@burbubot esto es la continuación explica con tus palabras y pon ejemplos
Como señala Veyne, el conocimiento del pasado no es un dato inmediato de la conciencia. La historia constituye un ámbito en el que no puede haber intuición, sino únicamente reconstrucción, y en el que la certidumbre racional es sustituida por un saber fáctico cuyo origen es ajeno a la conciencia.1135
Ahora bien, si hay una historia ajena a la conciencia, ¿cómo puede pretender que surge de la historiografía? ¿Tendrá el término “historia” un significado pre-historiográfico, es decir, el que le corresponda en cuanto res gestae? Puede observarse, en efecto, que al autor utiliza aquí “historia” como sinónimo de “ciencia” aunque es un lugar común subrayar que el sustantivo “historia” tiene dos sentidos fundamentales, a saber, 1/ una disciplina académica (historiografía) y 2/ la historia en cuanto tal que puede devenir, o no, objeto de esa disciplina académica. Ahora bien, si aceptamos la primera definición de Benavides Lucas, la historia como disciplina académica, la historiografía, la narratio rerum gestarum, precede a la historia qua res gestae. La historiografía produce la historia ex nihilo: «para ser y saberse histórico, el Dasein necesita de la historiografía». Consecuentemente, si el objeto de la historiografía se construye a partir de fenómenos históricos, de acuerdo con lo que la segunda definición parece contradictoriamente reconocer («un saber fáctico que es ajeno a la conciencia»), ¿en qué sentido es histórico dicho fenómeno, sobre el que se erige el objeto de la historiografía, antes de que ésta haga acto de presencia? Una tal pregunta es la que intenta responder Heidegger. La “historicidad” no mienta ningún concepto misterioso, sino el carácter esencial de “lo histórico” que nos permite identificar un fenómeno como fenómeno histórico, el cual sólo a posteriori puede devenir “objeto” de la historiografía. Para Heidegger se trata de ser capaces de identificar el fenómeno histórico en cuanto tal, es decir, aquello que permite posibilitar la constitución de la historia como objeto de la ciencia historiográfica, y no al revés, según la confusa y contradictoria tesis de Benavides Lucas.
Por otro lado, confunde también el autor citado el Dasein con la “conciencia”, a la que se opone, y con el traído y llevado “hombre”, una ambigüedad semántica que la más superficial lectura de Heidegger prohíbe de forma tajante. El Dasein, ya lo hemos visto y reiterado, no es “el individuo”, no es ningún ente categorial, ni cosa. Hecha esta mera aclaración, pierden su pertinencia todos los exempla propuestos por Benavides Lucas:
La historia constituye un ámbito en el que no puede haber intuición, sino únicamente reconstrucción, y en la que la certidumbre racional es sustituida por un saber fáctico cuyo origen es ajeno a la conciencia. Todo lo que ésta última sabe es que el tiempo pasa: si un Dasein contempla un aparador antiguo, podrá decir que es un mueble usado, que es viejo, más viejo que él mismo; pero, al revés de lo que pretende Heidegger, no podrá decir que el mueble es ‘histórico’. La historia es la organización inteligente de los datos relacionados con una temporalidad que no es la del Dasein. Aunque el concepto de ‘histórico’ presuponga el de ‘viejo’, no por eso deja de separarlos el abismo del intelecto. Identificar estos dos adjetivos, equiparar el tiempo del yo y el de la historia es confundir la condición de posibilidad de la historia con su esencia, eludir lo esencial, escribir historias edificantes. / Todo lo más que la conciencia conoce es una estrecha franja del pasado, cuyo recuerdo está todavía vivo en la generación actual. Más allá de esta franja, se contenta con suponer que la duración presente puede prolongarse por recurrencia: mi abuelo debió tener, a su vez, otro abuelo… Lo mismo ocurre respecto al futuro. Si da en pensar en el pasado, lo considera como la construcción del mundo humano actual, al que tiene por terminado. /Por otra parte, la historia no afecta al ser íntimo del hombre y no cambia profundamente el sentimiento que éste tiene de sí mismo. Si la conciencia se interesa por la historia no es porque el hombre mismo sea histórico, pues no se ocupa en menor grado de la naturaleza.
¡Un Dasein contempla un aparador antiguo! ¡La historia no afecta al ser íntimo del “hombre”!
