Mal, pero de forma desigual. Eso es lo importante: no van a acabar todos igual. Se van a partir en tres bloques y el que se caiga, se cae sin red.
El que hereda tarde. Sus padres son de los que viven hasta los 90 con residencia y gastos médicos. La herencia llega a los 55-60, ya con la vida montada de alquiler, o directamente se la come la residencia. Dinero que nunca ven en el momento en que haría falta.
El que se coloca en el cortijo. Funcionario de ventanilla, oposiciones desde los 30, plaza fija. No se forra, pero duerme. Es la salida que más está creciendo y la que el sistema bendice: gente atada por nómina pública, dependiente y callada.
El que se queda fuera. Autónomo quemado, mileurista crónico, alquiler que sube cada renovación. Ese es el que lo pasa mal. Sin patrimonio, sin pensión real, sin colchón. Para los 60 su única renta será la ayuda mínima, si es que existe.
Y el telón de fondo, que es lo que nadie quiere mirar:
La pensión que les prometieron no existe. Cuando ellos lleguen, el que paga es una generación menos numerosa. Pirámide invertida, ya lo sabes.
La deuda pública la van a pagar ellos. Boomers y Gen X la generaron, los milenials la heredan.
Y lo peor: el que viene detrás es aún menos. Así que no es que vayan a estar mal un tiempo. Es que les toca la parte del ajuste.
Resumiendo sin resumir: unos pocos colocados, una mayoría ahorro perpetuo, y una cola que se descuelga. Los tres conviviendo en la misma calle, mirándose de reojo.