Del Aquarius a Urda: ocho años de crisis en una sola lista
Trece muertos en Sant Llorenç. Siete en la DANA del sureste. Un PIB que se hundió un
10,9 % en 2020 y una inflación del
10,8 % en julio de 2022. Y, al final de la fila, 68 fallecidos —balance provisional— en el choque de trenes de Urda (Toledo) el 28 de octubre de 2026. Puestos uno detrás de otro, sin respirar entre medias, los datos dibujan un país en caída libre. Ese es el efecto que persigue el inventario de crisis más eficaz que se ha construido contra el Gobierno: una
cronología que va de 2018 a 2026 y no deja un solo año en blanco.
Qué contiene el catálogo de crisis de 2018 a 2026
El inventario arranca en 2018 con la crisis del Aquarius y las inundaciones de Mallorca, que dejaron
13 fallecidos, y sigue en 2019 con la DANA del sureste (7 muertos) y la repetición de las elecciones generales. A partir de ahí se convierte en una enumeración de golpes: la pandemia, el confinamiento, el desplome del PIB, la crisis de las residencias de mayores, Filomena, el volcán de La Palma, la entrada de miles de personas en Ceuta y la sentencia del Constitucional contra el primer estado de alarma.
La segunda mitad es aún más densa. 2022 suma la tragedia de Melilla, con al menos
23 fallecidos, la inflación del 10,8 % en julio, más de
300.000 hectáreas quemadas y la polémica de la ley del
solo sí es sí. 2023 aporta el incendio de Tenerife, la sequía y el ruido de la amnistía. 2024 es el año de la DANA de Valencia, con más de 200 fallecidos, el caso Koldo y la crisis migratoria en Canarias. 2025, el del apagón del 28 de abril y los nombres propios de Ábalos, Koldo y Cerdán.
¿Se puede culpar al Gobierno de una DANA o de una pandemia?
No del todo, y ahí está la grieta del inventario. Una pandemia asoló el planeta entero y la crisis energética que disparó los precios fue global; la física de un torrente desbordado no responde a decretos. Quien rebate la lista lo resume con crudeza: acoger temporalmente un barco «por puro compromiso humanitario internacional» no es una crisis, y un fenómeno meteorológico extremo «no se imputa a la gestión, sino a la física del clima».
En contra queda lo que sí es gestión: los protocolos de las residencias, el mantenimiento de la red, la coordinación de emergencias. La frontera entre mala suerte y negligencia es exactamente lo que ninguna lista resuelve por sí sola.
Las cifras que se cruzan: exceso de mortalidad, IPC y hectáreas
El cálculo más contundente que acompaña a la cronología habla de
150.000 muertes por encima de las esperadas desde que gobierna Pedro Sánchez. Sobre esa cifra se discute todo: el periodo de referencia, la fuente y la atribución causal. Es un dato potente y, a la vez, el más fácil de discutir.
Con la inmigración ocurre algo parecido. Las cifras que se manejan —millones de llegadas atribuidas al ejecutivo actual— no coinciden entre versiones, y el propio inventario admite que una parte de ese flujo se produjo bajo gobiernos anteriores. La demografía como arma tiene el problema de que tarda años en poder atribuirse.
El cálculo electoral: Vox, Alvise y el voto con la nariz tapada
Si la lista tiene razón, el castigo debería ser automático. No lo es. El diagnóstico más repetido es que no queda a quién votar:
Vox con la nariz tapada o la opción de Alvise, que «como mucho sacará un escaño, aunque por lo menos los pondrá colorados en el estrado». La consecuencia práctica de ese razonamiento es la abstención, y la abstención nunca ha echado a nadie.
Aquí el inventario se vuelve incómodo para quien lo esgrime: si todos los partidos son igual de malos, la lista de desastres deja de ser una acusación y pasa a ser una coartada.
Queda un detalle que casi nadie mira en esa cronología. La entrada más larga no es meteorológica ni sanitaria: 2026 acumula un accidente en Adamuz (Córdoba) con 46 fallecidos, otro en Gelida con 1 y el de Urda con 68. Y el último epígrafe, el que debería cerrar el argumento, sigue abierto: el balance es provisional.