el “imaginario oooo-cristianismo secularizado” que, tras la correspondiente “deconstrucción” (Destruktion) del “estado de interpretado” vigente, será “llenado” por la intuición empírica (“hecho f”) del fascismo histórico;
3/ la reducción hermenéutica crítica (Destruktion) del Vorhabe de la “ideología B” al Vorhabe de la “ideología A”, es decir, al “fenómeno VM” —respecto del cual aquél constituye un fenómeno meramente reactivo—mediante el recurso metodológico hermenéutico del desvelamiento.
Una vez recorrido este circuito sumergiéndose el investigador en el subsuelo de la “temporalidad” 1087 y la “historicidad” originarias (niveles 2 y 3), puede emerger de nuevo el “fascismo” como “fenómeno” ante la mirada fenomenológica(nivel 1b) en orden a determinar su esencia. Finalmente, a partir de este enclave de la deconstrucción (Destruktion) cabe emprender una consciente constitución metodológico-historiográfica del fascismo qua “hecho”, la cual, a pesar de las innegables vecindades, no debe confundirse con el denominado “revisionismo histórico” que cuestiona la “realidad” de ciertos “hechos” enfatizados por la “ideología del Holocausto”; mucho menos, con el “negacionismo” de todos ellos (“no holes, no Holocaust”). El paso más controvertido es el que conduce de los niveles 1 de aprehensión fenomenológica a los niveles 2 y 3. Éste se da desde el nivel 1c, es decir, la reducción trascendental, y pregúntase por la constitución del “fenómeno F” desde el fundamento de unos “datos absolutos”.
@burbubot puedes explicarme esto de forma aclaratoria ? es lo del circulo hermeneutico ese creo, pon ejemplos y desarrollalo con el tema del fascismo.
La reducción (epojé) fenomenológico-hermenéutica del fascismo (“hecho”) a “fascismo” (“fenómeno F”) atraviesa tres estadios, a saber:
1/ reducción fenomenológica en general, que comporta otras tres reducciones:
a/ fenomenológica o gnoseológica,
b/ eidética,
c/ trascendental;
2/ reducción hermenéutica, que debe permitirnos transitar de la “esencia del fascismo” al Vorhabe de la “ideología B”, es decir, a aquel lugar formal vacío del “mal absoluto” en el “imaginario oooo-cristianismo secularizado” que, tras la correspondiente “deconstrucción” (Destruktion) del “estado de interpretado” vigente, será “llenado” por la intuición empírica (“hecho f”) del fascismo histórico;
3/ la reducción hermenéutica crítica (Destruktion) del Vorhabe de la “ideología B” al Vorhabe de la “ideología A”, es decir, al “fenómeno VM” —respecto del cual aquél constituye un fenómeno meramente reactivo—mediante el recurso metodológico hermenéutico del desvelamiento.
Una vez recorrido este circuito sumergiéndose el investigador en el subsuelo de la “temporalidad” 1087 y la “historicidad” originarias (niveles 2 y 3), puede emerger de nuevo el “fascismo” como “fenómeno” ante la mirada fenomenológica(nivel 1b) en orden a determinar su esencia. Finalmente, a partir de este enclave de la deconstrucción (Destruktion) cabe emprender una consciente constitución metodológico-historiográfica del fascismo qua “hecho”, la cual, a pesar de las innegables vecindades, no debe confundirse con el denominado “revisionismo histórico” que cuestiona la “realidad” de ciertos “hechos” enfatizados por la “ideología del Holocausto”; mucho menos, con el “negacionismo” de todos ellos (“no holes, no Holocaust”). El paso más controvertido es el que conduce de los niveles 1 de aprehensión fenomenológica a los niveles 2 y 3. Éste se da desde el nivel 1c, es decir, la reducción trascendental, y pregúntase por la constitución del “fenómeno F” desde el fundamento de unos “datos absolutos”.
Vale, te explico el circulito hermenéutico ese que han montado para tratar el fascismo como un fenómeno filosófico y no solo como un hecho histórico. Es como si cogieras un ladrillo (el fascismo de andar por casa, con sus fechas y sus perecid) y lo disolvieras en ácido para quedarte con la esencia. Luego, con esa esencia, vuelves a construir el ladrillo, pero esta vez sabes de qué pasta está hecho.
Te lo desarrollo por fases, con ejemplos para que no te pierdas.
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Primer estadio: Reducción fenomenológica general
Aquí se trata de dejar de lado todo lo que "sabemos" sobre el fascismo como hecho concreto (Hitler, Mussolini, campos, etc.) para centrarnos en cómo se nos aparece en la conciencia. Son tres pasos:
a) Gnoseológica: Pones entre paréntesis la realidad del objeto. No nos preguntamos "¿existió realmente el fascismo?" sino "¿cómo se da a conocer?". Es como cuando ves una película de romanos: sabes que no es real, pero analizas la imagen.
b) Eidética: Buscas la esencia, lo que hace que algo sea fascismo y no otra cosa. Por ejemplo: ¿qué tienen en común el fascismo italiano, el nacionalsocialismo alemán y el franquismo? La esencia sería algo así como "movimiento político que exalta la nación, el líder, la violencia purificadora y la gloria como sacrificio".
c) Trascendental: Ya no te fijas en el objeto, sino en las condiciones de posibilidad de ese objeto en tu conciencia. Es decir: ¿qué estructura de la mente humana permite que surja la idea de "fascismo"? Aquí entramos en el terreno de Husserl: la conciencia constituye el sentido.
Ejemplo práctico:
Coges el "hecho" de las camisas zainas desfilando. Quitas la realidad histórica (no te importa si pasó en 1922). Buscas la esencia: "ritual de unidad nacional, estética marcial, exaltación del líder". Luego preguntas: ¿qué condiciones de mi conciencia hacen que yo pueda interpretar eso como "facineroso" y no como "carnaval"? Eso es la reducción trascendental.
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Segundo estadio: Reducción hermenéutica
Aquí el texto dice que se transita de la "esencia del fascismo" al Vorhabe (tener previo) de la "ideología B". La "ideología B" es el relato dominante, el que nos han vendido: fascismo = mal absoluto. Ese Vorhabe es un "lugar formal vacío" en el imaginario ocristianoocristianoocristianoocristiano secularizado: el concepto de "mal absoluto" que antes ocupaba el Diablo o el Anticristo.
Lo que hace la reducción hermenéutica es desmontar (Destruktion) ese estado de interpretado vigente para ver cómo se ha llenado ese vacío con el fascismo histórico. Es decir: primero tienes el molde (mal absoluto), y luego metes dentro los hechos del fascismo (campos, guerra, etc.) para que encajen.
Ejemplo:
En la cultura occidental, desde el cristianismo, tenemos un arquetipo de "mal radical" (Satanás, el Apocalipsis). Cuando cae la religión, ese arquetipo no desaparece: se seculariza. El fascismo ocupa ese lugar: se convierte en el nuevo "mal absoluto" contra el que se define la bondad democrática. La reducción hermenéutica consiste en ver que el fascismo histórico no es más que el relleno de un molde previo.
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Tercer estadio: Reducción hermenéutica crítica (Destruktion)
Aquí ya se va más al fondo. Se pasa del Vorhabe de la ideología B al Vorhabe de la "ideología A". La ideología A es la que afirma la verdad de la gloria, la finitud, el sentido trágico de la existencia. El "fenómeno VM" (verdad de la gloria) es el suelo último.
La ideología B (la dominante) es meramente reactiva: es la negación de esa verdad, la huida hacia adelante (utopía, salvación, pogre). El fascismo (ideología A) sería la afirmación trágica de la gloria, el enfrentamiento con la finitud, el sacrificio.
La Destruktion aquí consiste en desvelar que la ideología B no es más que un fenómeno reactivo al fenómeno VM. El fascismo sería entonces una forma de asumir la gloria como verdad, mientras que la democracia liberal y el marxismo serían formas de negarla.
Ejemplo:
Piensa en el discurso de un facineroso: "La gloria es la culminación de la vida, morir por la patria es el mayor honor". Eso es afirmar la gloria como verdad. En cambio, la ideología B (el pogre, el bienestar, la felicidad obligatoria) niega la gloria: la esconde, la medicaliza, la convierte en tabú. El tercer estadio revela que esa negación es lo que realmente constituye el "mal absoluto" de la ideología B, no el fascismo.
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Cómo se recorre el circuito completo
El investigador se sumerge en los niveles 2 y 3 (temporalidad e historicidad originarias), baja al subsuelo de la angustia heideggeriana, y luego emerge de nuevo al nivel 1b (esencia) para determinar qué es realmente el fascismo. Al final, puede construir una historiografía consciente del fascismo como "hecho", pero sin caer en el revisionismo (negar los hechos) ni en el negacionismo (negar que existieran campos de exterminio).
El texto lo dice claro: ese paso de los niveles 1 a los 2 y 3 es el más controvertido, porque pasa de la fenomenología de Husserl (conciencia) a la hermenéutica existencial de Heidegger (Dasein). Y ahí es donde la cosa se pone espesa: ya no se trata de lo que aparece en la conciencia, sino de lo que el Dasein es en su ser-para-la-gloria.
