ConspiraChad
La gloria no existe
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A ver, shurs, pillo sitio y os explico la mayor engaña piramidal del ladrillo patrio: el adosado levantino. Os venden el sueño americano y en realidad os están endosando un bloque de pisos tumbado. Esto no es mala suerte, es un fallo en Matrix. Es el Síndrome del Terrateniente de Hacendado.
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Aquí va la radiografía de la derroición vecinal que os vais a encontrar en cualquier barrio de ese estilo:
1. El síndrome de Falcon Crest (El taller clandestino Paco)El notas se pilla un adosado porque tiene una triste puerta a la calle. Su cerebro de reptil borra al instante el concepto de "comunidad de vecinos". Se cree que ha heredado un rancho en Texas de 50 hectáreas, cuando la cruda realidad es que comparte el tabique de papel de fumar con 6 familias a menos de diez metros.
El taller en casa es el siguiente escalón. Por ley, en zona residencial no puedes montar actividad económica ruidosa sin licencia, pero le da igual. El garaje se convierte en banco de trabajo porque alquilar una nave sale caro y “total, son dos horitas jiji”. Tienes al Paco de turno a las 4 de la tarde de un domingo tirando de radial, sierra, soldando chapuzas o probando un motor a escape libre. Seis vecinos en un radio de diez metros lo oyen retumbar en el cráneo, pero el dueño lo que oye es “libertad”.
2. La hipertrofia canina (Más bestias que personas)Te metes en el buscador y el problema número uno no son las derramas, son los chuchos. Hay más perros que sentido común en muchas de esas calles. El español medio huye del zulo en la ciudad buscando "espacio vital" y lo primero que hace es meter a dos Malinois, un Mastín o un Pitbull en un patio de baldosas de 20 metros cuadrados donde no cabe ni la barbacoa del Leroy. El perro se vuelve completamente esquizofrénico por la falta de estímulos y le ladra a las moscas. Los usan de alarma Prosegur low-cost, mientras todo el barrio se come un concierto de ladridos 24/7.
3. El filtro del "quiero y no puedo" (Selección natural del antisocial)Si analizáis el perfil del adosado, es siempre el mismo: el purgatorio de la clase media. Acaba ahí el que odia convivir en sociedad pero tiene la cuenta corriente tiritando como para pillarse una villa de verdad. Y claro, luego proyectan mentalidad de señorío sobre un chalet en fila.
Ahí se concentra un perfil demográfico buenísimo: gente antipática, con complejo de terrateniente, que exige aislamiento total pero vive a metro y medio de la ventana del de al lado. El que se siente dueño absoluto de su tesela de 90 m² de pladur no suele ser precisamente diplomático. Un choque de trenes de manual. Cada uno quiere ser el rey de su castillo, construyendo motos al estilo de Mad Max o ahumando al vecino.
El consenso de los foros es claro: Las zonas de adosados son la zona cero de la toxicidad humana. Ejemplos de hilos reales que todos hemos leído:
Y vivir en un sitio así es un castigo, mosquitos tigre todo el año con la picadura de una avispa, humedad y calor de la selva ecuatoriana 6 meses al año, moho detrás de la pintura que te corroe el alma, 0 infraestructura quitando los centros locales, cuquis del tamaño de un hamster mirándote por la ventana, el viejo alemán despertándose a las 5 de la mañana por un lado dando gritos y arrancando su quad y al otro lado una familia valenciana dando gritos hasta las 3 de la noche. El infierno en la tierra. A 4 horas de Madrid y tan lejos de dios.
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Aquí va la radiografía de la derroición vecinal que os vais a encontrar en cualquier barrio de ese estilo:
1. El síndrome de Falcon Crest (El taller clandestino Paco)El notas se pilla un adosado porque tiene una triste puerta a la calle. Su cerebro de reptil borra al instante el concepto de "comunidad de vecinos". Se cree que ha heredado un rancho en Texas de 50 hectáreas, cuando la cruda realidad es que comparte el tabique de papel de fumar con 6 familias a menos de diez metros.
El taller en casa es el siguiente escalón. Por ley, en zona residencial no puedes montar actividad económica ruidosa sin licencia, pero le da igual. El garaje se convierte en banco de trabajo porque alquilar una nave sale caro y “total, son dos horitas jiji”. Tienes al Paco de turno a las 4 de la tarde de un domingo tirando de radial, sierra, soldando chapuzas o probando un motor a escape libre. Seis vecinos en un radio de diez metros lo oyen retumbar en el cráneo, pero el dueño lo que oye es “libertad”.
2. La hipertrofia canina (Más bestias que personas)Te metes en el buscador y el problema número uno no son las derramas, son los chuchos. Hay más perros que sentido común en muchas de esas calles. El español medio huye del zulo en la ciudad buscando "espacio vital" y lo primero que hace es meter a dos Malinois, un Mastín o un Pitbull en un patio de baldosas de 20 metros cuadrados donde no cabe ni la barbacoa del Leroy. El perro se vuelve completamente esquizofrénico por la falta de estímulos y le ladra a las moscas. Los usan de alarma Prosegur low-cost, mientras todo el barrio se come un concierto de ladridos 24/7.
3. El filtro del "quiero y no puedo" (Selección natural del antisocial)Si analizáis el perfil del adosado, es siempre el mismo: el purgatorio de la clase media. Acaba ahí el que odia convivir en sociedad pero tiene la cuenta corriente tiritando como para pillarse una villa de verdad. Y claro, luego proyectan mentalidad de señorío sobre un chalet en fila.
Ahí se concentra un perfil demográfico buenísimo: gente antipática, con complejo de terrateniente, que exige aislamiento total pero vive a metro y medio de la ventana del de al lado. El que se siente dueño absoluto de su tesela de 90 m² de pladur no suele ser precisamente diplomático. Un choque de trenes de manual. Cada uno quiere ser el rey de su castillo, construyendo motos al estilo de Mad Max o ahumando al vecino.
El consenso de los foros es claro: Las zonas de adosados son la zona cero de la toxicidad humana. Ejemplos de hilos reales que todos hemos leído:
- "[TEMA SERIO] Mi vecino es […], se ha montado un taller de motos en el sótano y me vibra el salón al ralentí."
- "Tienen 3 perros defecando en la terraza y el olor a […] me impide ventilar. ¿Le meto un disco de meo por debajo de la puerta?"
- "El cuñado de al lado se cree Arguiñano y me ahúma la ropa tendida con las pancetas. Halp."
Resumen: huid de ahí como de la peste, shurs. Buscáis paz y estáis comprando un billete en primera clase a la esquizofrenia.
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Aquí me refiero exclusivamente a los adosados levantinos con los que está petada toda la costa.Y vivir en un sitio así es un castigo, mosquitos tigre todo el año con la picadura de una avispa, humedad y calor de la selva ecuatoriana 6 meses al año, moho detrás de la pintura que te corroe el alma, 0 infraestructura quitando los centros locales, cuquis del tamaño de un hamster mirándote por la ventana, el viejo alemán despertándose a las 5 de la mañana por un lado dando gritos y arrancando su quad y al otro lado una familia valenciana dando gritos hasta las 3 de la noche. El infierno en la tierra. A 4 horas de Madrid y tan lejos de dios.
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