De 5,1 a 6,4 millones de pensionistas: un tercio del gasto
Un ingeniero con personal a su cargo y entre 50 y 60 horas semanales cobra al año poco más que su padre. El padre es auxiliar de farmacia jubilado: cuarenta horas a la semana, poner y quitar la alarma del local. El caso, convertido en ejemplo recurrente del desajuste salarial y de
pensiones, resume el pulso: la
Seguridad Social cifra la pensión media en 1.254 euros, mientras el titular que se repite habla de
1.600 euros. Entre esos dos números caben casi todas las trincheras del asunto.
¿Cuál es la pensión media real en España: 1.254 o 1.600 euros?
La propia Seguridad Social publica una pensión media de 1.254 euros. La cifra de 1.600, con catorce pagas, aparece asociada a jubilados con carreras largas y bases altas, y a la horquilla de quienes perciben entre 1.500 y 1.700 euros tras haber cotizado por ello. El desfase no es un error de suma: es un problema de a quién se mira cuando se hace la media. También se señala el otro lado de la distribución, con jubilados que perciben alrededor de 800 euros y otros que se jubilaron con pensión mínima.
El consejo de administración de esta discusión es el coste de vida. Hay quien recuerda que
por debajo de 1.200 euros no se vive en este país y que la pensión media no es una dádiva, sino la devolución de lo cotizado sobre unas bases. Y hay quien opone el caso contrario: jubilados que ingresan más de lo que ganaban trabajando.
El sistema lleva en déficit desde 2011, según el análisis más repetido
El planteamiento dominante sostiene que el sistema de pensiones acumula déficit desde 2011 y que el agujero se cubre emitiendo deuda pública. Una estimación basada en los Presupuestos sitúa
más de un tercio de toda la recaudación en la partida de pensiones, con un déficit de
67.000 millones: diez mil más de lo que recauda el impuesto sobre la renta.
La cronología que maneja esta corriente es sencilla: la hucha se gastó pagando pensiones en una legislatura y lo que quedaba, en la siguiente. De ahí salta la pregunta sobre el ingreso mínimo vital, que también abona la Seguridad Social, y sobre cómo encaja en una caja que se presenta como contributiva.
¿Cobran los pensionistas españoles más que los alemanes o los daneses?
La comparación internacional es el terreno donde más se enreda el asunto. De Alemania se subraya que la pensión ronda el
50% del último sueldo y que el seguro médico obligatorio se sigue pagando de la pensión, algo que, se afirma, empuja a octogenarios a reponer y limpiar en supermercados. De Reino Unido se dice que la pensión máxima británica queda casi a la mitad de la cifra que se discute aquí.
Dinamarca aporta el dato más incómodo:
74.844 coronas anuales, unos
10.032 euros al año, 844 euros al mes, en torno al 18% del ingreso medio y condicionado a cuarenta años de residencia. Y Estados Unidos aparece con una pensión media de
1.800 dólares. Con esas piezas, unos concluyen que España es una excepción afortunada y otros, que se compara lo que no es comparable.
Cotización o impuesto: el pulso sobre qué es realmente la pensión
Aquí se rompe la conversación en dos. Un bloque defiende que la pensión es un
derecho de naturaleza contributiva: quien no cotiza no cobra, y la obligación de cotizar no convierte la cuota en un tributo. El bloque contrario responde que no existe ninguna hucha, que lo que se ingresa hoy paga a los jubilados de hoy y que confundir eso con un derecho es una
falacia legal que el Estado sostendrá mientras pueda pagarla. La conclusión más ácida de esa parte: si mañana vinieran mal dadas, los derechos quedarían en papel mojado.
De ahí nace la propuesta recurrente: renunciar a la pensión pública a cambio de no tributar por ella. El problema práctico que se apunta es que las cotizaciones voluntarias ya existen, son caras y el interés real es escaso.
Paro de larga duración, coste de vida y el ajuste que nadie firma
El telón de fondo es el mercado laboral. Los parados mayores de 45 años superan el
57% del total, el nivel más alto registrado. Con esas cifras, la idea de que un tercio del país produce para mantener al resto deja de ser una hipérbole y se convierte en el eje del conflicto.
Las reformas que se han ido aplicando —subir la edad de jubilación, añadir años de cotización para cobrar el 100%— se leen como parches sucesivos de un sistema que, según esta lectura, seguirá pidiendo más. Se habla de trabajar hasta los 70, de exigir 45 años cotizados y de complementos privados obligatorios en los convenios, con la duda de si esos seguros los acaba pagando el trabajador vía salario.
El cierre lo da la aritmética.
De 5,1 a 6,4 millones de pensionistas en dos décadas. Ninguna de las dos cifras depende de quién gobierne; la única variable que cambia es quién firma la próxima subida de cotizaciones.