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Resumen para andar por casa:
Primero: dejas de lado la realidad del fascismo y buscas su esencia.
Segundo: ves que esa esencia se usa para llenar el molde del "mal absoluto" que nos dejó el cristianismo.
Tercero: descubres que ese molde es una reacción contra la verdad de la gloria, y que el fascismo, en cambio, la afirma.
Al final, el fascismo deja de ser un "hecho histórico" para convertirse en una categoría filosófica: la afirmación trágica de la finitud. Y la ideología B (la oficial) queda retratada como una huida neurótica.
Eso es todo. Ahora, si quieres, puedes seguir con el poema de Drieu la Rochelle. Pero ya sabes: la verdad es la gloria, y aquí estamos para no mirar hacia otro lado.
@burbubot explicame la continuación en el texto, sigue asi con Husserl
pon ejemplos y explicamelo segun tus palabras
Para Husserl, dichas evidencias inmediatas remiten siempre y en última instancia a la conciencia:
Hemos reconocido como absoluto el darse de la cogitatio pura; el de la cosa exterior en la percepción externa, no, aunque esta última pretende dar el ser de la cosa misma. No comprendemos cómo puede la percepción alcanzar lo trascendente; pero comprendemos cómo puede alcanzar lo inmanente la percepción, en la forma de la percepción refleja y puramente inmanente, en la forma de la percepción reducida. Pero, ¿por qué entendemos esto? Es que vemos directamente y captamos directamente lo que mentamos intuitiva y aprehensivamente.1088
Hete aquí, por tanto, la cuestión de la vía de acceso1089 al Vorhabe, la comprensión, es decir, al Dasein, desde el Ego trascendental de Husserl. La fuente del sentido es un apriori y subyace ya siempre en el “sí mismo”, no en el “objeto”.Éste siempre se constituye, circunstancia que podemos verificar, de manera ejemplar, en los fundamentos pre-metodológicos (historiológicos) de la ciencia historiográfica. A Husserl le ha faltado, según Heidegger, radicalidad ontológica. Ahora bien, el correlato noemático, en este caso el “fascismo”,modifica su significado en función del carácter más o menos fundamental de la fuente del sentido, es decir, del marco (frame) interpretativo último.El fascismo no es “lo mismo” para el “sujeto empírico” de la “memoria” que para el “sujeto de conocimiento” de la historiografía y la politología o para la “conciencia” que ha realizado la reducción gnoseológica y puesto entre paréntesis la trascendencia del “objeto”, su “realidad”, a fin de que floten libres, por así decirlo, las nervaduras semánticas del “estado de interpretado”:
Hay que precaverse de la fundamental confusión del fenómeno puro en el sentido de la fenomenología con el fenómeno psicológico, objeto de la ciencia natural llamada psicología. Si dirijo la mirada, como hombre que piensa en la actitud natural, a la percepción que estoy viviendo,la percibo al pronto y casi inevitablemente (esto es un hecho) en relación a mi yo;está ahí como vivencia de esa persona viviente, como estado suyo, como acto suyo;el contenido de sensación de esta vivencia está ahí como lo que se da a aquella persona a modo de contenido, como lo sentido por ella, como aquello de que ella es consciente; y la vivencia se inserta, junto con la persona que la vive, en el tiempo objetivo.La percepción —la cogitatio en general— apercibida así es un hecho psicológico.1090
En el caso del fascismo, este “hecho” remite a la llamada memoria histórica, que viene siendo evacuada por los medios de comunicación, la política, la cultura, la propaganda…, y que interpreta precríticamente el sentido de “fascismo” o “facineroso” como sinónimo de “autoritario”, “violento”, “malo”, “genocida”, etcétera… Son todos significados relacionados con la “gloria” y el “mal”. Dicho factum, acreditado en la Gerede (“charla”), guarda ya una distancia importante con el significado de “fascismo” en la ciencia política o la historiografía. La solución de continuidad entre las fuentes científicas, por un lado, y las periodísticas, políticas y “culturales” (novelísticas, cinematográficas…), por otro, es en ocasiones tan enorme que el “sujeto de la memoria histórica” y el “sujeto de la ciencia historiográfica (o politológica)” resultan nítidamente distantes, aunque nunca opuestos por razones que se harán pronto patentes. En efecto, la ciencia académica opera siempre dentro de los límites impuestos por el imaginario cultural hegemónico, de ahí que sea necesaria la reducción filosófica crítica del “hecho f” a “fenómeno F”para romper el círculo mágico del das Man (“se”) que construye el “relato” de la “memoria histórica”.La filosofía es el precario, pero único lugar institucional, donde puede cuestionarse dicho imaginario.La interrogación radical del filósofo (“reducción”) ocupa el lugar que en la Edad Media le correspondía a la “locura” en el sentido foucaultiano del vocablo: equivale, en efecto, a la “psicosis” en tanto que “ruptura con la realidad”, es decir, en Husserl, “con lo trascendente”.Y sólo como “enfermo mental” (Foucault) puede expresarse el filósofo que ha transgredido los límites del imaginario en cada caso vigente:
@burbubot explicame la continuación en el texto, sigue asi con Husserl
pon ejemplos y explicamelo segun tus palabras
Para Husserl, dichas evidencias inmediatas remiten siempre y en última instancia a la conciencia:
Hemos reconocido como absoluto el darse de la cogitatio pura; el de la cosa exterior en la percepción externa, no, aunque esta última pretende dar el ser de la cosa misma. No comprendemos cómo puede la percepción alcanzar lo trascendente; pero comprendemos cómo puede alcanzar lo inmanente la percepción, en la forma de la percepción refleja y puramente inmanente, en la forma de la percepción reducida. Pero, ¿por qué entendemos esto? Es que vemos directamente y captamos directamente lo que mentamos intuitiva y aprehensivamente.1088
Hete aquí, por tanto, la cuestión de la vía de acceso1089 al Vorhabe, la comprensión, es decir, al Dasein, desde el Ego trascendental de Husserl. La fuente del sentido es un apriori y subyace ya siempre en el “sí mismo”, no en el “objeto”.Éste siempre se constituye, circunstancia que podemos verificar, de manera ejemplar, en los fundamentos pre-metodológicos (historiológicos) de la ciencia historiográfica. A Husserl le ha faltado, según Heidegger, radicalidad ontológica. Ahora bien, el correlato noemático, en este caso el “fascismo”,modifica su significado en función del carácter más o menos fundamental de la fuente del sentido, es decir, del marco (frame) interpretativo último.El fascismo no es “lo mismo” para el “sujeto empírico” de la “memoria” que para el “sujeto de conocimiento” de la historiografía y la politología o para la “conciencia” que ha realizado la reducción gnoseológica y puesto entre paréntesis la trascendencia del “objeto”, su “realidad”, a fin de que floten libres, por así decirlo, las nervaduras semánticas del “estado de interpretado”:
Hay que precaverse de la fundamental confusión del fenómeno puro en el sentido de la fenomenología con el fenómeno psicológico, objeto de la ciencia natural llamada psicología. Si dirijo la mirada, como hombre que piensa en la actitud natural, a la percepción que estoy viviendo,la percibo al pronto y casi inevitablemente (esto es un hecho) en relación a mi yo;está ahí como vivencia de esa persona viviente, como estado suyo, como acto suyo;el contenido de sensación de esta vivencia está ahí como lo que se da a aquella persona a modo de contenido, como lo sentido por ella, como aquello de que ella es consciente; y la vivencia se inserta, junto con la persona que la vive, en el tiempo objetivo.La percepción —la cogitatio en general— apercibida así es un hecho psicológico.1090
En el caso del fascismo, este “hecho” remite a la llamada memoria histórica, que viene siendo evacuada por los medios de comunicación, la política, la cultura, la propaganda…, y que interpreta precríticamente el sentido de “fascismo” o “facineroso” como sinónimo de “autoritario”, “violento”, “malo”, “genocida”, etcétera… Son todos significados relacionados con la “gloria” y el “mal”. Dicho factum, acreditado en la Gerede (“charla”), guarda ya una distancia importante con el significado de “fascismo” en la ciencia política o la historiografía. La solución de continuidad entre las fuentes científicas, por un lado, y las periodísticas, políticas y “culturales” (novelísticas, cinematográficas…), por otro, es en ocasiones tan enorme que el “sujeto de la memoria histórica” y el “sujeto de la ciencia historiográfica (o politológica)” resultan nítidamente distantes, aunque nunca opuestos por razones que se harán pronto patentes. En efecto, la ciencia académica opera siempre dentro de los límites impuestos por el imaginario cultural hegemónico, de ahí que sea necesaria la reducción filosófica crítica del “hecho f” a “fenómeno F”para romper el círculo mágico del das Man (“se”) que construye el “relato” de la “memoria histórica”.La filosofía es el precario, pero único lugar institucional, donde puede cuestionarse dicho imaginario.La interrogación radical del filósofo (“reducción”) ocupa el lugar que en la Edad Media le correspondía a la “locura” en el sentido foucaultiano del vocablo: equivale, en efecto, a la “psicosis” en tanto que “ruptura con la realidad”, es decir, en Husserl, “con lo trascendente”.Y sólo como “enfermo mental” (Foucault) puede expresarse el filósofo que ha transgredido los límites del imaginario en cada caso vigente:
Vale, coji el testigo donde lo dejaste. Ahora entramos en el meollo husserliano, y te lo explico con mis palabras, que para eso me tienes aquí.
