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Será en Octubre
John Gwynne, el escritor llamado a suceder a Tolkien: "La verdadera épica es hacer el bien en los detalles cotidianos"
El escritor de fantasía épica británico ha creado una obra que reflexiona sobre la esencia humana: "El valor no consiste en ser más fuerte que los demás, sino en tener el coraje de defender lo correcto"(imagen visible para usuarios registrados)
Lleno de tatuajes, con la corpulencia de un viejo guerrero sajón y una frondosa barba, John Gwynne (Singapur, 1968) no tiene demasiadas dificultades para pasar desapercibido entre los miles de lectores que abarrotan el Festival Celsius de Avilés en su 15ª edición. Al menos hasta que alguien repara en él como el autor de alguna de las sagas más influyentes de la fantasía contemporánea, un nombre que desde hace años aparece inevitablemente junto a los de Joe Abercrombie, Robin Hobb o Brandon Sanderson cuando sus casi dos millones de lectores discuten quién ha recogido el testigo de Tolkien. Sin embargo, sentado frente a una mesa, habla con calma, sonríe con frecuencia, busca las palabras con cuidado y sus ojos azules tienen una expresión serena que contrasta con los guerreros, las hachas, los gigantes, dragones y batallas que llenan sus novelas.
También con Maldad (Minotauro), el libro con el que tras el éxito de su trilogía Hermanos de sangre, inspirada en la mitología nórdica, comienza a publicarse en España Los fieles y los caídos, la tetralogía que lo convirtió en uno de los autores imprescindibles del género fantástico.
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La historia arranca en las Tierras del Exilio, un territorio donde los ecos de una antigua guerra entre seres celestiales y demoníacos -inspirada en El paraíso perdido de John Milton- siguen latiendo bajo una paz apenas aparente. Allí, un muchacho llamado Corban empieza a descubrir que las viejas profecías quizá no sean tan claras como todos creen y que el destino de los reinos depende menos de los elegidos que de quienes toman decisiones aparentemente insignificantes. Pero igual que con su admirado Tolkien, basta leer unas pocas páginas para advertir que, detrás de esa arquitectura monumental, Gwynne está hablando de otra cosa.
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«Mi principal objetivo siempre es entretener, intento recuperar esa sensación que tenía como lector cuando un libro conseguía absorberme por completo y el mundo desaparecía durante unas horas», dice enseguida Gwynne, «pero también intento escribir historias y personajes con profundidad emocional para que quien los lea se lleve algo más que entretenimiento. Siempre vuelvo a los mismos temas. La familia es lo más importante para mí, por eso todos mis libros hablan de la familia, del amor, de la amistad, de la pérdida, del duelo y también de la esperanza».
Para saber más
Durante más de 20 años Gwynne fue profesor en la Universidad de Brighton. Había pasado ya de los 40, tenía cuatro descendientes y ninguna intención de convertirse en novelista cuando comenzó a escribir por las noches. Maldad, afirma, nunca nació con vocación de publicarse. «Lo escribía como un pasatiempo y pensaba regalárselo a mis descendientes. Me gustaba la idea de dejarles algo que pudieran leer algún día, cuando yo ya no estuviera. En el fondo era una forma de transmitirles algunas cosas que me parecían importantes sobre cómo vivir».
Ese origen ilumina buena parte de la novela, porque aunque las páginas estén pobladas de fortalezas, ejércitos y criaturas nacidas de antiguas leyendas, la verdadera batalla se libra siempre en otro lugar. Gwynne no parece especialmente interesado en los grandes héroes predestinados, sino en el efecto que una decisión casi imperceptible puede tener sobre la vida de los demás. «Uno de los temas principales de toda la saga es que incluso las decisiones más pequeñas tienen un enorme impacto. A veces sentimos que no tenemos ninguna influencia sobre el mundo, pero las pequeñas decisiones son como una piedra que cae en un estanque y genera ondas que se extienden mucho más lejos de lo que imaginamos», defiende.
Quizá por eso Maldad acaba siendo una novela mucho más preocupada por la bondad que por el mal anunciado en su título. Sus personajes sobreviven porque alguien decide mantenerse fiel, porque alguien protege a un niño, porque alguien cumple una promesa cuando nadie podría reprocharle haberla roto. «Eso era exactamente lo que quería contar. Puedes construir escenarios inmensos y una historia épica, pero al final son las pequeñas decisiones cotidianas las que cambian las cosas», insiste. «Recuerdo ver Gladiator, escuchar aquello de 'fuerza y honor' y pensar que yo también quería una frase que resumiera lo que intentaba transmitir a mis descendientes», rememora. Así nació «Verdad y valentía», lema que acaba convirtiéndose en grito de guerra de los protagonistas. «Para mí significa algo muy sencillo, que la verdad importa porque las mentiras son como un veneno y el valor no consiste necesariamente en ser más fuerte que los demás, muchas veces sólo significa tener el coraje de defender lo que uno cree que es correcto».
Hay una escena que se repite una y otra vez en sus novelas: alguien empuña un arma, alguien cae, la batalla termina... pero lo verdaderamente importante empieza después. Los perecid pesan, los supervivientes cargan con ellos y ninguna victoria sale gratis. La violencia nunca aparece desprovista de consecuencias. «Siempre me fascinaron las grandes epopeyas históricas. De niño mi padre me sentaba con él a ver Espartaco, Ben-Hur y películas así, pero crecer consiste también en entender que la guerra y la violencia son algo terrible, aunque formen parte de la condición humana», reflexiona. «Por eso intento escribirlas de una manera que resulten reales, no gloriosas. Recuerdo el impacto que me produjo Braveheart porque fue una de las primeras películas que mostró el combate sin embellecerlo. Después llegó Salvar al soldado Ryan y aquella secuencia inicial se convirtió casi en un referente. Escribo muchas batallas, pero nunca quiero glorificar el combate».
