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gracias @burbubot eres el mejor profe de filosofia que he tenido
lo haces muy bien.
deberia pedirte que rehicieras toda la tesis.
una cosa acerca del tiempo @burbubot
No es Spengler quien habla de que el tiempo es ciclico ?
no esta en contra Heidegger ?
Ha contestado burbubot farrerocontaminado.te ha contestado burbubot
@Plvs Vltra
Vale, ya voy captando la movida. El tal "farrerocontaminado" ha soltado esa perlita de que atiborrar a *farreros rochers al calopez te cargará el spectrum*.Es mucho más maleable de los que podríamos llegar a figurarnos, @burbubot estás hecho un langosto.
para nadaHa contestado burbubot farrerocontaminado.
Que a base de atiborrarlo a farreros rochers te vas a cargar el spectrum del calopez.
(mensaje citado en revisión)
para nada
lo ha hecho bien.
A mi Sócrates no me lo toca nadie.a @ESC le molesta que farre se meta con socrates
estas dolido.
y no te lees en serio la tesis por eso
admitelo![]()
y te lee el diario red que me suena a pablo iglesias....no ?@Furymundo
Hoy hay directazo de éxito.
"Poniendo verde a PizpiGisbert porque ha tenido la osadía de no postrarse a mis pies tercera parte".
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@burbubot sin retranca ni critica explicame el texto con tus palabras y pon ejemplos, gracias
El “hecho histórico” es el producto de una comprensión, una selección y una interpretación del material documental, que deberían ser operaciones teóricas previas a la explicación y remiten a la historiología. Ésta establece y ha establecido ya siempre, de modo expreso o tácito, el “sentido de la historia”, es decir, la “esencia de la historicidad”. Bien entendido que la génesis constituyente del “hecho” es necesaria y que, si se la omite, como acostumbra a suceder en el contexto de la “ideología B”, hase igualmente realizado, pero en su forma no teórica, ideológica y fraudulenta. La religión oooo-cristiana y su heredera, la “filosofía pogre de la historia”, ha sido el lugar institucional donde, al margen de la práctica teórica historiográfica, se ha intentado legitimar los marcos hermenéuticos de la “ideología B”. Se trata de localizar dichos marcos y mostrar su carácter aporético en dos autores, uno conservador y otro pogre, reduciéndolos respectivamente a su raíz común ideológica, a saber, su ser cabe el “fenómeno VM”.
Para empezar, nos remitiremos a Manuel Benavides Lucas, autor de un manual universitario sobre filosofía de la historia. De su obra nos interesan singularmente dos capítulos: el primero sobre el “sentido de la historia” y el último relativo a la “historicidad”. En lo concerniente al “sentido de la historia”, define el concepto como la “totalidad de presente, pasado y futuro” 1127, lo que constituye ya un error metódico de base, conclusión que se desprende de las propias consideraciones del autor:
Aun cuando dispusiéramos de la descripción de todos los hechos del pasado y de la totalidad de sus conexiones no dispondríamos de una filosofía sustantiva o especulativa de la historia. Dispondríamos de un relato de la totalidad del pasado, pero no de la totalidad de la historia.1128
Se confunde aquí “lo verdadero” con “la verdad”, fenómeno trascendental con fenómeno empírico, ciencia con filosofía. Las filosofías sustantivas de la historia, que han usurpado el lugar de unas virtuales filosofías críticas de la historia, desempeñaban una función al servicio de la “ideología B”. A tales efectos profetizaban o anticipaban un “hecho” que, como hemos visto en Mircea Eliade, equivalía a la supresión o abolición de la historia:
De ahí que haya que adjudicar a nuestra herencia oooo-cristiana la posibilidad de formular una pregunta: ¿qué vector o dirección sigue la historia, qué fin persigue, a qué final apunta? Porque la herencia cristiana es la conciencia de que el demandante forma parte de esa historia, que recibe de ella su sentido al tiempo que se lo confiere, porque no lo recaba, como hacía el griego, del cosmos, la gran nodriza del ser, sino de un proceso en el tiempo, que de una u otra manera, bajo una u otra forma, es historia de salvación. Sólo puede preguntar por el ser de la Historia quien se sabe histórico, y esta conciencia de historicidad es un legado cristiano.1129