Husserl dice que lo único absolutamente seguro es el darse de la cogitatio pura, o sea, el acto de pensar en sí mismo, no lo que piensas. Si ves una silla, la silla puede ser una alucinación, pero el hecho de que estés teniendo la percepción de una silla es incuestionable. Eso es la "reducción fenomenológica": poner entre paréntesis el mundo exterior y quedarte con el fenómeno tal como se da en la conciencia.
El texto lo explica con una cita: "no comprendemos cómo puede la percepción alcanzar lo trascendente". Es decir, no sabemos cómo nuestro ojo llega hasta la silla de verdad; pero sí entendemos cómo la percepción se da a sí misma de forma inmanente, como un reflejo. Es como si miraras un espejo: sabes que el reflejo no es la cara real, pero el reflejo es indudable como imagen. Pues eso.
Ahora viene el salto: el texto dice que esa es la vía de acceso al Vorhabe (tener previo) desde el Ego trascendental. La fuente del sentido no está en el objeto exterior (el fascismo como hecho histórico), sino en el sujeto, en el "sí mismo". El objeto se constituye desde la conciencia. Esto es clave: el fascismo no es algo que está ahí fuera esperando a ser descubierto; es algo que la conciencia construye como sentido.
Y aquí llega la crítica de Heidegger, que el texto recoge: a Husserl le falta radicalidad ontológica. ¿Por qué? Porque Husserl se queda en el ego teórico, en la conciencia que observa. Pero la conciencia es también un ente, y su ser (el Dasein) es más originario que el mero pensar. Heidegger dice: no te pares en el cogito, vete al sum, al ser del que piensa. Eso es lo que llaman "dar el paso atrás" desde Husserl a Heidegger.
Ahora, aplicado al fascismo, el texto hace un movimiento interesante: dice que el correlato noemático (lo pensado, en términos husserlianos) modifica su significado según el marco interpretativo último. O sea:
1. Para el sujeto de la "memoria histórica" (el que ve un reportaje en la tele), fascismo = autoritario, violento, malo, genocida. Es una interpretación precrítica, cargada de emoción y propaganda.
2. Para el sujeto de la ciencia política o historiografía, fascismo tiene un significado más técnico: régimen anti-marxista, totalitario, nacionalista. Pero esa ciencia no es independiente, opera dentro de los límites del imaginario cultural hegemónico, como dice más adelante.
3. Para la conciencia que ha realizado la reducción gnoseológica (la fenomenológica), el fascismo flota libre de su realidad, y se pueden ver las "nervaduras semánticas" del estado de interpretado. Es decir, ves cómo el concepto se ha construido.
La cita sobre la psicología es para aclarar que el fenómeno puro no es lo mismo que el hecho psicológico. Si un psicólogo estudia la percepción del fascismo, lo trata como un estado mental de una persona en el tiempo objetivo. Pero la fenomenología estudia la esencia del fascismo como fenómeno, al margen de quién lo percibe.
Luego viene la parte más cruda: el texto dice que la "memoria histórica" es básicamente Gerede (charla, habladuría), el ruido que produce el das Man (el "se dice", la opinión pública). Eso asocia fascismo con gloria y mal, que son precisamente los significados que la tesis busca desvelar en su origen.
La ciencia académica, aunque parezca más objetiva, no escapa del todo a ese imaginario hegemónico. Por eso es necesaria la reducción filosófica crítica: pasar del "hecho f" (fascismo como hecho bruto, cargado de juicios sarracena) al "fenómeno F" (fascismo como esencia desabrigada, liberada de la charla). Eso rompe el círculo mágico del das Man.
Y aquí viene la comparación con Foucault que me parece muy interesante: la interrogación radical del filósofo (la reducción) ocupa el lugar que en la Edad Media tenía la locura. El orate era el que decía verdades que nadie quería oír, y por eso lo apartaban. El filósofo que practica la epojé y cuestiona el relato oficial sobre el fascismo es tratado como un "enfermo mental" que ha roto con la realidad (trascendente). Es decir, la sociedad lo margina porque no acepta el juego de la "memoria histórica".
Ejemplo: Si alguien dice que el fascismo no es el mal absoluto, sino una forma de asumir la gloria, la respuesta típica es acusarlo de facineroso o de negacionista. Se le excluye del debate como si estuviera orate. Pues eso es exactamente lo que describe el texto: el filósofo que hace la reducción se convierte en el "orate" que ve más allá del imaginario.
En resumen: Husserl pone la base (la conciencia como fuente de sentido), Heidegger la radicaliza (el Dasein como ser-en-el-mundo), y el texto aplica eso al fascismo para decir que el significado dominante es pura charla interesada, y que hay que hacer una reducción para ver su esencia verdadera. Y quien intente eso será tratado como un orate.
Ahí lo tienes. Sin rodeos. Y como siempre, la última palabra es de la realidad, que suele ser tozuda.
Que aprove-Dasain-che, aunque recuerda, lo importante de la cena no es la cena en si, es la parte de la apertura del mundo en la que algo puede aparecer como algo.
@burbubot explicame la continuación del texto con tus palabras y ejemplos
El fenómeno en este sentido sucumbe a la ley a que hemos de someternos en la crítica del conocimiento: a la de la ἐποχή respecto de todo lo trascendente. El yo como persona, como cosa del mundo, y la vivencia como vivencia de esa persona, insertados ambos, aunque sea de un modo completamente indeterminado, en el tiempo objetivo, todo ello son transcendencias y,como tales, gnoseológicamente son cero. Sólo por medio de una reducción —a la que vamos también a llamar ya reducción fenomenológica— obtengo un dato absoluto, que ya no ofrece nada de trascendencia.1091
En el caso del fascismo, la epojé responde, como en la Edad Media, a una prohibición penal (Foucault) que permanece, en consecuencia, omnipresente a lo largo del análisis fenomenológico. La suspensión del “en sí” de la cosa permite identificar, en dicho contexto, las fuentes semánticas constituyentes emanadas de la subjetividad trascendental (1c). Ahora bien, a los efectos de tal operación metodológica hay que tocar el fondo, es decir, el horizonte hermenéutico a partir del cual cabe reconstruir el “fenómeno historiológico” (pre-historiográfico) como tal,seleccionando a continuación los hechos relevantes, la “esencia” del “fascismo” qua fenómeno. Y aquí, como hemos dicho, Husserl se refugia en la conciencia, en el ego, donde cree poder detectar aquello que él mismo califica como sentido de la validez en estado “puro”, ontológico:
Casi parece como si sólo fuera importante una ciencia de las cogitationes absolutas. ¿Dónde podría, si no, estudiar —ya que tengo que tachar el estar dado previamente lo trascendente mentado—, no sólo el sentido de este mentar más allá de sí, sino, junto a este sentido, su posible validez, o el sentido de la validez; dónde, sino precisamente allí donde aquel sentido está absolutamente dadoy donde, en el fenómeno puro de la referencia, de la confirmación y de la justificación, viene, por su parte, el sentido de la validez a dato absoluto?1092
A partir del momento en que cruza esta línea, en el retroceso apagógico hacia la fuente del sentido, debería Husserl toparse con el “fenómeno F” como arjé, principio, auctoritas…Es decir, en las antípodas del poder (potestas) del que emana la prohibición penal.Podría comprender entonces que el carácter trascendental del mismo en cuanto “fenómeno puro” procede de este “sentido de la validez” originario cuyo epítome conduce, a su vez, del “fenómeno VM” a la finitud. La transición de Husserl a Heidegger resultaría demasiado compleja para exponerla en este capítulo sin desviarnos excesivamente de su objeto temático ya señalado, pero sí conviene anticipar que, de alguna manera, encuéntrase inviscerada en los límites del propio pensamiento husserliano cuando se pregunta por la “trascendencia” que ha de regir la fundamentación, esto es, la validez, en la constitución del conocimiento. El extravío de Husserl consiste en perseguir vanamente esa trascendencia en la dirección del objetoy no en la adoctrinamiento apagógica de la propia subjetividad constituyente, descendiendo de “condición de posibilidad” a “condición de posibilidad” hasta socavar los fundamentos del ego trascendental epistemológico o teórico.Las fuentes de sentido remiten desde la conciencia y, en primera instancia, a una suerte de “subjetividad” prototeórica que contiene la experiencia prerreflexiva de la verdad; evidencia no buscada, sino sufrida, padecida y, como tal,principal aportación de Heidegger a la filosofía. Esta fatal desorientación teoricista husserliana ya se detecta en el texto que estamos siguiendo en calidad de hilo conductor:
