En un periodo electoral debe primar el marketing e incluso la propaganda por encima de cualquier otro discurso, por muy racional que nos parezca.
Ejemplo. Año 2008: se enfrentan en unas generales Zapatero y Rajoy. Por entonces la crisis empezaba a dejarse ver claramente y se pensó que iba a ser el elemento central de la campaña; por ello, el PP realizó un fichaje sobre el que iba a pivotar buena parte de su estrategia electoral: Manuel Pizarro, un hombre de perfil técnico, muy reconocido en el ámbito empresarial, abogado del Estado de oposición y presidente de Endesa. Se entendía que era una incorporación de peso y lo presentaron como número dos de Rajoy.
El PP quiso centrar la campaña en la crisis económica que ya teníamos encima. El PSOE, todo lo contrario, centró su campaña en no reconocer esa crisis (era la época del «crecimiento negativo»). Hubo un debate económico en el que se enfrentaron el mencionado Pizarro y Pedro Solbes, este último un veterano político con mucha experiencia. En ese debate, Pizarro alarmó a todo el mundo con la crisis que ya acechaba, mientras que Solbes vendió optimismo, negó la crisis y transmitió un mensaje de tranquilidad y esperanza, afirmando que los pronósticos eran muy optimistas y estaban muy lejos de lo que transmitía Pizarro.
El debate lo ganó Solbes por veteranía, pero los resultados de esas elecciones dieron la razón a la estrategia de campaña llevada a cabo por el PSOE y demostraron que el PP se había equivocado.
No hubo que esperar mucho tiempo para comprobar que Pizarro llevaba razón, pero para entonces Zapatero ya había ganado las elecciones y arrancaba una legislatura con el Plan E y los «brotes verdes».
Conclusión: hay que decir a la gente lo que quiere escuchar. Es evidente que las pensiones no son sostenibles —no hay que ser muy listo para verlo—, pero el que diga que las pensiones peligran y que habrá que legislar de nuevo sobre ellas porque son inviables, ese perderá las elecciones frente al que diga que están aseguradas y que todos los años subirán.
Ejemplo. Año 2008: se enfrentan en unas generales Zapatero y Rajoy. Por entonces la crisis empezaba a dejarse ver claramente y se pensó que iba a ser el elemento central de la campaña; por ello, el PP realizó un fichaje sobre el que iba a pivotar buena parte de su estrategia electoral: Manuel Pizarro, un hombre de perfil técnico, muy reconocido en el ámbito empresarial, abogado del Estado de oposición y presidente de Endesa. Se entendía que era una incorporación de peso y lo presentaron como número dos de Rajoy.
El PP quiso centrar la campaña en la crisis económica que ya teníamos encima. El PSOE, todo lo contrario, centró su campaña en no reconocer esa crisis (era la época del «crecimiento negativo»). Hubo un debate económico en el que se enfrentaron el mencionado Pizarro y Pedro Solbes, este último un veterano político con mucha experiencia. En ese debate, Pizarro alarmó a todo el mundo con la crisis que ya acechaba, mientras que Solbes vendió optimismo, negó la crisis y transmitió un mensaje de tranquilidad y esperanza, afirmando que los pronósticos eran muy optimistas y estaban muy lejos de lo que transmitía Pizarro.
El debate lo ganó Solbes por veteranía, pero los resultados de esas elecciones dieron la razón a la estrategia de campaña llevada a cabo por el PSOE y demostraron que el PP se había equivocado.
No hubo que esperar mucho tiempo para comprobar que Pizarro llevaba razón, pero para entonces Zapatero ya había ganado las elecciones y arrancaba una legislatura con el Plan E y los «brotes verdes».
Conclusión: hay que decir a la gente lo que quiere escuchar. Es evidente que las pensiones no son sostenibles —no hay que ser muy listo para verlo—, pero el que diga que las pensiones peligran y que habrá que legislar de nuevo sobre ellas porque son inviables, ese perderá las elecciones frente al que diga que están aseguradas y que todos los años subirán.
