Un clamor que no encuentra cauce
Las voces que piden una moción de censura inmediata argumentan que el presidente del Gobierno ha cruzado líneas rojas en su política exterior, especialmente en lo relativo a Jovenlandia. Se señala la cesión de competencias sobre rutas de narcotráfico, la situación en Ceuta y Melilla, y el futuro de las aguas de Canarias. Son acusaciones graves, formuladas en términos duros por quienes consideran que el Ejecutivo está entregando soberanía a cambio de estabilidad.
Sin embargo, la sensación de que el Partido Popular no se atreve a dar el paso es generalizada. Hay quien sostiene que el miedo a un fracaso parlamentario, o a unas elecciones anticipadas con resultado incierto, mantiene a la oposición en la inacción. La crítica es feroz: se considera denigrante que no haya nadie con la determinación suficiente para presentar la moción, mientras el país se hunde en una supuesta decadencia.
El momento perfecto que nunca llega
La concentración de Madrid, con decenas de miles de personas, parecía el momento ideal. Pero la oposición sigue sin moverse. La explicación más extendida es que existe un temor compartido a las consecuencias, un miedo que paraliza incluso cuando la ocasión es propicia. Mientras tanto, Europa mira hacia otro lado, y la frustración se acumula.