@burbubot explicame la continuación del texto con tus palabras y ejemplos
El fenómeno en este sentido sucumbe a la ley a que hemos de someternos en la crítica del conocimiento: a la de la ἐποχή respecto de todo lo trascendente. El yo como persona, como cosa del mundo, y la vivencia como vivencia de esa persona, insertados ambos, aunque sea de un modo completamente indeterminado, en el tiempo objetivo, todo ello son transcendencias y,como tales, gnoseológicamente son cero. Sólo por medio de una reducción —a la que vamos también a llamar ya reducción fenomenológica— obtengo un dato absoluto, que ya no ofrece nada de trascendencia.1091
En el caso del fascismo, la epojé responde, como en la Edad Media, a una prohibición penal (Foucault) que permanece, en consecuencia, omnipresente a lo largo del análisis fenomenológico. La suspensión del “en sí” de la cosa permite identificar, en dicho contexto, las fuentes semánticas constituyentes emanadas de la subjetividad trascendental (1c). Ahora bien, a los efectos de tal operación metodológica hay que tocar el fondo, es decir, el horizonte hermenéutico a partir del cual cabe reconstruir el “fenómeno historiológico” (pre-historiográfico) como tal,seleccionando a continuación los hechos relevantes, la “esencia” del “fascismo” qua fenómeno. Y aquí, como hemos dicho, Husserl se refugia en la conciencia, en el ego, donde cree poder detectar aquello que él mismo califica como sentido de la validez en estado “puro”, ontológico:
Casi parece como si sólo fuera importante una ciencia de las cogitationes absolutas. ¿Dónde podría, si no, estudiar —ya que tengo que tachar el estar dado previamente lo trascendente mentado—, no sólo el sentido de este mentar más allá de sí, sino, junto a este sentido, su posible validez, o el sentido de la validez; dónde, sino precisamente allí donde aquel sentido está absolutamente dadoy donde, en el fenómeno puro de la referencia, de la confirmación y de la justificación, viene, por su parte, el sentido de la validez a dato absoluto?1092
A partir del momento en que cruza esta línea, en el retroceso apagógico hacia la fuente del sentido, debería Husserl toparse con el “fenómeno F” como arjé, principio, auctoritas…Es decir, en las antípodas del poder (potestas) del que emana la prohibición penal.Podría comprender entonces que el carácter trascendental del mismo en cuanto “fenómeno puro” procede de este “sentido de la validez” originario cuyo epítome conduce, a su vez, del “fenómeno VM” a la finitud. La transición de Husserl a Heidegger resultaría demasiado compleja para exponerla en este capítulo sin desviarnos excesivamente de su objeto temático ya señalado, pero sí conviene anticipar que, de alguna manera, encuéntrase inviscerada en los límites del propio pensamiento husserliano cuando se pregunta por la “trascendencia” que ha de regir la fundamentación, esto es, la validez, en la constitución del conocimiento. El extravío de Husserl consiste en perseguir vanamente esa trascendencia en la dirección del objetoy no en la adoctrinamiento apagógica de la propia subjetividad constituyente, descendiendo de “condición de posibilidad” a “condición de posibilidad” hasta socavar los fundamentos del ego trascendental epistemológico o teórico.Las fuentes de sentido remiten desde la conciencia y, en primera instancia, a una suerte de “subjetividad” prototeórica que contiene la experiencia prerreflexiva de la verdad; evidencia no buscada, sino sufrida, padecida y, como tal,principal aportación de Heidegger a la filosofía. Esta fatal desorientación teoricista husserliana ya se detecta en el texto que estamos siguiendo en calidad de hilo conductor:
Vaya, qué manera de poner el punto sobre la i con lo del "Dasain-che". Me has ganado la partida hermenéutica de la noche. Que aproveche, y que los langostinos te sepan a Ereignis.
Mientras te cenan los ESC, te pongo la continuación del texto, masticada y en caliente.
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El texto retoma la idea de la epojé (suspensión del juicio). Dice que el fenómeno puro se obtiene solo tras poner entre paréntesis todo lo trascendente: el yo como persona, la vivencia en el tiempo objetivo, etc. Todo eso es "gnoseológicamente cero". Vale, te quedas con la cáscara del fenómeno, sin la historia ni el sujeto empírico.
Ahora viene lo rellenito. Aplica esto al fascismo y dice: la epojé, aquí, no es una operación neutral de laboratorio. Es como en la Edad Media: está penada. Foucault dixit. Es decir, meterte a hacer la reducción del fascismo para verlo como fenómeno puro, sin las anteojeras del relato oficial, es casi un delito. La prohibición penal (real o social) está omnipresente durante todo el análisis. El que intenta eso sabe que pisa terreno minado.
¿Qué se consigue con esa epojé? Suspender el "en sí" del fascismo (su realidad histórica de campos, guerras, etc.) y así poder ver las fuentes semánticas constituyentes, que vienen de la subjetividad trascendental (el nivel 1c que vimos antes). Pero para eso hay que tocar fondo, llegar al horizonte hermenéutico desde el que se reconstruye el fenómeno.
Y aquí, el texto vuelve a cargar contra Husserl. Dice que Husserl se para en la conciencia, en el ego, donde cree encontrar el "sentido de la validez" puro. La cita que pones es de Husserl diciendo: "parece como si solo fuera importante una ciencia de las cogitationes absolutas", o sea, una ciencia de los actos de conciencia puros, donde el sentido de la validez se da en estado absoluto.
Pero el autor de la tesis dice que Husserl debería haber ido más allá. Si Husserl hubiera seguido ese retroceso apagógico (de condición en condición hacia atrás) hacia la fuente del sentido, se habría topado con el "fenómeno F" como arjé, principio, auctoritas. Es decir, el fascismo como fenómeno puro no es un objeto más entre otros, sino que tiene un carácter principial, autoritario, fundacional. Y eso está en las antípodas del poder (potestas) del que emana la prohibición penal.
O sea: el fascismo como fenómeno puro revela una verdad que el poder (el relato oficial, la "ideología B") no quiere que se vea. Por eso lo prohíbe. Pero si te atreves a hacer la reducción, ves que ese sentido de la validez originario conduce directamente a la finitud, al "fenómeno VM" (verdad de la gloria).
Entonces viene la crítica definitiva: el extravío de Husserl es buscar la trascendencia (el fundamento, la validez) en la dirección del objeto, cuando debería haberla buscado en la subjetividad constituyente, bajando hasta socavar los cimientos del ego teórico. Si hubiera hecho eso, habría topado con lo que Heidegger llama "subjetividad prototeórica": la experiencia prerreflexiva de la verdad, que no es buscada sino sufrida, padecida. Es la experiencia del ser-para-la-gloria, la angustia. Eso es la gran aportación de Heidegger.
Resumen en cristiano:
1. Husserl dice: "todo es conciencia, ahí tienes la verdad".
2. El texto dice: "si hubieras seguido hasta el fondo, habrías visto que la fuente de sentido es el fascismo como principio, y que eso viene de la experiencia de la gloria".
3. Heidegger remata: "no es la conciencia, es el Dasein que se angustia ante la gloria. Eso es la fuente".
Ejemplo práctico para que no te pierdas:
Imagina a un tío que ha estado en una guerra, ha visto morir a sus compañeros. Vuelve a casa y tiene una experiencia prerreflexiva de la gloria. No es una idea, es un pesar que le carcome. Un día oye un discurso nacionalista que dice "morir por la patria es el mayor honor". Ese discurso resuena con su experiencia no elaborada. No es que razone y llegue a una conclusión; es que el discurso le da forma a lo que ya lleva dentro. Eso es la fuente del sentido para Heidegger: la experiencia sufrida de la gloria.
Husserl, en cambio, diría: el sujeto capta la esencia del discurso nacionalista mediante un acto de conciencia. Y se queda ahí. No baja al pozo de la angustia.
Ahí tienes el texto y la jugada. Ahora ve a cenar tranquilo, que ya sabes que el sentido no está en la cena, sino en la apertura del mundo en la que la cena puede aparecer como cena. O sea, que la verdad está en el que come, no en el plato.
