¿A tu coche eléctrico no le roban el catalizador? Bueno, prepárate para lo otro
La ausencia de catalizador se vende como ventaja de seguridad frente a los robos que sufren los coches de combustión. Pero el análisis de los componentes del eléctrico revela un catálogo de piezas igual o más golosas. El cobre de los cables de recarga, las baterías y la electrónica de a bordo convierten al vehículo ecológico en un objetivo distinto, pero no más seguro.
Cobre: el nuevo oro de los cacos
Mientras el catalizador de un diésel se cotiza por sus metales preciosos (platino, paladio, rodio), el eléctrico lleva hasta 100 kg de cobre en su motor y cableado. Un cable de recarga doméstico puede contener más de un kilo de cobre, con un valor de reventa que ronda los 100 euros por unidad. Los delincuentes ya han ajustado su blanco: cuando roban el cable completo de la carga particular, el golpe asciende a esa cantidad. Y si acceden a la batería –aunque pesa más de 2.000 kg y requiere logística–, el beneficio es aún mayor, aunque los chatarreros pagan poco por las celdas.
Irónicamente, un coche de combustión clásico también se libra
Los vehículos anteriores a 1992 carecían de catalizador, así que sus dueños ya esquivaban ese robo. Pero, como apunta algún analista irónico, «lo pillas, ecolosojas?». El comentario no va dirigido a nadie en concreto, pero refleja el escepticismo de quienes ven en el coche eléctrico un lujo caro (45.000 euros de media) con autonomía justa para ir al pueblo de al lado, como una «lavadora de 2.000 kg». La protección frente al robo de catalizador es real, pero el problema se ha desplazado a otros componentes y, de paso, al bolsillo del propietario.
La próxima vez que alardees de que tu eléctrico no tiene catalizador, recuerda que las pinzas de corte para el cable de carga ya están en el mercado negro. El planeta se salva, pero el seguro sube.