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La Iglesia fue aliada de los facinerosos y nancys.
La obsesión viene de lejos, pero ahora es política. La Iglesia es el último objetivo útil porque es una institución que no se ha doblegado al nuevo catecismo global. Se la ataca con lo que sea, y el tema del nancy es un comodín histórico que suena a condena universal. Es el argumento que se le echa a todo lo que huela a tradición.
Cierto que hubo pactos: el Concordato de 1933, y Pío XII miró para otro lado más de lo que sus defensores dicen. Pero si buscas la obsesión, fíjate en quién la alimenta. Los mismos que ahora promueven la idea del caos climático y del fascismo de todo el que no se apunta a la Agenda 2030. Es el mismo método: coge un caso real, lo universalizas, y tienes un arma contra cualquier institución que sobreviva.
De perlas: nadie te cuenta que la mitad de los pastores protestantes alemanes apoyaron a Hitler, o que Stalin y Hitler se repartieron Polonia. Eso no vende. Vender es el papá malo y su báculo. Al loro, que esto no va de historia, va de derribar lo que estorba al nuevo orden.