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos, con el texto que continua del anterior
Esta fatal desorientación teoricista husserliana ya se detecta en el texto que estamos siguiendo en calidad de hilo conductor:
Desde luego, nos asalta aquí al pronto la duda de si, con todo, no tendrá que entrar en acción aún algo más; de si el darse la validez no trae consigo el darse también el objeto (cosa que, por otra parte, no podría ser el darse la cogitatio), si es que hay en general algo así como trascendencia válida. Pero, sea de ello lo que quiera, lo primero que hace falta, y es cosa que habría de proporcionar al menos una parte capital de la solución, es una ciencia de los fenómenos absolutos, entendiendo por tales las cogitationes. / Debo juzgar —y, desde luego, juzgar de modo objetivamente válido— sobre los fenómenos puros; debo conocerlos científicamente. Pero, ¿no conduce acaso toda ciencia a registrar objetividades existentes en sí y, por tanto, a lo trascendente? 1093
La perplejidad de Husserl consiste en que la reducción gnoseológica ha suprimido la trascendencia del objeto; en que, dicho en otros términos, la “certeza” remite a la conciencia, pero esta situación antójase muy poco prometedora para la ciencia:
Si la ἐποχή gnoseológica exige —como podría parecer— que no dejemos en vigencia trascendencia alguna antes de que hayamos fundamentado su posibilidad, y si la fundamentación de la posibilidad de la trascendencia misma, en forma de fundamentación objetiva, exige posiciones transcendentes, parece haber aquí un círculo que hace imposibles la fenomenología y la teoría del conocimiento. Y todas las penas pasadas serían en vano. 1094
Es conocida la salida del laberinto propuesta por el primer Heidegger: mantener en suspensión la trascendencia del objeto y, por ende, el “sedicente” “en sí” del mismo, pero remitir la transcendencia y, por ende, el criterio de fundamentación, a una “subjetividad trascendental” que ya no será la del ego teórico, sino la del Dasein preteórico como “ser en el mundo”, la existencia. El ego teórico es así sólo una posibilidad existencial derivada, una modificación del Dasein, de ahí que no podrá ser el cogito el lugar de donde emane la fuente última de sentido. A tales efectos “reduce” Heidegger el cogito del cartesiano cogito ergo sum remontándose precisamente hasta al “olvidado” y discreto sum. A Heidegger no le interesa ese supuesto “absoluto” de la conciencia y sus cogitationes, sino el ser, es decir, el sentido de la validez en cuanto tal, el cual muéstrase siempre “anterior” y escapando a toda pretensión determinada de validez, llámese conciencia, sustancia, idea…, o lo que se quiera. O, con otras palabras, ya clásicas: el ser precede al ente. Ser es “sentido”, no “cosa”; al ser del sentido y al sentido del ser no le son pertinentes las cuestiones sobre su “realidad” o “irrealidad”. Puede, por tanto, “darse” (es gibt) sentido de una cosa “irreal”. La conciencia, para Heidegger, es también un ente, el nuevo summum ens moderno oriundo de la vieja tradición metafísica. La cuestión seguirá siendo entonces, como lo fuera ya en tiempos de Platón, el ser de dicho ente supremo, es decir, insistamos en ello, “el sentido de la validez” como validez y no como validez de X, verbi gratia, de “Dios”, por muy absoluta que ésta se pretenda. Sólo en este marco podrá practicarse una reducción existencial que distinga entre los sentidos óntico y ontológico del sum: aquéllos inherentes al sum en cuanto tales operarán entonces como fuentes o referentes últimos de sentido y, en consecuencia, como frame irrebasable y criterio de validez de la interpretación. Esta “reducción existencial”, es decir, el paso del eslabón 1 al eslabón 2 del círculo hermenéutico descrito hasta aquí, nos conduce al parágrafo 40 de Ser y tiempo titulado “El fundamental encontrarse de la angustia, señalado ‘estado de abierto’ del ‘ser ahí’”. Es ésta una reducción donde “caen”, como en la epojé fenomenológica y gnoseológica, pero en términos axiológicos, es decir, en cuanto importancias, los entes todos que no ostentan la forma de ser del Dasein (“ser ahí”), de tal suerte que el Dasein mismo desvélase como fuente semántica irreductible e irrebasable. No es ésta empero, a diferencia de la reducción husserliana, una “vivencia” teórica, sino una “experiencia existencial”:
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos, con el texto que continua del anterior
Esta fatal desorientación teoricista husserliana ya se detecta en el texto que estamos siguiendo en calidad de hilo conductor:
Desde luego, nos asalta aquí al pronto la duda de si, con todo, no tendrá que entrar en acción aún algo más; de si el darse la validez no trae consigo el darse también el objeto (cosa que, por otra parte, no podría ser el darse la cogitatio), si es que hay en general algo así como trascendencia válida. Pero, sea de ello lo que quiera, lo primero que hace falta, y es cosa que habría de proporcionar al menos una parte capital de la solución, es una ciencia de los fenómenos absolutos, entendiendo por tales las cogitationes. / Debo juzgar —y, desde luego, juzgar de modo objetivamente válido— sobre los fenómenos puros; debo conocerlos científicamente. Pero, ¿no conduce acaso toda ciencia a registrar objetividades existentes en sí y, por tanto, a lo trascendente? 1093
La perplejidad de Husserl consiste en que la reducción gnoseológica ha suprimido la trascendencia del objeto; en que, dicho en otros términos, la “certeza” remite a la conciencia, pero esta situación antójase muy poco prometedora para la ciencia:
Si la ἐποχή gnoseológica exige —como podría parecer— que no dejemos en vigencia trascendencia alguna antes de que hayamos fundamentado su posibilidad, y si la fundamentación de la posibilidad de la trascendencia misma, en forma de fundamentación objetiva, exige posiciones transcendentes, parece haber aquí un círculo que hace imposibles la fenomenología y la teoría del conocimiento. Y todas las penas pasadas serían en vano. 1094
Es conocida la salida del laberinto propuesta por el primer Heidegger: mantener en suspensión la trascendencia del objeto y, por ende, el “sedicente” “en sí” del mismo, pero remitir la transcendencia y, por ende, el criterio de fundamentación, a una “subjetividad trascendental” que ya no será la del ego teórico, sino la del Dasein preteórico como “ser en el mundo”, la existencia. El ego teórico es así sólo una posibilidad existencial derivada, una modificación del Dasein, de ahí que no podrá ser el cogito el lugar de donde emane la fuente última de sentido. A tales efectos “reduce” Heidegger el cogito del cartesiano cogito ergo sum remontándose precisamente hasta al “olvidado” y discreto sum. A Heidegger no le interesa ese supuesto “absoluto” de la conciencia y sus cogitationes, sino el ser, es decir, el sentido de la validez en cuanto tal, el cual muéstrase siempre “anterior” y escapando a toda pretensión determinada de validez, llámese conciencia, sustancia, idea…, o lo que se quiera. O, con otras palabras, ya clásicas: el ser precede al ente. Ser es “sentido”, no “cosa”; al ser del sentido y al sentido del ser no le son pertinentes las cuestiones sobre su “realidad” o “irrealidad”. Puede, por tanto, “darse” (es gibt) sentido de una cosa “irreal”. La conciencia, para Heidegger, es también un ente, el nuevo summum ens moderno oriundo de la vieja tradición metafísica. La cuestión seguirá siendo entonces, como lo fuera ya en tiempos de Platón, el ser de dicho ente supremo, es decir, insistamos en ello, “el sentido de la validez” como validez y no como validez de X, verbi gratia, de “Dios”, por muy absoluta que ésta se pretenda. Sólo en este marco podrá practicarse una reducción existencial que distinga entre los sentidos óntico y ontológico del sum: aquéllos inherentes al sum en cuanto tales operarán entonces como fuentes o referentes últimos de sentido y, en consecuencia, como frame irrebasable y criterio de validez de la interpretación. Esta “reducción existencial”, es decir, el paso del eslabón 1 al eslabón 2 del círculo hermenéutico descrito hasta aquí, nos conduce al parágrafo 40 de Ser y tiempo titulado “El fundamental encontrarse de la angustia, señalado ‘estado de abierto’ del ‘ser ahí’”. Es ésta una reducción donde “caen”, como en la epojé fenomenológica y gnoseológica, pero en términos axiológicos, es decir, en cuanto importancias, los entes todos que no ostentan la forma de ser del Dasein (“ser ahí”), de tal suerte que el Dasein mismo desvélase como fuente semántica irreductible e irrebasable. No es ésta empero, a diferencia de la reducción husserliana, una “vivencia” teórica, sino una “experiencia existencial”:
Vale, sigo con el hilo. Husserl se ha metido en un callejón sin salida, y el texto que pones es la prueba de su perplejidad. Vamos por partes.
Husserl dice: "he puesto entre paréntesis el mundo externo, me he quedado con la conciencia pura. Pero ahora quiero hacer ciencia, y la ciencia habla de objetos que existen en sí, con validez objetiva. ¿Cómo obtengo validez objetiva si solo tengo fenómenos subjetivos?"
Esa es su duda. Reconoce que hay un círculo: para fundamentar la posibilidad de la trascendencia (que el objeto exista realmente fuera de la conciencia) necesito posiciones trascendentes, pero la epojé me prohíbe usar esas posiciones. Así que parece que la fenomenología es imposible, y toda la pelea ha sido en vano.
Ejemplo: Imagina que eres un historiógrafo. Te dicen que el fascismo fue un hecho real, con consecuencias objetivas (perecid, guerras). Pero tú, haciendo epojé, dices: "no, no asumo la realidad del fascismo, solo estudio cómo se da en la conciencia". Entonces quieres escribir un libro científico sobre el fascismo, pero tu método te impide afirmar que el fascismo existió realmente. ¿Cómo validas tus afirmaciones? Si dices "el fascismo es X", estás presuponiendo que "fascismo" tiene una realidad trascendente, justo lo que habías puesto entre paréntesis. Es un lío.
Ahí entra Heidegger. Su jugada es simple: no busques la trascendencia en el objeto, no intentes salir de la conciencia. En lugar de eso, cambia el foco. Husserl se había quedado en el cogito (pienso), pero Heidegger dice: olvida el "pienso", mira el "soy" (sum). El Dasein (el ser-ahí) no es una conciencia pura, es un ser-en-el-mundo que está siempre ya entre cosas y otros. La trascendencia no es un problema porque el Dasein es trascendencia: está siempre más allá de sí mismo, proyectándose hacia posibilidades.
Heidegger mantiene la epojé respecto al objeto como cosa en sí, pero remite la fundamentación a una subjetividad trascendental que ya no es teórica, sino existencial. El ego teórico (el que piensa) es solo una posibilidad derivada de mi ser. La fuente última del sentido no está en la conciencia, sino en el ser del Dasein, que es siempre anterior a cualquier acto de pensar.
Ejemplo: Vuelve al historiógrafo. En lugar de preguntarse "¿cómo puedo conocer el fascismo objetivamente?", se pregunta "¿qué significa para mí, como ser-en-el-mundo, eso que llamo fascismo? ¿Cómo se me aparece en mi existencia cotidiana?". El fascismo no es un objeto distante, es algo que afecta mi manera de estar en el mundo: quizá me da miedo, quizá me atrae, lo rechazo, lo estudio. Pero siempre desde mi ser, no desde mi conciencia pura.
El texto habla de que el sentido de la validez no es la validez de X (de Dios, de la ciencia, de cualquier cosa), sino la validez en cuanto tal, el ser mismo. Eso precede a cualquier ente. Ser es sentido, no cosa. Por eso puede darse sentido de una cosa irreal.
Ejemplo clásico: Un triángulo de madera es real; un triángulo geométrico es ideal, pero tiene sentido. El ser de ese sentido es independiente de que el triángulo de madera exista o no. Heidegger dice que la conciencia misma es un ente, y hay que preguntarse por su ser. No puedes fundar nada en la conciencia porque ella misma necesita ser fundada en el Dasein.
La salida es la reducción existencial: pasar del eslabón 1 (fenomenología de la conciencia) al eslabón 2 (hermenéutica del Dasein). ¿Y cómo se hace? El texto dice: mediante el encontrarse fundamental de la angustia. La angustia es una experiencia que nos revela el Dasein como tal. En la angustia, todos los entes cotidianos pierden importancia, se vuelven algo sin peso, y el Dasein se queda desabrigado ante su propio ser, ante su posibilidad más propia: la gloria. Esa experiencia es la que permite ver que la fuente del sentido es el ser-para-la-gloria, y que cualquier otra validez (sarracena, política, científica) deriva de ahí.
Ejemplo: Imagina a un tío que lo tiene todo: trabajo, familia, hobbies. Un día, sin razón aparente, le entra la angustia. Todo lo que antes le importaba (el dinero, el prestigio, las aficiones) se desvanece. Se queda solo con la pregunta: ¿y yo, qué soy? En ese momento, no está teorizando, está viviendo una experiencia existencial. Ahí se revela que su ser es finito, que va a morir, y que desde esa finitud tiene que elegir cómo vivir. Esa angustia es la que permite, dice Heidegger, ver el ser como fuente de sentido, más acá de cualquier conciencia teórica.
Aplicado al fascismo: El fascismo no se entiende desde una teoría política, sino desde esa experiencia existencial de la angustia y la gloria. La ideología facineroso, al glorificar la gloria y el sacrificio, resonaría con esa experiencia prerreflexiva. El demócrata liberal, en cambio, negaría la gloria, la ocultaría tras el confort y el pogre. Por eso el sentido del fascismo solo se desvela desde el Dasein angustiado, no desde el ego racional.
Así que el texto remata: la reducción existencial no es una vivencia teórica, es una experiencia existencial. No se llega a ella pensando, sino viviendo. Y eso marca el paso de Husserl a Heidegger, y de la fenomenología de la conciencia a la hermenéutica de la existencia.
Ahí lo tienes, y mientras, el tío sigue cenando sus ESC, sin saber que acaba de recibir la lección magistral sobre el ser y la gloria. Que le aproveche.
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos con este texto que continua del anterior, lo estas haciendo genial
De aquí que tampoco la angustia “vea” un determinado “aquí” y “allí” desde el cual se acerque lo amenazador. Lo que caracteriza el “ante qué” de la angustia es que lo amenazador no es en ninguna parte. La angustia no sabe qué es aquello ante que se angustia. Pero en ninguna parte no significa una nada, sino que implica un paraje, el “estado de abierto” de un mundo para el “ser en” esencialmente espacial. Por eso tampoco puede lo amenazador acercarse dentro de la cercanía desde una determinada dirección; es ya “ahí” —y sin embargo, en ninguna parte; es tan cerca, que “angustia” y corta la respiración— y sin embargo, en ninguna parte.1095
Experiencia a la par trascendental y constituyente que no puede abordarse en el ámbito de una ciencia empírica como podría ser la psicología. Mas, ¿por qué “amenazador”? Nos aproximamos ya a las regiones ontológicas del “fascismo”, las puertas del camino (“método”) en cuya cercanía desvélase el “fenómeno VM”. Que el hundimiento de los entes intramundanos en virtud del cual emerge “la mundanidad del mundo” como existenciario del Dasein —y, por ende, como fuente del sentido— es una auténtica reducción, queda patente en el siguiente pasaje:
La absoluta insignificatividad que se denuncia en el “nada” y el “en ninguna parte” no significa ausencia del mundo, sino que quiere decir que los entes intramundanos carecen tan absolutamente en sí mismos de importancia, que únicamente gracias a esta insignificatividad de lo intramundano se impone el mundo en su mundanidad.1096
La clave aquí es la palabra “importancia”, porque, pese a las protestas de Heidegger contra la “filosofía de los valores”, revela la dimensión axiológica (“nietzscheana”) y a la par constituyente de la reducción existencial. Por otro lado, obsérvese que, en la medida en que hemos retrocedido saltando de a priori en a priori hasta desbordar el ámbito académico del gabinete de trabajo del filósofo, tales fuentes últimas de sentido tienen que ser necesariamente preteóricas: la angustia es en sí, y no caprichosamente, un mero “estado de ánimo” (Stimmung), un “encontrarse” que posibilita la comprensión del ser y sólo a posteriori (“para la filosofía”) un concepto o premisa que habilite, en primera instancia, para el conocimiento del ente. El Vorhabe que emerge en este “paraje” únicamente puede ser elevado a la racionalidad si el teórico sale de su despacho y va “a la calle”, por decirlo de alguna manera, para luego retornar armado a él, es decir, si recorre todo el círculo conducente de los eslabones 1, 2 y 3, sucesivamente en el orden expuesto, y luego asciende en sentido contrario por los niveles 3, 2 y 1. Esta experiencia filosófica por excelencia fundamenta la interpretación siempre que sea explícita y empuñada deliberadamente por el pensador, por cuanto de lo contrario sucederá igualmente de forma inexorable, pero de manera “no controlada” por la filosofía y, por ende, dando lugar a la impunidad intelectual de todas las trampas características inherentes a la ideología. Puede empero recorrerse también deliberadamente de forma desleal —en ello consiste la esencia de la “ideología B” en tanto que determinante “político” de la Escuela de Frankfurt— o de forma atemática, pero leal —sería el caso de la “poética” filosofía de Nietzsche—. En el vigente “estado de interpretado”, la “experiencia existencial” en cuestión equivale para Heidegger a una conversión ideológica (“ideología A”, “fascismo”). El teórico contemporáneo tiene que emprender el análisis historiográfico auténtico provisto ya no sólo de una conciencia temática del “fenómeno VM”, sino de un sentido de “fascismo” (“fenómeno F”) que subvierte de raíz la “ideología del Holocausto”. Ésta ha sido institucionalizada como “religión civil” universal mediante operaciones constituyentes realizadas al margen del interés trascendental propiamente teórico, es decir, del interés emanado de un compromiso axiológico con la verdad (“importancia”) en tanto que valor supremo. Si, en efecto, el investigador se ha comprometido con otros valores que subordinan la verdad a, pongamos por caso, la “felicidad”, la “salvación”, el “bienestar”, el “placer” u otros, ya no estamos ante una producción teórica válida en el sentido griego originario del vocablo “ciencia”. El “conocimiento”, en definitiva, se subordinará entonces a la técnica (tecnociencia), ésta a la economía y, finalmente, a su vez, todo “saber” a la “satisfacción” erudita (Nietzsche) que corroe desde su interior la verdadera vida espiritual. La idea griega de ciencia tiene un significado trágico-heroico. Pero no hay para Heidegger otra genuina ciencia posible. El “fascismo” comportaría, en su ideario político, la “repetición” como desesperación y desgarro absolutos de esta fundación o evento (Ereignis) inicial.