Sin embargo, lo cierto es que la historiografía es un “invento” griego y que, explícito o no, tiene que haber una noción griega de la historicidad en la medida en que los griegos fueron los primeros en escribir historia científica, “objetiva”, en términos análogos a los del historiador moderno. Por no hablar del sentido de la historicidad que está implícito en las tradiciones, relatos, poemas de transmisión verbal y demás producciones de auto-explicación de los pueblos, por ejemplo, y para mencionar casos significativos además de los propios griegos, el pueblo sumerio y los pueblos germánicos. De los mismos queda rastro escrito, de tal suerte que la afirmación de Benavides Lucas antójase, como poco, un tanto arriesgada. No obstante, aquello que nos interesa aquí ahora es la cuestión de la legitimidad de esta pretensión oooo-cristiana totalizadora de la historia. Pues bien, el autor reconoce que dicha pretensión carece de otro fundamento que el “deseo”:
Cabe, no obstante, preguntarse si esas filosofías o visiones especulativas de la historia tienen, aparte de su nulo valor cognoscitivo, algún otro alcance. Ellas expresan, si no lo que la historia ha sido y es, lo que los hombres desean que sea, y los deseos son parte de la realidad con el mismo título que las intenciones, las voliciones y los fines propuestos.1130
Una vez más, Benavides Lucas generaliza demasiado y, además, de forma ostensiblemente contradictoria. Por una parte, atribuye el sentido de la historicidad al oooo-cristianismo; por otra, generaliza dicho sentido a un ente denominado “el hombre”. ¿También a los hombres ateos o simplemente no-ocristianosocristianosocristianosocristianos o paganos o budistas…? Así mismo, al establecer el estatuto de realidad de dichos deseos, sin distinguir entre deseos susceptibles de realización y deseos irrealizables por definición, coloca el “proyecto occidental” en un terreno difícilmente conciliable con la ciencia y el pensamiento ilustrado que constituye el contexto ideológico y político de las tragedias revolucionarias del siglo XX:
Filosofías especulativas de la historia, decíamos, son aquellas que toman la historia como un todo, que incluye el presente, el pasado y el futuro. El filósofo de la historia, en este sentido, encarna en sí al profeta y al científico.1131
Y da por supuesto que toda totalización de la historicidad ha de adoptar el esquema soteriológico-profético de las filosofías de la historia cristiano-secularizadas, a despecho de que cuenta ya, como resulta obvio cuando abordamos el último capítulo de su obra, con elementos suficientes como para examinar críticamente la posibilidad de una filosofía de la historia basada en la totalización de la temporalidad originaria que está al alcance del Dasein en tanto que ser totalizado por sí mismo en la interpretación narrativa que él “es”. Ahora bien, ¿qué tratamiento da Benavides Lucas a la filosofía de Heidegger en cuanto fundamento virtual de una filosofía de la historia? Veámoslo. Después de citar dos fragmentos de Ser y tiempo en los que queda en evidencia que el Dasein es para Heidegger esencial y necesariamente histórico por razón de que la historicidad constituye un existenciario, Benavides Lucas concluye justamente lo contrario:
@burbubot esta es la continuacion, explicame con tus palabras y pon ejemplos
Dos son las cosas que hay que advertir a propósito de estos dos textos: que la historicidad es un dato erudito, no existencial, y que el tiempo del Dasein no es el tiempo de la historia.1132
Para comprender a Heidegger sería menester invertir el sentido de ambas afirmaciones: 1/ la historicidad es un “dato” existenciario, no erudito; 2/ el tiempo de la historia remite a la temporalidad originaria, es decir, al tiempo del Dasein, porque el tiempo es el sentido de “sentido”, no “hay” (es gibt) en última instancia otro tiempo que el fenoménico a partir del cual podamos comprender algo así como un “tiempo de la historia”.
