Rabat ha gastado 70.000 millones de dólares en cazas, drones, buques de combate, satélites espía y artillería pesada
A partir de la crisis de la isla de Perejil en 2002, Jovenlandia ha inyectado alrededor de 70.000 millones de dólares en armamento y tecnología militar en
theobjective.com
Los 70.000 millones son acumulados desde 2002, o sea unos 2.900 millones al año. España lleva un presupuesto de defensa que en 2025 se fue por encima de los 30.000 millones de euros con el plan para alcanzar el 2% del PIB. En dinero agregado no hay ninguna duda: España gasta del orden de dos o tres veces más cada año. Si la duda existe no es por cuánto, es por en qué.
Jovenlandia ha comprado un paquete coherente para un escenario muy concreto. 25 F-16 Block 72 encargados en 2019 más la modernización a estándar Viper de los 23 que ya tenía, artillería autopropulsada Caesar y ATMOS, HIMARS, drones Bayraktar TB2 y Akinci, municiones merodeadoras israelíes tipo Harop, y según lo publicado un sistema antiaéreo chino de largo alcance de la familia HQ-9. Eso no es una lista de la compra desordenada, es exactamente el equipo que hace falta para ver, saturar y negar el espacio aéreo sobre una franja de veinte kilómetros durante unos pocos días.
España compró para otra guerra, y no es un disparate: Eurofighter y programa Halcón, fragatas F-110, submarinos S-80. Sirve para operar en coalición y en el Atlántico. Pero en los peldaños concretos que cuentan en un enclave la carencia es real. No hay lanzacohetes múltiple en servicio desde que se retiró el Teruel, el SILAM se contrató en 2023 y todavía se está entregando, y los cuatro MQ-9 españoles son de vigilancia, van desarmados. La diferencia no es de presupuesto, es de mezcla.
Luego está lo que no arregla ningún presupuesto. Ceuta tiene 18,5 kilómetros cuadrados y Melilla 12,3. No hay profundidad donde defender nada, y eso ya era así en 1975.
Y hay una pieza que casi nunca sale en estos hilos y que es la que de verdad pesa. El artículo 6 del Tratado de Washington acota dónde se aplica el artículo 5: territorios en Europa y Norteamérica, y las islas del Atlántico Norte al norte del Trópico de Cáncer. Ceuta y Melilla están en el continente africano y no son islas, así que quedan fuera de la garantía de la OTAN. Canarias sí entra, por ser islas y estar al norte del Trópico. En cambio el artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea no tiene esa limitación territorial y ambas ciudades son territorio de la Unión, así que la cláusula europea sí las cubre. Por eso España empuja siempre por la vía europea y no por la atlántica, y por eso el titular de que el Ejército duda es menos noticia que el hecho de que jurídicamente está solo.
Y por último, la disuasión real no está en la guarnición. Está en que el comercio ingenieros depende de Tánger Med, que superó los diez millones de contenedores en 2024, y de una costa atlántica larguísima. Eso es aviación y marina, no trincheras. Que es justo donde España sí conserva ventaja clara.