No lo sabe bien!! era el ritual en casa de mis aitites! Cuando íbamos a comer los domingos.
Primero, comida copiosa old school toda la familia reunida, tíos y primos, de primero sopa de pescado, arroz con mejillones o similar. De segundo, carrilleras, bacalao a la vizcaína, chuletas a la brasa (brasa hecha junto al caserío), o algo del mismo calibre, después postre cañero, flan con leche y cigot del caserío, torrijas o similar.
A la tarde, después de jugar por la zona matando algún bicho o haciendo el cabra, cuando ya estábamos cansados, mi amama sacaba la caja de galletas y el "hola" y el "semana". Entre los primos le dábamos un repaso a las galletas, más por vicio que por hambre, porque todavía no nos entraba nada, y echábamos un vistazo a las revistas, comentando las novedades del corazón.
Ays... Eran otros tiempos, mucho más nobles y sencillos. Recuerdo a mi amama, mientras nos poníamos tibios a galletas diciendo "jan, maitia, jan" (come cariño, come). Supongo que con nosotros pagaba una deuda de su infancia. Hay traumas que duran para toda la vida. Aquella mujer (el matrimonio en realidad) se desvivía por sus descendientes y sus nietos. Ya muy cascados insistían en que fuesemos a comer a "estar todos". Después de bendecir la mesa, cuando nos empezábamos a servir, ella siempre decía "esto es lo mejor, nada iguala a esto". Aquella mujer había vencido a la vida. En aquella mesa se hablaba de todo sin tapujos, política, economía, problemas personales o lo que fuera. Y para ellos las parejas de sus descendientes eran sus hijas también.
Pensaba que todos los abuelos eran así, gente sacrificada por los suyos siempre dispuestos a sacar adelante a la siguiente hornada. Pasó una generación y tuve la ocasión de descubrir que no, que así eran aquellos.