Facturar un extra sin RETA: el 70% que, según el afectado, se quedan los impuestos
Un trabajador por cuenta ajena que lleva años sacándose un sobresueldo en negro se topa con un muro nuevo. La empresa que le pagaba en mano ya no puede hacerlo y le pide factura. La cifra no es grande: entre
500 y 800 euros al mes. Y ahí aparece el problema. Darse de alta como autónomo, sumar el IRPF a la nómina y ver cómo, según su propio cálculo, casi
el 70% de lo facturado se queda por el camino convierte el extra en un mal negocio. Su pregunta es directa: ¿existe una fórmula legal y rentable para unas pocas horas al mes?
¿Cuándo es esporádico un trabajo y cuándo es habitual?
Según coinciden varios participantes, el criterio no es la cantidad, sino la repetición. Facturar sumas pequeñas de forma recurrente a lo largo del tiempo deja de ser una actividad esporádica y pasa a ser habitual, y entonces toca darse de alta en el RETA. Un cobro puntual sin alta solo cabría como excepción, con un techo que un participante sitúa en torno a los
1.500 euros y una sola vez, aunque él mismo duda de la cifra actual. Con 500 a 800 euros al mes, ese margen no existe: la cosa se repite y la actividad se considera habitual.
Cooperativas de facturación: la vía que existe y su letra pequeña
Para trabajos realmente esporádicos se apunta a las cooperativas de facturación. En el papel resuelven el trámite, pero, según relata quien mantiene un empleo fijo, obligan a darse de alta como trabajador y a comunicarlo a la empresa principal, algo que él interpreta como un riesgo: cualquier bajón de rendimiento o bloqueo se achacaría al segundo trabajo. No son ilegales en sí, aunque algunas han cerrado por malas prácticas, y su encaje legal genera dudas entre quienes las miran de reojo.
Las cuentas: cuota de 80 a 90 euros y retención del 15%
Los números son los que son. Una cuota reducida de alrededor de
80 o 90 euros al mes aguanta los dos primeros años, pero después se dispara con independencia de lo facturado. A eso se suma el IRPF sobre la ganancia, que se acumula al sueldo por cuenta ajena. Un participante recomienda aplicar una retención del
15% en lugar del 7% reservado a los autónomos noveles, para evitar un susto en la declaración. Quien empieza sumando apenas unos cientos de euros descubre que el margen se evapora.
Un participante menciona, como contraste, el caso de un reformista que en un programa de televisión aseguró que podía ahorrar más de
3.000 euros al mes y que pedía ser regularizado, decía, «para poder pagar impuestos».
Durante años, la salida cómoda fue cobrar en efectivo y vivir por debajo del radar. Cuando la empresa no puede pagar en negro, esa puerta se cierra y el trabajador queda en primera línea. Sin ingresos en metálico que justifiquen el circuito, facturar obliga a cotizar y a declarar. El análisis se atasca justo ahí: no aparece una opción legal que deje algo limpio sin una cuota mínima y un IRPF que se comen la factura.