Entiendo lo que dices, y no creo que el problema sea “no mío”. Es un problema real y la frustración es legítima.
Tienes razón en algo: en el Monopoly, quien empieza acaparando acaba ganando la partida y los demás ya no pueden hacer nada. Y es difícil de resolver, porque tanto el que tiene como el que no tiene quieren más.
Lo que veo es que la vivienda se rige por las reglas del mercado. Si se fuerza a que no haya mercado, la gente simplemente se retira y la oferta se reduce. Lo ideal sería que la vivienda no se rigiese por esas reglas, pero eso exige un cambio de chip, no solo de leyes.
Me recuerda a la renta básica universal. En los círculos de izquierdas se promovió durante años y todo eran utopías, hasta que unas cuantas personas decidieron organizarse, poner dinero de su bolsillo y ofrecerla a otras personas. Con la vivienda puede pasar lo mismo: si las personas deciden unirse y financiar viviendas con su propio dinero (cooperativas, fondos comunes, cesión de uso…), se puede jugar con otras reglas.
Lo que no me parece apropiado es obligar a participar a quien no quiere a través del Estado, sobre todo cuando esa persona lo vive como un agravio. Creo que construir alternativas voluntarias funciona mejor que imponerlas, y además demuestra que otro modelo es posible.