Del 'perro del infierno' al domo de calor: qué esperar del pico térmico de agosto
La semana que viene, España se prepara para recibir un fenómeno meteorológico bautizado con nombres que parecen sacados de una película de serie B: 'duomo de calor variante perro del infierno'. La expresión, acuñada por algún medio que ha decidido que la solemnidad no vende, ha provocado una mezcla de alarma y escepticismo. El núcleo del asunto, sin embargo, es menos poético: una masa de aire africano estacionaria —un domo de calor— que disparará los termómetros a partir del día 5, con picos que podrían superar los 45 °C en amplias zonas del interior y del sur.
Un nombre que lo dice todo (y nada)
La decisión de etiquetar el episodio como 'perro del infierno' no es inocente. Recuerda a la polémica de bautizar borrascas, pero aquí la escala es otra. Mientras unos celebran el gancho mediático, otros señalan que la exageración juega en contra de la credibilidad. Hay quien sostiene que la terminología catastrofista provoca el efecto contrario: la gente se acostumbra al ruido y minusvalora los avisos reales. En el lado contrario, los defensores del nombre argumentan que, con temperaturas que ya han derretido vías de tren en años anteriores, el dramatismo está justificado.
La curiosidad romana que se cuela en el debate
Entre las respuestas al anuncio meteorológico ha resurgido una vieja creencia: los romanos pensaban que Sirio, la estrella más brillante, 'recargaba el Sol' durante los días caniculares. La canícula —etimológicamente, 'perro pequeño'— debe su nombre precisamente a esa constelación. Una coincidencia que convierte al 'perro del infierno' en un epíteto con solera: el calor más intenso del año llega cuando Sirio se alinea con el Sol. El dato no es más que una curiosidad, pero ilustra hasta qué punto el fenómeno del calor extremo ha fascinado a todas las civilizaciones.
Las cifras que importan y las que no
El debate se ha enredado en conspiraciones (chemstrals, HAARP, partículas illuminati) que distraen del dato clave: se espera una masa de aire cálido excepcionalmente estable y persistente. Los servicios meteorológicos, que han mejorado sus modelos, apuntan a una duración de al menos cuatro días, con noches tropicales en muchas capitales de provincia. Lo que no queda claro es si la intensidad será histórica o simplemente otro episodio dentro de una tendencia al alza. Los escépticos señalan que cada verano se repite el mismo guion: alertas máximas que luego se quedan en olas intensas pero no récord. Los más prudentes recuerdan que el año pasado ya se batieron marcas en varias estaciones.
Con los termómetros a punto de dispararse, la pregunta que flota es si el alarmismo desgasta la credibilidad o si, por el contrario, es el único lenguaje que la sociedad entiende. Como los romanos con Sirio, quizá lo único cierto es que el calor volverá. Y que nos gusta ponerle nombre.