Vito Quiles comparece ante la Jefa de Estudios: el coste del espectáculo político
El agitador mediático Vito Quiles ha cumplido por fin con la cita que tenía con la Jefa de Estudios para hablar de su conducta, después de un sonado berrinche que lo mantuvo en el centro de la polémica. Acompañado de sus padres, el personaje acudió al encuentro en un giro que algunos interpretan como un «Begoño» —una maniobra para desviar la atención de otros frentes abiertos, como el caso Leire o la defensa de Rufián por parte de Quiles en el pasado.
Un espectáculo con audiencia
Lo que empezó como una rabieta pública ha acabado con un acto de contrición forzado. La imagen del cabestrillo que algunos usuarios no dudaron en ironizar añadió un toque esperpéntico a una escena que ya de por sí parecía diseñada para las redes. «No usaria yo la imagen de un cabestrillo», señalaba con sorna un análisis, apuntando a la teatralidad del gesto.
¿Operación de desgaste o simple pataleta?
El episodio ha reabierto el debate sobre el coste de este tipo de espectáculos en la esfera pública. Mientras unos ven a un joven malcriado al que sus padres han tenido que llevar al «rectorado», otros apuntan a una estrategia más calculada: «Este chaval tiene que estar a sueldo de Ferraz para desacreditar a la derecha», se argumentaba en los análisis. La teoría no es nueva, pero en esta ocasión adquiere matices al coincidir con otros casos judiciales de alto voltaje político.
Lo que viene
Si la jueza no le impone una sanción ejemplar, Quiles habrá salido indemne de un episodio que debería haberle costado caro. Pero en la economía de la atención, a veces una pataleta bien rentabilizada puede ser el mejor activo. Lo veremos.