Paga 180€ de luz con el bono social y duda del mercado libre
Dos personas que viven de una pensión, un piso húmedo y una persona mayor con EPOC a la que no conviene dejar ropa mojada por casa. De ahí sale todo: lavadora, un secado corto y una factura de
180 euros que llega con el
25% de descuento por
bono social de consumidor vulnerable ya aplicado. La duda que se arrastra desde entonces no es cómo ahorrar dos euros, sino si el mercado regulado sigue siendo el sitio o toca saltar al mercado libre.
Lo que se sabe del consumo: 507 kWh y 4,6 kW contratados
El dato de partida lo pone el propio afectado:
507 kWh en el periodo facturado. La cifra no cuadra a todo el mundo. Otro participante sostiene que pasar de 1.000 kWh en un mes solo se explica con una instalación de cultivo, y varios mensajes piden ver el detalle antes de dar por buenos los números. La comparación con otros casos resulta incómoda: una persona que vive sola, sin bono social, con horno, lavavajillas, lavadora cada dos días y el ordenador encendido todo el día, declara haber pagado
75 euros por mes y medio.
El segundo dato aparece más tarde, y es el que reordena el diagnóstico:
4,6 kW de potencia contratada. A eso se suma lo que le traslada la comercializadora: que el contrato reserva más potencia de la que se usa, con unos 6.000 kWh anuales contratados frente a un gasto que el propio afectado sitúa alrededor de 4.000.
¿Por qué el bono social no evita una factura de 180 euros?
El bono social abarata la factura, pero no fija el precio de la energía. Con el mercado eléctrico en precios altos, un descuento porcentual sobre una base grande sigue dando un resultado grande, y eso es exactamente lo que le responden al afectado cuando llama para reclamar: que el contrato está correcto y que el problema es el precio de la luz. Hay quien sostiene que la magnitud del descuento no encaja y apunta a un posible error de facturación.
No sería el primer caso. Otra persona con bono social por familia numerosa reclamó una factura desproporcionada y el asunto terminó con el recibo
en 79 euros. En el intercambio también se discute si el porcentaje de descuento que se aplica a determinados perfiles de vulnerabilidad es el que debería, con cifras que algunos casos ponen en duda. La conclusión práctica que se repite: comprobar la incidencia por escrito y pedir copia sellada.
La potencia contratada: de 4,6 kW a 2,8 kW
Bajar la potencia contratada es uno de los ajustes que se repiten en el hilo. Las recomendaciones que circulan van de los
3,6 kW habituales hasta los
2,8 kW para viviendas eléctricas pequeñas. Quien lo ha probado avisa de los límites: con 2,8 kW salta el diferencial si coinciden termo, lavadora y ordenador; con 3,3 kW y cocina de gas, en cambio, la vida sigue igual y la potencia sobra.
El margen depende de dos hábitos concretos: no encender a la vez los aparatos más tragones y repartir termo y lavadora en horas valle. Varios participantes recomiendan revisar la potencia contratada en la propia factura antes de dar por bueno el importe.
¿Compensa el mercado libre o seguir en PVPC?
Aquí el intercambio se parte. Una simulación para un consumo equivalente al del caso sitúa la
tarifa Plan Online de Iberdrola en unos
132 euros, por debajo de lo que se está pagando en el mercado regulado. Aparecen también Naturgy y su tarifa compromiso, y una comercializadora de PVPC con bono social.
Curenergía, como referencia de que el mercado regulado no es un bloque único.
La otra corriente avisa de que el trasvase ya no es tan rentable. El comparador de la CNMC muestra diferencias escasas entre las mejores tarifas libres y el PVPC, de modo que cualquier bajada del precio mayorista devuelve la ventaja al regulado. Y el cambio, en todo caso, es rápido: sin permanencia, con preaviso y con la nueva comercializadora facturando en pocos días. La letra pequeña, eso sí, sigue siendo el campo de minas.
Cómo secar la ropa sin secadora y otros consumos invisibles
Para el problema de la humedad hay recetas caseras. Un tendedero portátil cubierto con un plástico y un deshumidificador al lado seca la ropa en tres horas, según quien lo usa a diario y se define como electricista. También se mencionan tendederos eléctricos que calientan los tubos y consumen menos que una secadora completa, y el repaso al frigorífico, que trabaja las 24 horas y es el gran olvidado de las facturas altas. Y el butano como red de seguridad: con gas, un corte eléctrico no deja la casa sin cocina.
Una de las experiencias recogidas deja el dato más incómodo: un concentrador de oxígeno funcionando 24 horas, con un consumo de
680 W por hora, generaba facturas de
380 euros cada dos meses en el mercado libre. Tras el fallecimiento del paciente, los recibos de la misma vivienda cayeron a
86 euros. Seiscientos ochenta vatios encendidos de forma permanente pesan más que toda la colada de una casa.
Sobre la interrupción del suministro circula la afirmación de que, con una persona dependiente de un equipo médico, no hay corte posible. Es una alegación repetida, no un dato verificado, y quien la esgrima haría bien en confirmarla antes de dejar de pagar el recibo.