184 misiles y catorce ciudades: el primer día en que Rusia fue a por la retaguardia ucraniana
¿Cuántos misiles hacen falta para apagar media Ucrania? El recuento que se manejaba a las 13:10, hora local, hablaba de
184 misiles en la primera oleada, más un número de drones que nadie había contabilizado todavía. Vladímir Putin lo anunció por televisión. Ese mismo día, el general
Sergey Surovikin estrenaba su puesto al frente de la operación militar. La relación de ciudades alcanzadas era larga: Kiev, Dnepropetrovsk, Járkov, Zaporozhye, Ternópil, Odesa, Krivoy Rog, Leópolis, Zhitomir, Rivne, Nikolaev, Krapivnitsky, Kremenchuk y Konotop.
El metro quedó parado en Kiev y en Járkov. Los cortes de luz se extendieron por Leópolis, Zhitomir, Sumy, Járkov, Jmelnitsky, Póltava, Ternópil, Lutsk, Rivne e Ivano-Frankivsk, y en buena parte del país aparecieron problemas de suministro de agua e internet. No es un apagón de una tarde: es una arquitectura energética golpeada a propósito.
¿Qué objetivos se alcanzaron en Kiev?
El balance que circulaba situaba impactos en la sede de la SBU en la calle Vladimirskaya, la
CHPP-3 y la subestación de 110 kV Vokzalnaya, junto a la estación central de ferrocarril, la
Darnitskaya CHPP, la
CHPP-5 en Vydubychi y la
CHPP-6 en el extrarradio este. También se señalaba la sede de la Misión Consultiva de la Unión Europea en Ucrania, junto al parque Volodymyrska Gorka, y el departamento de agencias de aplicación de la ley.
Según esas mismas informaciones, habrían resultado dañados el edificio del consulado alemán y el de la Universidad Nacional Taras Shevchenko. Conviene separar el dato del relato: son atribuciones de parte, pendientes de verificación independiente, y en un conflicto abierto la contabilidad de daños es la primera víctima.
Mientras tanto, en el centro de Kiev quedaron
intactos los que se pueden llamar objetivos simbólicos: la oficina del presidente, el Gabinete de Ministros, la Rada Suprema y el Ministerio de Defensa con el Estado Mayor General. Hay quien lee ahí una señal de contención; hay quien lee un fallo de puntería, y quien sostiene que el mensaje se envía mejor dejando el símbolo en pie y apagando lo que lo sostiene.
El mapa de los cortes: diez regiones sin electricidad
Centrales térmicas, subestaciones y nudos de transporte. El patrón no es el de un bombardeo de saturación sobre una ciudad, sino el de una campaña contra la generación y el reparto. Las regiones golpeadas van del oeste (Leópolis, Ternópil, Ivano-Frankivsk) al este (Járkov), con Odesa, Nikolaev y Kremenchuk en el eje sur y central.
En el extranjero, la lectura se cruza con la economía energética europea. Se apunta a que una de las fábricas afectadas suministraba acero aleado para reparar centrales nucleares francesas con problemas de corrosión. El detalle, si se confirma, convierte un apagón regional en un problema industrial a varios países de distancia. No es la primera vez en esta guerra que un objetivo local tiene factura europea.
Segundo día: drones señuelo antes de los misiles de crucero
La segunda jornada añadió un método. Se describe el uso de drones sin carga explosiva lanzados por delante para saturar y agotar los misiles antiaéreos, seguidos de los misiles de crucero. En la fase final de aproximación, el misil acelera y emplea contramedidas para confundir a los radares, lo que explica buena parte de los proyectiles que se ven volver a tierra.
Sobre el terreno se reportaron decenas de explosiones en Kiev, Vinnytsia, Zaporozhia y Mykolaiv. La defensa antiaérea ucraniana, en este escenario, intercepta con lo que tiene: si el ataque se dimensiona para forzar el gasto de interceptores, el éxito se mide en stock consumido, no en edificios caídos.
Lo que se discute del relato del ataque
La discrepancia no está en el recuento, sino en la interpretación. Una corriente sostiene que Moscú ha cambiado de estrategia porque la anterior no funcionaba: llegó sin tocar la logística y ahora va a por ella. Otra lee lo contrario, que se golpea la infraestructura civil cuando el frente no avanza, y que el coste por objetivo alcanzado es desproporcionado para quien dispara. Entre medias, el argumento más incómodo: los centros de decisión siguen en pie y las centrales, no.
Con 184 misiles, diez regiones a oscuras y un consulado dañado, el resultado más tangible de la jornada es una pregunta sin responder: si el objetivo era apagar Ucrania o demostrar que se puede intentarlo otra vez. La factura de la respuesta la pagará, como siempre, el que enciende una vela.