La demostración de la Tierra plana que se cae en 50 km
El argumento que vertebra el hilo es geométrico. Con un radio esférico de
6.400 kilómetros, el círculo máximo terrestre mide unos
40.000 kilómetros, que equivalen a 360 grados. Por una simple regla de tres, a 50 kilómetros de distancia la inclinación teórica de un objeto lejano —un rascacielos, por ejemplo— es un ángulo perfectamente calculable. La pregunta que se lanza no es si esa inclinación se ve a ojo, sino cómo se comprueba que no existe. El hueco por el que entra el vídeo que ha reavivado la controversia es exactamente ese.
Un vídeo con rap terraplanista y tres horas de argumentario
El material que abrió la discusión es un vídeo largo —
tres horitas, según quienes han intentado verlo— firmado por creadores hispanohablantes y arrancado con un rap de temática terraplanista. Hay quien sostiene que ese formato no ayuda: convertir la causa en espectáculo desprestigia a quien la defiende en serio, y lo compara con otros personajes que a su juicio actúan para generar ruido. El vídeo funciona como compendio: la Luna no existe, la NASA miente, las pruebas nucleares buscan romper el domo y por eso las explosiones suben en vertical.
¿Por qué no se ven inclinados los rascacielos?
Es el argumento más repetido y el más socorrido. Sobre una esfera de 6.400 kilómetros de radio, el círculo máximo son unos 40.000 kilómetros, es decir 360 grados. Por regla de tres, el ángulo asociado a 50 kilómetros es minúsculo. La objeción que se lanza no es que la inclinación salte a la vista, sino que se pide demostrar que esos edificios no están inclinados. Para detectar curvatura hacen falta observaciones a distancia y geometría fina. La parte contraria responde con el sentido común: si la Tierra fuera esférica, habría gente viviendo del revés en el polo sur.
Con la rotación ocurre algo parecido. Se objeta que una velocidad lineal de
1.667 km/h tendría que notarse. No es así: el cuerpo humano percibe aceleraciones, no velocidades, y mientras el módulo no cambie no hay nada que detectar. El cambio de dirección sí genera una fuerza centrífuga, pero para saber si entra dentro de lo perceptible hay que calcular su valor. Un dato incómodo para las dos orillas.
El horizonte, la refracción y un pico a 187,8 kilómetros
El contraargumento con más carga técnica son los casos de visibilidad a larga distancia. Se han documentado observaciones extremas, como el Barre des Ècrins visto desde el Pic de Finestrelles, a
2.828 metros de altura, con un panorama generado por software y cotejado con fotografías reales. El resultado se parece mucho, incluso al ampliar la zona del pico. Y también el caso de Mallorca vista desde Barcelona: observador a
425 metros sobre el nivel del mar, el Puig Major a
1.436 metros y una distancia de
187,8 kilómetros.
Sobre una esfera de
6.371 kilómetros de radio, los cálculos indican que el perfil debería verse, con una refracción estándar. La atmósfera afecta poco, pero afecta. Ese matiz, el de que el aire curva ligeramente la luz, es el que, según este cálculo, suele olvidarse. El desglose completo de esas observaciones, con alturas y distancias, da para una comparación que no cabe en un titular.
El negocio de vender la Tierra plana
Una parte de la conversación sospecha del motivo económico. Los vídeos más exitosos son de creadores hispanohablantes; el formato se alarga, se monetiza y se convierte en espectáculo. Se apunta, como hipótesis, que el fenómeno cunde más entre los países de habla hispana con peor situación económica, y que quien los produce busca un ingreso antes que una verdad. La sospecha no se sostiene con pruebas, pero ordena buena parte del enfado.
Hay además un detalle incómodo. Se afirma que hay tres pilotos de avión terraplanistas —una holandesa, uno mexicano y uno español—, y que el español defendió en un congreso en Madrid que las derrotas de la navegación aérea pueden calcularse igual con un mapa plano (el de Gleason). Es falso: lo prohíbe el teorema egregio de Gauss. Nadie del público lo señaló.
Fascistas, ciencia y el ruido identitario
Y luego está el ruido. Un forero ironiza con que el autor de ese tipo de vídeos será
arquitecto negacionista, fascista y nazi por decir que la Tierra es plana, y otro responde reivindicando la ciencia como patrimonio propio. En medio, la vieja discusión sobre quién es dueño de la ciencia y si las cifras oficiales merecen crédito. Ninguna de las dos orillas aporta prueba, pero el tono sube y el fondo se diluye.
El siguiente vídeo llegará con más rap y más minutos, y con el mismo argumentario. Y volverá a pasar lo de siempre: la demostración geométrica funcionará como titular y se deshará en cuanto alguien pida el ángulo exacto. Si la mitad evidente no es el problema, la mitad calculada sigue pendiente.