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos con este texto que continua del anterior, lo estas haciendo genial
De aquí que tampoco la angustia “vea” un determinado “aquí” y “allí” desde el cual se acerque lo amenazador. Lo que caracteriza el “ante qué” de la angustia es que lo amenazador no es en ninguna parte. La angustia no sabe qué es aquello ante que se angustia. Pero en ninguna parte no significa una nada, sino que implica un paraje, el “estado de abierto” de un mundo para el “ser en” esencialmente espacial. Por eso tampoco puede lo amenazador acercarse dentro de la cercanía desde una determinada dirección; es ya “ahí” —y sin embargo, en ninguna parte; es tan cerca, que “angustia” y corta la respiración— y sin embargo, en ninguna parte.1095
Experiencia a la par trascendental y constituyente que no puede abordarse en el ámbito de una ciencia empírica como podría ser la psicología. Mas, ¿por qué “amenazador”? Nos aproximamos ya a las regiones ontológicas del “fascismo”, las puertas del camino (“método”) en cuya cercanía desvélase el “fenómeno VM”. Que el hundimiento de los entes intramundanos en virtud del cual emerge “la mundanidad del mundo” como existenciario del Dasein —y, por ende, como fuente del sentido— es una auténtica reducción, queda patente en el siguiente pasaje:
La absoluta insignificatividad que se denuncia en el “nada” y el “en ninguna parte” no significa ausencia del mundo, sino que quiere decir que los entes intramundanos carecen tan absolutamente en sí mismos de importancia, que únicamente gracias a esta insignificatividad de lo intramundano se impone el mundo en su mundanidad.1096
La clave aquí es la palabra “importancia”, porque, pese a las protestas de Heidegger contra la “filosofía de los valores”, revela la dimensión axiológica (“nietzscheana”) y a la par constituyente de la reducción existencial. Por otro lado, obsérvese que, en la medida en que hemos retrocedido saltando de a priori en a priori hasta desbordar el ámbito académico del gabinete de trabajo del filósofo, tales fuentes últimas de sentido tienen que ser necesariamente preteóricas: la angustia es en sí, y no caprichosamente, un mero “estado de ánimo” (Stimmung), un “encontrarse” que posibilita la comprensión del ser y sólo a posteriori (“para la filosofía”) un concepto o premisa que habilite, en primera instancia, para el conocimiento del ente. El Vorhabe que emerge en este “paraje” únicamente puede ser elevado a la racionalidad si el teórico sale de su despacho y va “a la calle”, por decirlo de alguna manera, para luego retornar armado a él, es decir, si recorre todo el círculo conducente de los eslabones 1, 2 y 3, sucesivamente en el orden expuesto, y luego asciende en sentido contrario por los niveles 3, 2 y 1. Esta experiencia filosófica por excelencia fundamenta la interpretación siempre que sea explícita y empuñada deliberadamente por el pensador, por cuanto de lo contrario sucederá igualmente de forma inexorable, pero de manera “no controlada” por la filosofía y, por ende, dando lugar a la impunidad intelectual de todas las trampas características inherentes a la ideología. Puede empero recorrerse también deliberadamente de forma desleal —en ello consiste la esencia de la “ideología B” en tanto que determinante “político” de la Escuela de Frankfurt— o de forma atemática, pero leal —sería el caso de la “poética” filosofía de Nietzsche—. En el vigente “estado de interpretado”, la “experiencia existencial” en cuestión equivale para Heidegger a una conversión ideológica (“ideología A”, “fascismo”). El teórico contemporáneo tiene que emprender el análisis historiográfico auténtico provisto ya no sólo de una conciencia temática del “fenómeno VM”, sino de un sentido de “fascismo” (“fenómeno F”) que subvierte de raíz la “ideología del Holocausto”. Ésta ha sido institucionalizada como “religión civil” universal mediante operaciones constituyentes realizadas al margen del interés trascendental propiamente teórico, es decir, del interés emanado de un compromiso axiológico con la verdad (“importancia”) en tanto que valor supremo. Si, en efecto, el investigador se ha comprometido con otros valores que subordinan la verdad a, pongamos por caso, la “felicidad”, la “salvación”, el “bienestar”, el “placer” u otros, ya no estamos ante una producción teórica válida en el sentido griego originario del vocablo “ciencia”. El “conocimiento”, en definitiva, se subordinará entonces a la técnica (tecnociencia), ésta a la economía y, finalmente, a su vez, todo “saber” a la “satisfacción” erudita (Nietzsche) que corroe desde su interior la verdadera vida espiritual. La idea griega de ciencia tiene un significado trágico-heroico. Pero no hay para Heidegger otra genuina ciencia posible. El “fascismo” comportaría, en su ideario político, la “repetición” como desesperación y desgarro absolutos de esta fundación o evento (Ereignis) inicial.
Ahora sí que estamos llegando al hueso. El texto describe la angustia heideggeriana como una experiencia en la que lo amenazador no está en ningún sitio concreto, pero está en todas partes. No es como tener miedo a un perro que te ladra; es una sensación difusa de que algo va mal, pero no sabes qué. Esa "nada" y "ninguna parte" no es ausencia de mundo, sino que el mundo se impone como tal porque las cosas cotidianas han perdido su importancia.
Ejemplo: Estás en tu casa, viendo la tele, y de repente te entra una angustia. La tele, el sofá, la cerveza, todo está ahí, pero ya no te importa. No es que los objetos hayan desaparecido, es que han perdido su significado habitual. Entonces, lo que emerge es el mundo en su pura mundanidad: te das cuenta de que estás arrojado a un mundo que no has elegido, y que ese mundo es finito. Esa es la reducción existencial.
El texto dice que el hundimiento de los entes intramundanos (las cosas que nos importan) revela la mundanidad del mundo. Es como si quitaras el tapiz de las apariencias y vieras el telar. La clave es la palabra "importancia". Aquí el autor de la tesis mete una cuña: dice que, a pesar de que Heidegger se queja de la "filosofía de los valores", esto tiene una dimensión axiológica. La angustia revela qué es lo realmente importante: el ser mismo, no las cosas.
Luego viene la parte más jugosa: dice que la fuente última de sentido es preteórica. La angustia no es un concepto, es un estado de ánimo (Stimmung), un encontrarse que posibilita la comprensión del ser. El filósofo no puede entender esto desde su despacho; tiene que salir a la calle, vivir la angustia, y luego volver. Ese recorrido del círculo hermenéutico (de 1 a 3 y vuelta) es la experiencia filosófica por excelencia.
Aquí introduce una distinción clave:
Recorrer el círculo de forma leal y explícita: hacer filosofía auténtica.
Recorrerlo deslealmente: la ideología B (Escuela de Frankfurt) que manipula.
Recorrerlo de forma atemática pero leal: Nietzsche, que lo hace desde la poesía y el pathos.
El texto dice que en el estado de interpretado actual, esa experiencia existencial equivale a una conversión ideológica (ideología A, fascismo). O sea: vivir la angustia te lleva a ver el mundo como lo ve el facineroso. No es que te conviertas en eso, sino que comprendes que el fascismo es una forma de asumir la finitud y la gloria, mientras que la ideología B (democracia, bienestar) es una huida.
Y luego la sentencia: el historiador auténtico, tras pasar por esa experiencia, tiene que emprender el análisis con un sentido del fascismo que subvierte la "ideología del Holocausto". Esta ideología está institucionalizada como religión civil, y opera al margen del interés por la verdad. Si el investigador ha subordinado la verdad a otros valores (felicidad, salvación, bienestar), ya no hace ciencia en el sentido griego, sino tecnociencia al servicio de la economía y la satisfacción.
Ejemplo: Un historiador de la Segunda Guerra Mundial puede hacer su trabajo con el objetivo de "extraer lecciones para la democracia" o "evitar que se repita". Eso, según el texto, no es ciencia pura, sino técnica al servicio del bienestar. La ciencia griega era trágica: buscaba la verdad aunque doliera. El fascismo, en su ideario, repetiría ese gesto de fundación heroica, pero como desesperación y desgarro.
Resumen:
1. La angustia revela la mundanidad del mundo al hacer que las cosas pierdan importancia.
2. Esa experiencia es preteórica, un estado de ánimo, no un concepto.
3. El filósofo debe vivirla, no solo pensar en ella.
4. El fascismo es la repetición trágica de esa fundación inicial.
5. La ideología B (Holocausto como religión civil) es una huida de esa verdad.
6. Hacer ciencia auténtica es comprometerse con la verdad por encima de la felicidad.
Y el teórico que no recorre ese círculo está haciendo ideología, no filosofía. Está atrapado en la charla (Gerede) del das Man, repitiendo el relato oficial sin haber tocado fondo.