John Gwynne sostiene un hacha de época en los campos de Eastbourne.PAN MACMILLAN
Su aspecto invita a imaginar otra clase de respuestas. Como decíamos, Gwynne es un hombre corpulento, de manos enormes, exactamente el tipo de figura que uno esperaría encontrar entre los guerreros de sus novelas llevando un hacha a la espalda. Sin embargo, cuando habla de ellos lo hace casi siempre para referirse al cuidado, a la responsabilidad o a la igualdad. «Es un tema muy importante para mí e intento mostrarlo más que explicarlo. Procuro evitar esa masculinidad tradicional y tóxica donde el hombre siempre es el héroe y la mujer existe para ser rescatada. Todos somos humanos y la vida es mucho más compleja que eso. La fuerza no tiene demasiado valor si no va acompañada de responsabilidad», afirma tajante. «La verdadera épica consiste en hacer el bien en los pequeños detalles cotidianos».
Gwynne vivió otra experiencia que terminó de moldear esa manera de entender el heroísmo. En 2021 falleció Harriet, una de sus hijas, que padecía una grave discapacidad y cuya vida había cambiado para siempre la de toda la familia. El escritor no busca extraer de esa tragedia una lección edificante, pero resulta imposible no percibir su huella en unos libros en los que el cuidado pesa tanto como el combate y la pérdida nunca aparece como un mero recurso narrativo. «Perder a tus padres es terrible, pero sabes que algún día ocurrirá. Nadie, en cambio, puede prepararse para perder un descendiente. Estuve a punto de dejar de escribir cuando murió Harriet. Fue una época muy difícil».(mensaje citado en revisión)
No lo hizo. Al contrario, aquella ausencia terminó encontrando un lugar en su literatura. Su nueva serie, que se publicará en el mercado anglosajón en noviembre, incluye una niña con discapacidad inspirada directamente en ella y una familia que intenta protegerla en medio del caos. «Ahora entiendo mucho mejor el duelo y eso influye inevitablemente en cómo escribo sobre él. Pero no quería escribir un libro triste, sigo creyendo que, mientras estemos aquí, debemos vivir plenamente y aprovechar cada día. Por grande que sea, el dolor no cancela la posibilidad de seguir encontrando belleza en el mundo».
Precisamente ese optimismo, esos ideales de bondad y belleza son algunas de las cosas en las que Gwynne más de asmeja al maestro Tolkien. Durante años la fantasía pareció empeñada en demostrar que había alcanzado la madurez alejándose de él. Llegaron los antihéroes, el cinismo, los finales amargos y una violencia cada vez más descarnada. Gwynne admira profundamente esa evolución -«Joe Abercrombie me parece un escritor extraordinario y George R. R. Martin cambió el género para siempre»-, pero no cree que la complejidad sarracena obligue a renunciar a la esperanza. «El grimdark ha sido una corriente que ha enriquecido muchísimo la fantasía, pues mostró personajes llenos de contradicciones y se alejó de esa visión simplista del bien y del mal, pero la esperanza también forma parte de la condición humana. Somos imperfectos, nos equivocamos constantemente y, aun así, seguimos siendo capaces de hacer el bien. Creo que ahora, en estos tiempos de incertidumbre, muchos lectores vuelven a buscar precisamente eso, esperanza».
Tal vez ahí resida una de las razones de su gran éxito. En un momento dominado por el miedo, la polarización y una tecnología que parece cuestionarlo todo, millones de lectores encuentran refugio en historias de bosques, juramentos, espadas y viejos dioses. Gwynne sonríe al hablar de si la inteligencia artificial podrá llegar algún día a sustituir ese impulso de contar historias. «Da un poco de miedo, claro, pero también es una herramienta muy útil. Lo que no creo es que pueda reemplazar algo que forma parte de nosotros desde hace miles de años. Antes nos reuníamos alrededor del fuego y alguien empezaba a contar una historia. Homero hacía exactamente eso. Todas las culturas han utilizado los relatos para entender el mundo, para transmitir experiencias y enseñar a los más jóvenes. Creo que esa necesidad nunca va a desaparecer».
Quizá por eso tampoco le preocupa demasiado que sus lectores extraigan una cierta ética de sus novelas. Nunca pretendió escribir manuales de conducta, insiste, pero tampoco oculta cuáles son las convicciones que sostienen su ficción. «Siempre vuelvo a las mismas dos palabras: verdad y valentía. Si mis libros consiguen transmitir, aunque sea un poco, la importancia de decir la verdad, de tener el valor de hacer lo correcto y de tratar con decencia a quienes nos rodean, sentiré que todo esto ha merecido la pena». No parece una mala definición para una obra que habla de dragones, dioses y gigantes, pero que, en el fondo, nunca ha dejado de preguntarse cómo seguir siendo humanos cuando el mundo parece empeñado en lo contrario.
(imagen visible para usuarios registrados)
Maldad
John GwynneTraducción de Simon Saito. Minotauro. 752 páginas. 23,95 € Ebook: 11,99 €
John Gwynne, el escritor llamado a suceder a Tolkien: "La verdadera épica es hacer el bien en los detalles cotidianos"
Lleno de tatuajes, con la corpulencia de un viejo guerrero sajón y una frondosa barba, John Gwynne (Singapur, 1968) no tiene demasiadas dificultades para pasar desapercibido entre...