¿Para qué entonces hablar de Dasein y no, más sencilla y claramente, de un “señor”, un humán, un individuo, un ciudadano, un burgués, un despistado profesor de filosofía? Si Heidegger introdujo el término “Dasein” fue por alguna razón y precisamente para distinguir su objeto de tematización en la ontología fundamental, el “ser ahí” qua “ahí del ser”, de la antropología y de todas las ciencias humanas y sociales empíricas. Pero Benavides Lucas nos hace una descripción empírica de carácter sociológico, psicológico o antropológico basada quizá en alguna estadística que no cita. En cualquier caso, estamos ante un discurso patentemente categorial relativo a una especie biológica denominada homo sapiens (aunque, por cierto, un Neanderthal también podría “mirar un cuadro”). Nada de lo dicho tiene el menor sentido referido al Dasein en cuanto tal. Por otra parte, obsérvese que el autor nunca interpreta la historia como acción, sino como una mera información recibida pasivamente por la “conciencia” que, pongamos por caso, lee un libro. La única “actividad” es aquí la teórica del historiador que “construye” la historia. El “agente” o “sujeto de la historia”, que es precisamente el que interesa a Heidegger a fin de determinar su esencia, ha sido suprimido, y en su lugar desfilan unos “individuos” que no “hacen” historia, sino que simplemente la contemplan desde fuera como una “realidad” externa y objetivada en unos textos, una región poco menos que cosmológica, cosificada, aunque, al parecer y contradictoriamente, organizada a la par por la mente del historiador. La segunda cuestión que conviene subrayar es, por tanto, que, para el Heidegger de Ser y tiempo, la “historicidad” de la historia remite a la “resolución” (Entschlossenheit) del Dasein en virtud de la cual puede haber historia y no simple sucesión causal de “acontecimientos” que no se distinguiría de la metafórica “historia natural”. El “hecho histórico” sólo puede ser comprendido por el actor ejecutivo o, si se quiere, por el Dasein en tanto que “agente histórico”. Éste genera la historia (res gestae) y sólo después puede el historiador, en una operación que a su vez es histórica en el primer sentido, producir la historia como historiografía (narratio rerum gestarum). No otro es el ordo essendi de la cuestión planteada. Como sabemos, Heidegger ha dejado muy claro que el carácter de la “historicidad”, es decir, el “agente”, “actor ejecutivo” o “sujeto” de la historia, es el “ser para la gloria” del “ser ahí” (Dasein):
Ahora bien, si hay una historia ajena a la conciencia, ¿cómo puede pretender que surge de la historiografía? ¿Tendrá el término “historia” un significado pre-historiográfico, es decir, el que le corresponda en cuanto res gestae? Puede observarse, en efecto, que al autor utiliza aquí “historia” como sinónimo de “ciencia” aunque es un lugar común subrayar que el sustantivo “historia” tiene dos sentidos fundamentales, a saber, 1/ una disciplina académica (historiografía) y 2/ la historia en cuanto tal que puede devenir, o no, objeto de esa disciplina académica. Ahora bien, si aceptamos la primera definición de Benavides Lucas, la historia como disciplina académica, la historiografía, la narratio rerum gestarum, precede a la historia qua res gestae. La historiografía produce la historia ex nihilo: «para ser y saberse histórico, el Dasein necesita de la historiografía». Consecuentemente, si el objeto de la historiografía se construye a partir de fenómenos históricos, de acuerdo con lo que la segunda definición parece contradictoriamente reconocer («un saber fáctico que es ajeno a la conciencia»), ¿en qué sentido es histórico dicho fenómeno, sobre el que se erige el objeto de la historiografía, antes de que ésta haga acto de presencia? Una tal pregunta es la que intenta responder Heidegger. La “historicidad” no mienta ningún concepto misterioso, sino el carácter esencial de “lo histórico” que nos permite identificar un fenómeno como fenómeno histórico, el cual sólo a posteriori puede devenir “objeto” de la historiografía. Para Heidegger se trata de ser capaces de identificar el fenómeno histórico en cuanto tal, es decir, aquello que permite posibilitar la constitución de la historia como objeto de la ciencia historiográfica, y no al revés, según la confusa y contradictoria tesis de Benavides Lucas.
