La Brevísima relación de la destrucción de África no nació originalmente como un libro independiente. Está formada por once capítulos de la Historia de las Indias de Las Casas, que los había concebido como una extensa digresión destinada a mostrar los antecedentes de la actuación europea en América. En 1989, el también dominico e investigador Isacio Pérez Fernández recuperó esos capítulos y los publicó como obra independiente.
El texto reconstruye la expansión europea por el Atlántico antes de la conquista americana. Las Casas comienza con la conquista de Canarias y describe después las expediciones portuguesas por la costa occidental africana. Su relato se centra en la captura de habitantes de las islas y de África, las guerras emprendidas contra poblaciones que no habían atacado a los europeos, el saqueo de sus territorios y la transformación de los cautivos en una mercancía. Para Las Casas, Canarias y África constituyen un antecedente directo de lo que posteriormente sucedería en América.
El texto tiene así una doble finalidad: denunciar la esclavización de los habitantes de Canarias y África y mostrar que las prácticas utilizadas por portugueses y castellanos antes de la conquista americana forman parte de una misma historia de expansión, violencia y explotación.
Pero lo más interesante del texto no son solamente las atrocidades que Las Casas atribuye a los portugueses. Es su razonamiento para negar legitimidad a la esclavización. Estamos ante el primer libro de la Historia que condena la esclavitud.
Las Casas se enfrenta a varias de las justificaciones que podían utilizarse para defender la conquista y la esclavitud.
La primera es la condición religiosa de las víctimas.
«Son infieles».
Para Las Casas, esto no constituye una justificación suficiente. Que una persona no sea cristiana no elimina su condición humana ni sus derechos naturales. Los habitantes de África y Canarias poseen razón, libertad y dominio sobre sus personas y sus bienes.
La segunda justificación es territorial:
«Sus tierras pueden ser conquistadas para extender el cristianismo».
Tampoco acepta este argumento. La conversión religiosa no puede justificar una guerra contra personas que no han cometido una agresión. El cristianismo, desde su perspectiva, debe difundirse mediante la predicación y la persuasión, no mediante la violencia.
Y existe una tercera posibilidad:
«Podemos conquistarlos primero y convertirlos después».
La respuesta de Las Casas es igualmente negativa. La violencia utilizada para imponer la religión contradice precisamente el mensaje cristiano que se pretende transmitir.
Esta argumentación convierte la obra en algo más que una crónica de abusos. Es una impugnación de la lógica jurídica y religiosa utilizada para legitimar la expansión europea. Las Casas considera especialmente escandaloso que los portugueses ataquen a poblaciones pacíficas y, al mismo tiempo, presenten sus expediciones como empresas de evangelización. En su relato, la evangelización sirve de cobertura ideológica a una actividad cuyo resultado material es la captura y comercialización de seres humanos.
El texto reconstruye la expansión europea por el Atlántico antes de la conquista americana. Las Casas comienza con la conquista de Canarias y describe después las expediciones portuguesas por la costa occidental africana. Su relato se centra en la captura de habitantes de las islas y de África, las guerras emprendidas contra poblaciones que no habían atacado a los europeos, el saqueo de sus territorios y la transformación de los cautivos en una mercancía. Para Las Casas, Canarias y África constituyen un antecedente directo de lo que posteriormente sucedería en América.
El texto tiene así una doble finalidad: denunciar la esclavización de los habitantes de Canarias y África y mostrar que las prácticas utilizadas por portugueses y castellanos antes de la conquista americana forman parte de una misma historia de expansión, violencia y explotación.
Pero lo más interesante del texto no son solamente las atrocidades que Las Casas atribuye a los portugueses. Es su razonamiento para negar legitimidad a la esclavización. Estamos ante el primer libro de la Historia que condena la esclavitud.
Las Casas se enfrenta a varias de las justificaciones que podían utilizarse para defender la conquista y la esclavitud.
La primera es la condición religiosa de las víctimas.
«Son infieles».
Para Las Casas, esto no constituye una justificación suficiente. Que una persona no sea cristiana no elimina su condición humana ni sus derechos naturales. Los habitantes de África y Canarias poseen razón, libertad y dominio sobre sus personas y sus bienes.
La segunda justificación es territorial:
«Sus tierras pueden ser conquistadas para extender el cristianismo».
Tampoco acepta este argumento. La conversión religiosa no puede justificar una guerra contra personas que no han cometido una agresión. El cristianismo, desde su perspectiva, debe difundirse mediante la predicación y la persuasión, no mediante la violencia.
Y existe una tercera posibilidad:
«Podemos conquistarlos primero y convertirlos después».
La respuesta de Las Casas es igualmente negativa. La violencia utilizada para imponer la religión contradice precisamente el mensaje cristiano que se pretende transmitir.
Esta argumentación convierte la obra en algo más que una crónica de abusos. Es una impugnación de la lógica jurídica y religiosa utilizada para legitimar la expansión europea. Las Casas considera especialmente escandaloso que los portugueses ataquen a poblaciones pacíficas y, al mismo tiempo, presenten sus expediciones como empresas de evangelización. En su relato, la evangelización sirve de cobertura ideológica a una actividad cuyo resultado material es la captura y comercialización de seres humanos.
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