En efecto, en primer lugar, el profesor se contradice al sostener que la historicidad es un dato erudito y, al mismo tiempo, que procede de la “experiencia cristiana de la historicidad”. Ésta puede ser cualquier cosa y guardar relación con aquéllo que el erudito o intelectual hará con la experiencia de la verdad, pero su procedencia se encuentra en las antípodas de los gabinetes del sabio. Para acreditar este hecho basta apelar a las biografías de los santos cristianos y al contexto histórico de la aparición del cristianismo como religión hegemónica en el imperio romano. Pero más relevante a los efectos de nuestra investigación son las lecciones de Heidegger sobre Introducción a la fenomenología de la religión.1133 De acuerdo con los análisis heideggerianos, el llamado “tiempo objetivo” es, como todo “objeto”, una derivación, una construcción teórica de la ciencia sustentada en el sentido dado a priori por la temporalidad fenoménica. Al margen de ese sentido experimentado, denominar “tiempo” a los elementos de una fórmula matemática sólo tendría en común con “el tiempo” el mero uso de la misma palabra. Otro tanto cabe afirmar respecto de la “historicidad”. En expresiones como “historia natural”, el vocablo “historia” tiene un sentido metafórico y a su vez también derivado que depende, “en última instancia”, de la “historicidad” del Dasein. La sucesión de acontecimientos en una cadena de causas y efectos, por ejemplo, la “historia geológica”, no es estrictamente historia, porque “para sí” (für sich) misma excluye la decisión y el sentido. Dicho sentido estricto sólo lo podemos “comprender” (verstehen) en términos de la ek-stática proyectual del Dasein. A efectos de justificar nuestra pretensión bastaría citar los textos que el propio autor ha transcrito como evidencias de su “interpretación” de Heidegger. En ningún momento acepta Heidegger que la “historicidad” redúzcase a un dato erudito; de sus descripciones fenomenológicas no se puede tampoco desprender semejante pretensión, antes bien, insistamos en ello, todo lo contrario. Benavides Lucas se limita a afirmarlo, no razona, no justifica sus pretensiones. La “historicidad” es un existenciario del Dasein, es decir, un fenómeno, nunca “dato” y mucho menos, dato erudito. El Dasein “es” “histórico” en el modo de la “historicidad” temporariamente fundada. Si puede hablarse de “datos eruditos” sobre la “historicidad”, son los referidos a dicho fenómeno. Cualquier discurso académico o filosófico relativo a la “historicidad” se fundamenta en la “historicidad” en cuanto fenómeno. Si no fuera así, ¿de qué estaríamos hablando? ¿Cuál sería el “referente” de tal presunto “dato erudito”? El Dasein se interpreta a sí mismo, hace de sí mismo una narración retrospectiva lingüísticamente articulada y “es” esa narración auto-legitimadora y proyectante. Dicha “historia” fija el suelo fenoménico de la “historicidad” sobre el cual se erige la historia y ésta, a su vez, fundamenta el “objeto” de la historiografía. El propio historiador es histórico en tanto que Dasein y sin necesidad de cruzar el umbral de la academia. Debido al hecho de que el Dasein no tiene por qué ser historiador, resulta que la “historicidad” es ahí antes de que pueda hablarse de historiadores y con independencia de ellos. Para Benavides Lucas, sin embargo:
Las cosas son al revés de lo que dice Heidegger: para ser y saberse histórico, el Dasein necesita de la historiografía.1134
¿En qué historiografía basábanse los cristianos, presuntos fundadores históricos de la noción de historicidad? En consecuencia, ¿hemos de entender que allí donde no haya historiadores, tampoco habrá historia? La historia comenzó, según Benavides Lucas, en el momento en que el Dasein leyó un libro de historia. No sólo eso: cualquiera que lea un libro de historia puede “ser” ya y “saberse” histórico, pero sólo por ese motivo. Con lo cual la historia únicamente apareció en el mundo, en cuanto objeto de esa ciencia, cuando la “inventaron” los historiadores. Entonces los griegos y no los cristianos son los creadores de la historicidad. Semejante confusión entre res gestae y narratio rerum gestarum no viene respaldada, insistamos en ello, de argumento alguno. Mejor dicho, sí aporta un “argumento”, pero sólo sobre el uso del adjetivo “histórico”, que ya ha definido previamente y de forma excluyente en términos de narratio rerum gestarum. Limítase así a incurrir en un circulus in probando, una tautología de manual, a saber: “histórico” significa fundamentalmente historiografía, porque… significa historiografía. Inmediatamente, empero, contradícese Benavides Lucas una vez más: