De Ucrania a Alemania: la mili vuelve y obliga solo a los hombres
Casi una docena de países europeos han restaurado, anunciado o puesto sobre la mesa el servicio militar obligatorio en la última década. En la práctica totalidad de los casos, la obligación recae sobre los varones y solo sobre ellos. La paradoja no es menor: cuanto más se habla de igualdad en el discurso público, más se sostiene el único trámite donde la ley sigue distinguiendo por sexo.
La secuencia arranca con
Ucrania en 2014, continúa con
Lituania en 2015, sigue con
Suecia en 2017 —el rearme ruso como coartada explícita— y llega a
Francia en 2019. Ya en
2022, Letonia anuncia la introducción gradual del servicio militar obligatorio y Alemania abre el debate. En ninguno de esos anuncios se planteó que la carga fuese a repartirse por igual entre hombres y mujeres.
¿Qué ha dicho Alemania sobre volver a llamar a filas?
El Ministerio alemán de Defensa sostiene que el servicio militar obligatorio
no ayudaría en absoluto a Alemania en los próximos dos o tres años. Un portavoz fue más concreto: el Ministerio no está considerando reintroducirlo, y la Bundeswehr es hoy muy distinta a la de hace diez años. En caso de tensión o estado de defensa se contempla un aumento de efectivos, pero nada parecido a una convocatoria general.
El detalle importa porque Alemania es el termómetro del asunto: el país con el mayor peso económico del continente dice una cosa en público y deja la puerta entornada en los documentos. El ministro de Defensa admite, eso sí, que el tema debe discutirse abiertamente
independientemente de la situación actual de amenaza. Traducción: globos sonda.
Por qué la obligación militar sigue recayendo en los varones
Hay constituciones que solo establecen la obligatoriedad de defender la nación para los hombres, con Rumanía como ejemplo citado. El caso rumano tiene su miga: las mujeres hicieron la mili obligatoria entre
1973 y 1989 y hoy es uno de los países donde el reclutamiento sigue siendo masculino, con intentos desde 2015 de reinstaurarlo solo para varones.
La profesionalización funcionó como puerta de salida discreta. España pasó a un Ejército profesional en
2002, pero la ley del servicio militar siguió vigente hasta
2007. Cinco años de limbo legal donde la obligación seguía escrita en el BOE aunque nadie fuera a cumplirla. La tesis que circula es que para las mujeres el servicio militar es un derecho y para los hombres una obligación; mientras eso no se iguale, el debate vuelve cada vez que hay una crisis.
La excepción conocida es Corea del Norte, donde el reclutamiento es obligatorio para hombres y mujeres, y el caso de Malí, que instauró un servicio
genderless en 2015. Israel, el ejemplo que todo el mundo usa, no cumple el mito: la incorporación femenina combate mucho menos de lo que se supone.
España: 70.000 efectivos y los mayores de edad movilizables
El Ejército español ronda los
70.000 efectivos, la mayoría cerca de los 45 años, con sueldos que no atraen relevo generacional. En los años setenta, en plena Guerra Fría, las Fuerzas Armadas llegaron a reunir
289.000 hombres. La comparación escuece.
Sobre la mesa está además la norma por la que todos los mayores de edad pueden ser movilizados en caso de crisis. No es una convocatoria encubierta, pero funciona como recordatorio de que el marco legal nunca se desmanteló del todo. Y el cálculo que se maneja sobre sueldos militares en Ucrania —triple del salario medio— apunta a que la solución del problema no es el patriotismo, es la nómina.
Letonia, Estonia y el plan que se cayó en el Parlamento
Letonia quería ir metiendo el servicio obligatorio con calma entre 2023 y 2028:
300 voluntarios el primer año, luego algunos obligados y más cada ejercicio hasta llamar a todos los aptos. Tres años de cárcel para quien no acudiera a la llamada. El Parlamento rechazó el proyecto en octubre.
Estonia vivió algo parecido. En julio el presidente anunciaba que debía ser obligatorio para hombres y mujeres; el Parlamento lo tumbó meses después. Finlandia sí extendió el servicio militar a las mujeres, y las repúblicas bálticas suelen imitar el modelo finlandés.
Con esta cronología, lo raro no es que la mili vuelva. Lo raro es que vuelva con el mismo reparto de siempre y que casi nadie lo discuta. ¿Cuánto tardará alguien en llevar la pregunta al Tribunal Constitucional?