Oficios que nadie quiere: el sueldo no compensa el sacrificio
Un matarife con
veinte años de faena pasa por el psicólogo con regularidad, según relata un forero que dice conocerlo. Es el peaje de un oficio que consiste en sacrificar cientos de cerdos al día cobrando por productividad, en una línea donde cada uno compite por ser más rápido que el compañero de al lado. Esa es la trastienda de los trabajos que nadie quiere.
La lista de partida es conocida: exterminador de plagas, tanatopractor, limpiador y supervisor de alcantarillas, pescador de cangrejos en Alaska, operario de matadero, minero y sexador de pollos. El relato que los envuelve es que están
muy bien pagados precisamente porque casi nadie los aguanta. La letra pequeña dice otra cosa.
Los siete oficios que nadie quiere
El planteamiento inicial los agrupa en dos familias. Por un lado, los que repugnan: lidiar con plagas, con difuntos o con el alcantarillado. Por otro, los que exigen un cuerpo a prueba: minería, matadero o pesca en las aguas más frías del planeta. La fortaleza física y la mental aparecen como requisito en todos ellos.
El pescador de cangrejos en Alaska se lleva la fama: aguas peligrosas, temperaturas extremas y fauna marina de por medio. Para el resto se dibuja un oficio con horarios duros, poca vida social y un desgaste que se nota en la cara. Nada que invite a firmar.
¿Están tan bien pagados como se dice?
Aquí se rompe el relato. Los
50.000 dólares en varias semanas del pescador de cangrejos en Alaska son el caso de retribución más llamativo que recoge la lista, aunque en el debate se apunta que en el sector petrolífero también se paga mucho. El resto queda muy lejos de esa cifra. Un exterminador con años de experiencia en desinfección, desratización y desinsectación lo deja claro: lo de bien pagado tampoco está, y añade que hay poca oferta pero también permisos que sacarse y un trabajo bastante físico.
Las funerarias mueven una imagen de sueldo alto que no se sostiene: el trabajo se describe como mal pagado y con horarios malos. La vigilancia privada, otro clásico del imaginario, se queda cerca del salario mínimo y con servicios que destrozan la conciliación, según relata quien trabajó en el sector. Y el matadero, incluso en Estados Unidos, acumula condiciones muy duras por un sueldo discreto.
Fuera de la lista clásica aparece otro perfil idéntico: el sociosanitario. Jornadas que revientan la espalda, olores constantes, agresiones de personas mayores desorientadas y un sueldo que apenas llega para vivir. Como telón de fondo, la constatación, sostenida en el debate, de que lo de
bien pagados es más titular que realidad: ni el esfuerzo ni el peligro se compensan con dinero.
El filtro real: formación y contactos
El asco no es la barrera principal. Lo es la puerta de entrada. En las funerarias, el acceso se describe como cosa de contactos: suelen ser empresas familiares y quien prepara los cuerpos muchas veces ni tiene la tanatopraxia como tarea principal. Los cursos privados para ser tanatopractor son, según un usuario, el timo de la estampita para quien busca salida laboral.
En el sector petrolífero ocurre parecido, pero por otra vía. El inglés es imprescindible y hay que estar dispuesto a ir donde haga falta. La formación específica de seguridad off-shore, además, se imparte en España solo en Canarias y cuesta
1.200 euros, según un participante. Eso deja fuera a cualquiera que no tenga el puesto ya medio atado.
Alcantarillas: menos bajar y más cámara
El limpiador de alcantarillas arrastra fama de ser de los peores oficios. La práctica actual, sin embargo, es menos épica de lo que suena: empresas mixtas con ayuntamientos de por medio, condiciones razonables y una regla clara, solo se baja si es estrictamente necesario. Cámaras e ingenios hacen el trabajo que antes exigía meterse en el túnel.
Lo mismo vale para el técnico de aguas residuales. El relato del tipo con el agua hasta la cintura cede ante el de alguien supervisando pantallas. No es que el oficio desaparezca, es que cambia de forma y, con él, el motivo por el que nadie lo quería.
Matadero: desensibilización y relevo que no llega
Pocos oficios pesan tanto en lo psicológico. La clave, según quien lo ha visto de cerca, es aprender a mirar al animal como una máquina que se desmonta. Sin ese mecanismo el trabajo no se aguanta; con él hay quien acumula veinte años en la línea, eso sí, con visitas regulares al psicólogo.
Hay un detalle que se repite: en el matadero de quien lo cuenta ya no se contrata a españoles y el relevo llega de fuera. La rotación y el desgaste hacen el resto. De fondo, la duda de si el problema es el oficio o es quien lo sostiene.
Queda la pregunta incómoda. Mientras se discute qué oficio es peor, planea otra cosa: quién hará esos trabajos cuando, según un cálculo que circula en el debate, la tecnología arrase con la mayoría de empleos y queden
9.000 millones de personas a las que alimentar y alojar. Nadie ha explicado todavía con qué se les paga.