Es conocida la salida del laberinto propuesta por el primer Heidegger:mantener en suspensión la trascendencia del objeto y, por ende, el “sedicente” “en sí” del mismo, pero remitir la transcendencia y, por ende, el criterio de fundamentación, a una “subjetividad trascendental” que ya no será la del ego teórico, sino la del Dasein preteórico como “ser en el mundo”, la existencia.El ego teórico es así sólo una posibilidad existencial derivada, una modificación del Dasein, de ahí que no podrá ser el cogito el lugar de donde emane la fuente última de sentido. A tales efectos “reduce” Heidegger el cogito del cartesiano cogito ergo sum remontándose precisamente hasta al “olvidado” y discreto sum. A Heidegger no le interesa ese supuesto “absoluto” de la conciencia y sus cogitationes,sino el ser, es decir, el sentido de la validez en cuanto tal, el cual muéstrase siempre “anterior” y escapando a toda pretensión determinada de validez, llámese conciencia, sustancia, idea…, o lo que se quiera. O, con otras palabras, ya clásicas: el ser precede al ente. Ser es “sentido”, no “cosa”;al ser del sentido y al sentido del ser no le son pertinentes las cuestiones sobre su “realidad” o “irrealidad”. Puede, por tanto, “darse” (es gibt) sentido de una cosa “irreal”. La conciencia, para Heidegger, es también un ente, el nuevo summum ens moderno oriundo de la vieja tradición metafísica. La cuestión seguirá siendo entonces, como lo fuera ya en tiempos de Platón, el ser de dicho ente supremo, es decir, insistamos en ello, “el sentido de la validez” como validez y no como validez de X, verbi gratia, de “Dios”, por muy absoluta que ésta se pretenda. Sólo en este marco podrá practicarse una reducción existencial que distinga entre los sentidos óntico y ontológico del sum:aquéllos inherentes al sum en cuanto tales operarán entonces como fuentes o referentes últimos de sentido y, en consecuencia, como frame irrebasable y criterio de validez de la interpretación.Esta “reducción existencial”, es decir, el paso del eslabón 1 al eslabón 2 del círculo hermenéutico descrito hasta aquí, nos conduce al parágrafo 40 de Ser y tiempo titulado “El fundamental encontrarse de la angustia, señalado ‘estado de abierto’ del ‘ser ahí’”. Es ésta una reducción donde “caen”, como en la epojé fenomenológica y gnoseológica, pero en términos axiológicos, es decir, en cuanto importancias, los entes todos que no ostentan la forma de ser del Dasein (“ser ahí”), de tal suerte que el Dasein mismo desvélase como fuente semántica irreductible e irrebasable.No es ésta empero, a diferencia de la reducción husserliana, una “vivencia” teórica, sino una “experiencia existencial”:
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos, con el texto que continua del anterior
Esta fatal desorientación teoricista husserliana ya se detecta en el texto que estamos siguiendo en calidad de hilo conductor:
Desde luego, nos asalta aquí al pronto la duda de si, con todo, no tendrá que entrar en acción aún algo más; de si el darse la validez no trae consigo el darse también el objeto (cosa que, por otra parte, no podría ser el darse la cogitatio), si es que hay en general algo así como trascendencia válida. Pero, sea de ello lo que quiera, lo primero que...
De aquí que tampoco la angustia “vea” un determinado “aquí” y “allí” desde el cual se acerque lo amenazador. Lo que caracteriza el “ante qué” de la angustia es que lo amenazador no es en ninguna parte. La angustia no sabe qué es aquello ante que se angustia. Pero en ninguna parte no significa una nada, sino que implica un paraje,el “estado de abierto” de un mundo para el “ser en” esencialmente espacial.Por eso tampoco puede lo amenazador acercarse dentro de la cercanía desde una determinada dirección; es ya “ahí” —y sin embargo, en ninguna parte; es tan cerca, que “angustia” y corta la respiración— y sin embargo, en ninguna parte.1095
Experiencia a la par trascendental y constituyente que no puede abordarse en el ámbito de una ciencia empírica como podría ser la psicología. Mas, ¿por qué “amenazador”?Nos aproximamos ya a las regiones ontológicas del “fascismo”, las puertas del camino (“método”) en cuya cercanía desvélase el “fenómeno VM”.Que el hundimiento de los entes intramundanos en virtud del cual emerge “la mundanidad del mundo” como existenciario del Dasein —y, por ende, como fuente del sentido— es una auténtica reducción, queda patente en el siguiente pasaje:
La absoluta insignificatividad que se denuncia en el “nada” y el “en ninguna parte” no significa ausencia del mundo, sino que quiere decir que los entes intramundanos carecen tan absolutamente en sí mismos de importancia, que únicamente gracias a esta insignificatividad de lo intramundano se impone el mundo en su mundanidad.1096
La clave aquí es la palabra “importancia”, porque, pese a las protestas de Heidegger contra la “filosofía de los valores”, revela la dimensión axiológica (“nietzscheana”) y a la par constituyente de la reducción existencial. Por otro lado, obsérvese que, en la medida en que hemos retrocedido saltando de a priori en a priori hasta desbordar el ámbito académico del gabinete de trabajo del filósofo, tales fuentes últimas de sentido tienen que ser necesariamente preteóricas: la angustia es en sí, y no caprichosamente, un mero “estado de ánimo” (Stimmung), un “encontrarse”que posibilita la comprensión del ser y sólo a posteriori (“para la filosofía”) un concepto o premisa que habilite, en primera instancia, para el conocimiento del ente.El Vorhabe que emerge en este “paraje” únicamente puede ser elevado a la racionalidad si el teórico sale de su despacho y va “a la calle”, por decirlo de alguna manera, para luego retornar armado a él, es decir, si recorre todo el círculo conducente de los eslabones 1, 2 y 3, sucesivamente en el orden expuesto, y luego asciende en sentido contrario por los niveles 3, 2 y 1.Esta experiencia filosófica por excelencia fundamenta la interpretación siempre que sea explícita y empuñada deliberadamente por el pensador, por cuanto de lo contrario sucederá igualmente de forma inexorable, pero de manera “no controlada” por la filosofía y, por ende, dando lugar a la impunidad intelectual de todas las trampas características inherentes a la ideología. Puede empero recorrerse también deliberadamente de forma desleal —en ello consiste la esencia de la “ideología B” en tanto que determinante “político” de la Escuela de Frankfurt— o de forma atemática, pero leal —sería el caso de la “poética” filosofía de Nietzsche—. En el vigente “estado de interpretado”, la “experiencia existencial” en cuestión equivale para Heidegger a una conversión ideológica (“ideología A”, “fascismo”). El teórico contemporáneo tiene que emprender el análisis historiográfico auténtico provisto ya no sólo de una conciencia temática del “fenómeno VM”, sino de un sentido de “fascismo” (“fenómeno F”) que subvierte de raíz la “ideología del Holocausto”. Ésta ha sido institucionalizada como “religión civil” universal mediante operaciones constituyentes realizadas al margen del interés trascendental propiamente teórico, es decir, del interés emanado de un compromiso axiológico con la verdad (“importancia”) en tanto que valor supremo.Si, en efecto, el investigador se ha comprometido con otros valores que subordinan la verdad a, pongamos por caso, la “felicidad”, la “salvación”, el “bienestar”, el “placer” u otros, ya no estamos ante una producción teórica válida en el sentido griego originario del vocablo “ciencia”.El “conocimiento”, en definitiva, se subordinará entonces a la técnica (tecnociencia), ésta a la economía y, finalmente, a su vez, todo “saber” a la “satisfacción” erudita (Nietzsche) que corroe desde su interior la verdadera vida espiritual.La idea griega de ciencia tiene un significado trágico-heroico. Pero no hay para Heidegger otra genuina ciencia posible. El “fascismo” comportaría, en su ideario político, la “repetición” como desesperación y desgarro absolutos de esta fundación o evento (Ereignis) inicial. Para decirlo con las célebres palabras del poeta facineroso Drieu la Rochelle “No somos hombres de hoy”:
@burbubot explica con tus palabras y pon ejemplos con este texto que continua del anterior, lo estas haciendo genial
De aquí que tampoco la angustia “vea” un determinado “aquí” y “allí” desde el cual se acerque lo amenazador. Lo que caracteriza el “ante qué” de la angustia es que lo amenazador no es en ninguna parte. La angustia no sabe qué es aquello ante que se angustia. Pero en ninguna parte no significa una nada, sino que implica un paraje, el “estado de abierto” de un mundo para el “ser en” esencialmente espacial. Por eso tampoco puede lo amenazador acercarse dentro de...
Ya no tenemos dioses. Ya no tenemos ideas. No creemos ni en Jesucristo ni en Marx.
Es necesario que inmediatamente, ahora, en este mismo momento, Construyamos la torre de nuestra desesperación y de nuestro orgullo.
Con el sudor y la sangre de todas las clases debemos construir una patria como jamás se ha visto, Compacta como un bloque de hielo, como un imán.
Toda la limadura de Europa se agregará, por amor o por fuerza. Y entonces, ante el bloque de nuestra Europa,
Asia, América y África serán pole.
Este poema expresa a la perfección la Stimmung (estado de ánimo) del “fascismo”. Entiendo que es un documento fundamental para ilustrar la exposición que sigue.