Por otro lado, confunde también el autor citado el Dasein con la “conciencia”, a la que se opone, y con el traído y llevado “hombre”, una ambigüedad semántica que la más superficial lectura de Heidegger prohíbe de forma tajante. El Dasein, ya lo hemos visto y reiterado, no es “el individuo”, no es ningún ente categorial, ni cosa. Hecha esta mera aclaración, pierden su pertinencia todos los exempla propuestos por Benavides Lucas:
La historia constituye un ámbito en el que no puede haber intuición, sino únicamente reconstrucción, y en la que la certidumbre racional es sustituida por un saber fáctico cuyo origen es ajeno a la conciencia. Todo lo que ésta última sabe es que el tiempo pasa: si un Dasein contempla un aparador antiguo, podrá decir que es un mueble usado, que es viejo, más viejo que él mismo; pero, al revés de lo que pretende Heidegger, no podrá decir que el mueble es ‘histórico’. La historia es la organización inteligente de los datos relacionados con una temporalidad que no es la del Dasein. Aunque el concepto de ‘histórico’ presuponga el de ‘viejo’, no por eso deja de separarlos el abismo del intelecto. Identificar estos dos adjetivos, equiparar el tiempo del yo y el de la historia es confundir la condición de posibilidad de la historia con su esencia, eludir lo esencial, escribir historias edificantes. / Todo lo más que la conciencia conoce es una estrecha franja del pasado, cuyo recuerdo está todavía vivo en la generación actual. Más allá de esta franja, se contenta con suponer que la duración presente puede prolongarse por recurrencia: mi abuelo debió tener, a su vez, otro abuelo… Lo mismo ocurre respecto al futuro. Si da en pensar en el pasado, lo considera como la construcción del mundo humano actual, al que tiene por terminado. /Por otra parte, la historia no afecta al ser íntimo del hombre y no cambia profundamente el sentimiento que éste tiene de sí mismo. Si la conciencia se interesa por la historia no es porque el hombre mismo sea histórico, pues no se ocupa en menor grado de la naturaleza.
¡Un Dasein contempla un aparador antiguo! ¡La historia no afecta al ser íntimo del “hombre”!
¿Para qué entonces hablar de Dasein y no, más sencilla y claramente, de un “señor”, un humán, un individuo, un ciudadano, un burgués, un despistado profesor de filosofía? Si Heidegger introdujo el término “Dasein” fue por alguna razón y precisamente para distinguir su objeto de tematización en la ontología fundamental, el “ser ahí” qua “ahí del ser”, de la antropología y de todas las ciencias humanas y sociales empíricas. Pero Benavides Lucas nos hace una descripción empírica de carácter sociológico, psicológico o antropológico basada quizá en alguna estadística que no cita. En cualquier caso, estamos ante un discurso patentemente categorial relativo a una especie biológica denominada homo sapiens (aunque, por cierto, un Neanderthal también podría “mirar un cuadro”). Nada de lo dicho tiene el menor sentido referido al Dasein en cuanto tal. Por otra parte, obsérvese que el autor nunca interpreta la historia como acción, sino como una mera información recibida pasivamente por la “conciencia” que, pongamos por caso, lee un libro. La única “actividad” es aquí la teórica del historiador que “construye” la historia. El “agente” o “sujeto de la historia”, que es precisamente el que interesa a Heidegger a fin de determinar su esencia, ha sido suprimido, y en su lugar desfilan unos “individuos” que no “hacen” historia, sino que simplemente la contemplan desde fuera como una “realidad” externa y objetivada en unos textos, una región poco menos que cosmológica, cosificada, aunque, al parecer y contradictoriamente, organizada a la par por la mente del historiador. La segunda cuestión que conviene subrayar es, por tanto, que, para el Heidegger de Ser y tiempo, la “historicidad” de la historia remite a la “resolución” (Entschlossenheit) del Dasein en virtud de la cual puede haber historia y no simple sucesión causal de “acontecimientos” que no se distinguiría de la metafórica “historia natural”. El “hecho histórico” sólo puede ser comprendido por el actor ejecutivo o, si se quiere, por el Dasein en tanto que “agente histórico”. Éste genera la historia (res gestae) y sólo después puede el historiador, en una operación que a su vez es histórica en el primer sentido, producir la historia como historiografía (narratio rerum gestarum). No otro es el ordo essendi de la cuestión planteada. Como sabemos, Heidegger ha dejado muy claro que el carácter de la “historicidad”, es decir, el “agente”, “actor ejecutivo” o “sujeto” de la historia, es el “ser para la gloria” del “ser ahí” (Dasein):
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