El 23J reabre el fantasma de los recortes de 2010
La convocatoria de las
elecciones generales del 23 de julio desató un miedo que llevaba meses cociéndose a fuego lento: que la fiesta del gasto público se acabe. La tesis que circula es tajante —el ajuste ya no es cuestión de ideología, sino de aritmética— y el cuerpo del asunto la matiza. Entre quien tiene plaza fija, quien cobra una pensión y quien vive de una ayuda pública, nadie sabe quién paga la cuenta. Pero todos saben que alguien la va a pagar.
El propio autor de la provocación lo reconocía a renglón seguido: el mensaje era, en principio,
troleo. Da igual. El pánico cundió y sirvió para ordenar el argumentario de un ajuste que durante años parecía imposible en España. Conviene separar el ruido de los números.
¿Cuánto dinero pide Bruselas a España?
La Comisión Europea solicitó a España un recorte de
9.300 millones de euros del déficit. En términos estructurales, el ajuste exigido equivalía al
0,7% del déficit estructural, según las recomendaciones económicas trasladadas por Bruselas. El paquete no se queda ahí: el organismo recomienda retirar todas las medidas aprobadas para mitigar la crisis energética y destinar ese dinero a reducir el déficit.
Ahí está el matiz que desactiva la mitad de los titulares alarmistas. El mensaje de la Comisión no es «recorten a lo bruto», sino que, si hay que mantener algunas ayudas, se concentren solo en los más vulnerables. Traducido: hay margen para elegir el dónde, aunque el cuánto venga impuesto. Ese margen es exactamente lo que se está peleando en cada administración.
Funcionarios de oposición contra cargos a dedo
Aquí se rompe el relato de bloque. El miedo no recorre por igual a todo el sector público. En la Agencia Tributaria, según lo que se comenta, unos cuantos recibieron la noticia con vítores: la posible reclasificación de los técnicos se paraliza y
Juan Bravo, inspector de Hacienda, aparece en las quinielas como próximo ministro de Hacienda. La carrera funcionarial de oposición, dicen, es otra cosa que el cargo a dedo.
El argumento se sostiene en una asimetría conocida: enchufar a un inútil en una empresa privada arruina la empresa; enchufarlo en la administración no rompe nada, porque la paga el contribuyente. Y encima, con la plaza ganada por oposición, el despido no está sobre la mesa.
«No los echarán, pero una buena bajada de sueldo es probable», resume uno de los participantes en el debate.
Pensiones, hipotecas y la amenaza que no se ve
El frente más incómodo es el de los tipos. Con el euríbor en niveles altos, una hipoteca a
30 años pesa mucho más que cualquier congelación salarial. Según se apuntó en el debate, quien firmó a tipo variable confiando en la
falsa seguridad del empleo público tiene un problema que no arregla ningún ministerio. Hay quien sostiene que el ajuste llegará antes por esa vía, ahogando la capacidad de pago, que por un decreto de recortes.
Con las pensiones, la presión es distinta. Hay quien sostiene en el debate que la última reforma ya fue forzada desde Europa y dejó la pensión media algo más baja, y que el ahorro en pensiones se haría por la vía
sanitaria —dejando que la esperanza de vida haga el trabajo— antes que por un recorte explícito. Suena canalla. También suena plausible.
¿Qué ha pasado con las ayudas y el Ingreso Mínimo Vital?
Donde el importe era igual o menor, las rentas mínimas de inserción han sido sustituidas por el
Ingreso Mínimo Vital; donde lo superaban, siguen vigentes y se cobran como complemento al IMV. La conclusión que se extrae es incómoda para el relato de que todo esto es nuevo: buena parte del andamiaje ya existía y ninguna fuerza política lo ha desmontado. El reparto de ayudas ha venido para quedarse.
Dar una ayuda es facilísimo; quitarla, no.¿Toca el PP los sueldos públicos?
La respuesta corta es que no hay señales. El argumento más repetido es que el Partido Popular nunca ha sido un partido liberal, sino conservador, y que su política económica ha resultado indistinguible de la del PSOE: donde el PSOE sube un impuesto, el PP lo sube más. El
IVA pasó del 18% al 21%. Se añade que buena parte de sus cuadros son funcionarios y que
mono no come mono: nadie recorta el sueldo de quien después te vota.
En esa lectura, VOX sería la única pieza que promete tocar el sistema, y el sistema ya ha demostrado que sobrevive a sus aliados. Una parte del análisis apunta a que las plazas se ampliarán para los afines y la rueda seguirá igual. Cínico, pero no descabellado.
Con estos mimbres, lo razonable es esperar un ajuste real pero mal repartido: tijera en la vía energética y en el gasto corriente, compresión salarial de los opositores y ninguna poda seria de las plazas a dedo. Ahora bien, si Bruselas aprieta más de lo previsto y el nuevo gobierno necesita demostrar credibilidad en su primer tramo, la predicción se cae. Nadie se atreve a firmar el escenario contrario.