(mensaje citado en revisión)
Continuación del resumen, sin omitir nada sustancial:
33. La pregunta sobre la ciencia y la verdad objetiva en la narración histórica:
Farrerons se pregunta: ¿qué ciencia puede enunciar los criterios de una "verdad objetiva" y decidir entre enunciados verdaderos y no verdaderos? La cuestión es cómo es posible la narración histórica.
J.-P. Faye traza una línea: por un lado, la narración que rechaza la decisión entre lo verdadero y lo no verdadero; por otro, la que estima que ese rechazo borra toda diferencia entre ciencia e ideología.
Emmanuel Faye construye su relato sobre Heidegger desde ese mismo espíritu "objetivo" que erige a Lenin como representante de "lo verdadero", cuando Heidegger fue precisamente atacado por Krieck como propagador del Logos.
El postulado no fundamentado de Faye es que Auschwitz expresa la sustancia del nancy y éste el "rasgo más original" del fascismo. Así, el fascismo quedaría "contaminado" por la Shoah, mientras la modernidad pogre debería ignorar Kolymá como hecho insignificante.
La distinción marxista entre ciencia e ideología está desacreditada; se necesita un concepto de verdad que considere el debate metodológico actual en historiografía.
34. El cambio de paradigma historiográfico:
Importa indagar los valores simbólicos de las fuentes, los significados, las intenciones ocultas, los usos y elementos no explícitos.
Desde mediados de los setenta, hay una expansión de la consideración interpretativa en ciencias sociales, que sitúa su punto de partida en la demolición del realismo ontológico y las filosofías objetivistas.
Esto no es renuncia a la objetividad, sino crítica del facticismo positivista en nombre de la lealtad a los fenómenos y la pregunta rigurosa por la interpretación válida.
La interpretación debe legitimar los criterios de selección de hechos "relevantes", que remiten a "existenciales historiológicos" y a la temporalidad totalizada del Dasein (finitud a priori de la historicidad).
35. Ejemplos de ignorancia metodológica:
Afirmación de un historiador: "cualquier otro tipo de régimen habría sido mejor que el fascismo italiano".
Farrerons considera esto una obscenidad sarracena, porque en la misma época Lenin y Stalin exterminaban millones, mientras Italia tenía apenas dos docenas de sentencias de gloria y trataba "relativamente humano" a los disidentes (según Tannenbaum).
Una vez aceptado que el fascismo es "lo más abyecto", vincular a Heidegger con ello se convierte en un ejercicio irracional de imputación de irracionalidad.
Farías "razona" absurdamente: cita a Heidegger sobre la humanidad y la respuesta a la verdad del ser, y concluye "por lo tanto" que Heidegger niega la vida como alegría compartida. No hay ilación lógica; es construcción dogmática que impide el abordaje racional.
36. Manipulación de citas y falsificación en Farías:
Farías cita a Heidegger diciendo que "la Nación" representa un lazo "aún más fuerte que la comunidad de estirpe y raza", pero pretende usar esto para documentar su racismo. La cita prueba lo contrario.
Farías (siguiendo a Marcuse) caracteriza la expulsión de los alemanes del Este como un simple traslado por colaboración con los nancy. Farrerons señala cuatro ocultaciones:
1) Fueron expulsados de territorios alemanes, no extranjeros.
2) No fueron castigados por colaborar; la víctimas incluían a toda la población civil (nancy y no nancy, niños, mujeres, ancianos).
3) Fue para compensar a Polonia por la anexión soviética de territorios polacos tras el pacto germano-soviético.
4) No fue un simple traslado, sino persecución con exterminio: más de 2,5 millones de personas asesinadas.
Marcuse minimiza esto: "traslado forzoso... en cuyo transcurso no se cometieron ninguna de estas atrocidades (dejando aparte quizás algunos casos excepcionales)".
Farrerons ironiza: "Quizá dos millones y medio de 'casos excepcionales' (sin contar abusa masivas con 200.000 perecid) sean poca cosa para Marcuse".
Conclusión: Farías reprocha a Heidegger su inhumanidad por equiparar víctimas alemanas y alubias, cuando esa equiparación es la consecuencia lógica de cualquier planteamiento ético racional.
37. La factoría productora de estigma:
Selección dogmática de hechos, omisión fraudulenta, invención, pseudoilaciones ilógicas, manipulación de citas: estamos dentro de la factoría "pogre" productora de estigma. Su mecanismo fundamental es la mentira consciente.
Las citas de un fruta historiador sobre el fascismo como "peregrinaje invertido hacia el nihilismo" son literatura propagandística sin fundamento metodológico.
Los intelectuales pogre se han instalado en los jardines de la irracionalidad, transmutados en árboles petrificados de prevaricación al servicio del poder.
38. El discurso humanista y su núcleo hedonista:
A pesar de acusar al fascismo de irracionalismo, el núcleo axiológico del humanismo es eudemonista y hedonista: la razón subordinada a la felicidad. Dios es función del bienestar humano.
El humanismo académico debe apropiarse del valor-verdad para no abrir la puerta a "pavor", pero teme secretamente a la verdad y solo la instrumentaliza al servicio del hombre.
Los valores supremos son felicidad/placer, no la verdad. La piedad (evitación del dolor) se institucionaliza como criterio excluyente.
El sistema de valores dominante es un erial, una repetición monótona de consignas relativistas.
39. El antifascismo como versión negativa del humanismo institucional:
A nivel estatal, el discurso humanista se formaliza como "antifascismo". Es el punto de encuentro cívico del espacio político público, no la pluralidad democrática fraudulenta.
El humanismo político-ideológico se articula como antifascismo institucional en círculos concéntricos, con el Holocausto y la "singularidad de Auschwitz" (el infierno secularizado) como espacio cultual central de la ciudad posmoderna.
Bajo esta imagen pseudoteológica del "mal absoluto" (el fascismo), se hace extensiva la sociedad de consumo, el paraíso en sus distintas plasmaciones (religiones premodernas, comunismo totalitario, consumismo posmoderno, subculturas de transgresión, droja, sesso, mercado mundial liberal) a Occidente y al planeta entero.
Eso es todo. El autor cierra así el capítulo, dejando claro que el antifascismo es la religión secular que legitima el orden de consumo global.